Ve IEM vacío legal para comunidades que buscan autogobierno
MORELIA, Mich., 20 de enero de 2026.- La frase el “león no caza ratones”, vertida por el exgobernador de Michoacán, Leonel Godoy Rangel, para descalificar al dirigente estatal del PRI, Guillermo Valencia, no sólo revela desprecio político, sino que expone una concepción del poder que evade el debate y se asume por encima del escrutinio público.
No es un recurso nuevo. En 2012, el entonces dictador venezolano Hugo Chávez lanzó desde la Asamblea Nacional un “águila no caza mosca” contra la diputada opositora María Corina Machado, en un acto que quedó marcado como símbolo del autoritarismo que no responde, que no explica y que desacredita al interlocutor en lugar de confrontar argumentos. El paralelismo con Michoacán es inevitable.
En el caso de Godoy, la metáfora del león contrasta con una trayectoria rodeada de señalamientos graves y persistentes. En vida, el alcalde asesinado Carlos Manzo lo acusó públicamente no sólo de ser delincuente y criminal, sino de estar ligado a la narcopolítica, de ser corrupto y de haber sido el peor gobernador que ha tenido Michoacán. Declaraciones que, por su contundencia, marcaron una época de profunda confrontación y descomposición institucional en el estado.
Si bien esas acusaciones no han derivado en resoluciones judiciales, tampoco fueron aclaradas de manera contundente ante la sociedad. Por el contrario, quedaron flotando como parte del clima de impunidad, colusión y opacidad que durante años ha acompañado a la política michoacana y a varios de sus protagonistas.
Así, cuando Leonel Godoy recurre a una frase altanera para minimizar a un adversario político, el gesto no proyecta liderazgo ni autoridad moral. Proyecta arrogancia defensiva. Como Chávez en su momento, la descalificación sustituye al argumento y la soberbia intenta tapar las preguntas incómodas.
En una democracia herida, el poder que se asume como depredador termina exhibiendo sus propias debilidades. Y ni los leones ni las águilas, por muy altos que se crean, escapan al juicio de la memoria pública.
Guillermo Valencia, por lo demás, no ha limitado sus señalamientos a la ofensiva discursiva, sino que ya concurrió ante la Fiscalía General de Michoacán para abrir una carpeta de investigación en contra del tristemente célebre ex jefe de la policía de la Ciudad de México.




