Carlos Gutiérrez y Arturo Ávila, a punto de los golpes en el Senado
MORELIA, Mich., 15 de enero de 2026.- Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que la reforma electoral en preparación “seguramente va a gustar”, la realidad es que no existe claridad sobre su contenido y el optimismo presidencial no garantiza que los cambios fortalezcan la democracia mexicana.
En entrevista con Quadratín, el analista político Federico Berrueto señaló que la afirmación de la mandataria, quien reconoció que la reforma aún no está terminada, podría estar basada en ejercicios de opinión pública más que en un análisis técnico profundo del sistema electoral.
Berrueto advirtió que diseñar una reforma electoral con base en encuestas o percepciones mayoritarias representa un riesgo, ya que las decisiones populares no siempre derivan en soluciones institucionales sólidas. Como ejemplo, mencionó que propuestas como reducir el financiamiento público a los partidos políticos suelen contar con amplio respaldo ciudadano, pero podrían abrir la puerta al financiamiento privado irregular, incluyendo recursos de origen ilícito.
Otro de los puntos que generan mayor inquietud, de acuerdo con el analista, es la posible reducción de diputados y senadores de representación proporcional, lo que incrementaría la sobrerrepresentación de una sola fuerza política en el Congreso. Explicó que estos mecanismos existen para equilibrar el porcentaje de votos con el número de curules y evitar mayorías artificiales.

En el mismo sentido, Berrueto expresó su preocupación ante un eventual debilitamiento del Instituto Nacional Electoral (INE). Subrayó que el profesionalismo del órgano electoral depende de contar con recursos suficientes y de una carrera de servicio civil que garantice estabilidad y experiencia, por lo que un recorte presupuestal afectaría directamente la calidad de los procesos electorales.
El analista también cuestionó la posibilidad de modificar la fecha de la consulta de revocación de mandato, al considerar que su coincidencia con elecciones intermedias generaría condiciones de inequidad en la contienda, al permitir que la figura presidencial influya de manera directa en procesos electorales locales y legislativos.
Finalmente, Berrueto advirtió que una reforma electoral mal diseñada podría significar un retroceso democrático para el país, al poner en riesgo la autonomía de las instituciones y la equidad en la representación política, logros que, dijo, habían permitido a México transitar hacia una relativa normalidad democrática en las últimas décadas.




