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MORELIA, Mich., 18 de febrero de 2026.- Durante años, muchas niñas crecieron sintiéndose diferentes sin saber por qué. Eran sensibles, calladas, intensas o demasiado algo. Aprendieron a observar antes de hablar, a copiar antes de reaccionar y a ensayar cómo encajar. Nadie sospechaba que detrás de ese esfuerzo silencioso podía haber autismo.
Cada 18 de febrero, en el Día Internacional del Síndrome de Asperger fecha que recuerda el nacimiento del pediatra austriaco Hans Asperger la conversación suele centrarse en el espectro autista. Pero cada vez más especialistas advierten algo clave: los criterios clásicos fueron construidos mirando principalmente a niños.
Durante décadas, el Asperger típico se describía como un niño con intereses muy específicos, dificultades sociales muy visibles y conductas repetitivas claras. Ese modelo se convirtió en la referencia para detectar el diagnóstico. El problema es que, según investigaciones publicadas en revistas como Autism Research, la mayoría de esos estudios se hicieron con varones.
¿Y qué pasó con las niñas?
Que muchas simplemente no encajaban en esa descripción.
Estudios difundidos en el Journal of Autism and Developmental Disorders muestran que muchas desarrollan una gran capacidad para observar e imitar. Copian gestos, practican conversaciones, aprenden cuándo reírse y cómo responder. Desde fuera parecen adaptadas. Por dentro, el esfuerzo puede ser constante.
A esto se le conoce como camuflaje social. Investigaciones publicadas en Molecular Autism explican que esta habilidad para disimular puede retrasar el diagnóstico durante años. No es que no haya señales, sino que están escondidas detrás de una máscara social muy bien aprendida.
También hay diferencias en los intereses intensos. Mientras en niños suelen notarse cuando son muy técnicos o inusuales, en niñas pueden girar en torno a libros, artistas, animales o temas sociales. La intensidad está ahí, pero como el contenido es socialmente aceptado, pocas veces se interpreta como parte del espectro, según análisis en publicaciones especializadas en salud mental infantil.
Además, revisiones científicas han señalado que muchas mujeres reciben primero diagnósticos de ansiedad, depresión o TDAH. Durante años se habló de cuatro hombres diagnosticados por cada mujer, pero investigaciones más recientes sugieren que esa diferencia podría deberse, en parte, a casos que no fueron detectados en niñas.
El resultado puede ser un desgaste silencioso: crisis en la adolescencia, sensación constante de no pertenecer y años intentando entender por qué todo parecía costar más.
En este Día del Asperger, la reflexión va más allá de una fecha. La ciencia está mostrando que el llamado Asperger típico no representa todas las formas del espectro. Y reconocerlo significa aceptar que muchas mujeres no fueron vistas a tiempo, no porque no estuvieran ahí, sino porque el sistema estaba mirando en otra dirección.




