Firma Sheinbaum decreto de nacionalidad única a partir de 2028
MORELIA, Mich., 14 de septiembre de 2026.- Carlos Torres Piña será el hombre de Morena para disputar la Gubernatura de Michoacán en 2027.
La decisión anunciada este lunes por la dirigencia nacional representa mucho más que una candidatura para el político originario de Paracho: consuma una de las resurrecciones más singulares de la política michoacana reciente.
En menos de tres años, Torres Piña pasó de dos derrotas que parecían colocarlo al borde del retiro de las grandes ligas, a convertirse en la carta con la que Morena buscará conservar el gobierno que desde 2021 encabeza Alfredo Ramírez Bedolla.

En diciembre de 2023 buscó la candidatura de Morena al Senado y llegó a la definición asegurando que las encuestas internas lo favorecían. Sin embargo, Morena terminó postulando a Celeste Ascencio y Raúl Morón Orozco.
El golpe tuvo una carga política adicional: Morón, uno de sus principales adversarios dentro de la izquierda michoacana, terminó quedándose con el espacio que Torres Piña había buscado durante meses.
Lejos de romper, se declaró disciplinado e institucional.
Vendría una segunda derrota.
En 2024, Morena lo envió a disputar la Presidencia Municipal de Morelia contra Alfonso Martínez Alcázar. Tampoco pudo.
El panista consiguió la reelección con 159 mil 662 votos y 43.5 por ciento de la votación.
Dos derrotas consecutivas podían significar el principio del fin. No fue así.
Torres Piña regresó al gabinete de Alfredo Ramírez Bedolla como secretario de Gobierno y recuperó presencia, operación territorial e interlocución política.
Después vino el movimiento menos previsible de su carrera.
El 27 de julio de 2025, el Congreso del Estado lo designó fiscal general de Michoacán. Llegó a una institución tradicionalmente alejada de la competencia electoral y con uno de los encargos más complejos: investigar delitos y procurar justicia en una entidad golpeada durante años por la violencia.
La Fiscalía terminó convirtiéndose, paradójicamente, en el espacio de su reinvención.

Fue también ahí donde Torres Piña construyó una relación que hoy resulta imposible separar de su ascenso político: la que estableció con el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.
Apenas una semana después de asumir la Fiscalía, Torres Piña se reunió con Harfuch para establecer un esquema de coordinación permanente. Después vendrían operativos conjuntos, intercambio de inteligencia y golpes contra objetivos de alto nivel de la delincuencia organizada.
La relación dejó de ser solamente protocolaria.
Torres Piña comenzó a participar sistemáticamente en los trabajos del Gabinete de Seguridad y la Fiscalía michoacana encontró interlocución directa con el equipo de Harfuch, Defensa, Marina y Guardia Nacional.
Pero el punto de inflexión llegó después del asesinato del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo.
El magnicidio colocó a Michoacán bajo los reflectores nacionales y sometió a la Fiscalía a una prueba de enorme dimensión política, criminal y mediática.
La investigación se desarrolló en estrecha coordinación con el Gobierno federal. El propio Harfuch reconoció públicamente el apoyo de Torres Piña y de la Fiscalía michoacana en las indagatorias que permitieron identificar participantes y avanzar hacia los presuntos responsables intelectuales.
Torres Piña sostiene que dejó la investigación con avances cercanos al 90 por ciento y con decenas de personas detenidas.
En el camino ocurrió algo más difícil de medir, pero políticamente relevante: el fiscal michoacano ganó confianza en el círculo federal encargado de la seguridad.
Y particularmente la de Harfuch.

De ahí surgió una versión que desde hace meses circula con insistencia en los corrillos políticos de Michoacán: que el poderoso secretario federal terminó convertido en una suerte de padrino político de Torres Piña rumbo a 2027.
El propio aspirante lo ha rechazado públicamente: “No tengo padrinos, tengo un proyecto”, respondió cuando fue cuestionado al respecto.
Pero en política las percepciones también cuentan.
Y la cercanía operativa con uno de los funcionarios de mayor confianza de la presidenta Claudia Sheinbaum se convirtió en un activo que Torres Piña simplemente no tenía cuando perdió las candidaturas de 2023 y 2024.

Carlos Torres Piña nació el 1 de marzo de 1979 en Paracho, dentro de una familia de maestros rurales. Es licenciado en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad Michoacana.
Su formación política ocurrió en el PRD, donde recorrió prácticamente toda la escalera partidista: fue consejero, secretario general y dirigente estatal. También fue diputado federal en dos ocasiones.
Rompió con el perredismo y se incorporó formalmente a Morena en 2019.
Con la llegada de Alfredo Ramírez Bedolla al gobierno estatal, se convirtió en uno de sus principales operadores desde la Secretaría de Gobierno, posición desde la cual construyó estructura territorial e interlocución con alcaldes, organizaciones, partidos y comunidades.
No es un político caracterizado por grandes discursos ni particularmente estridente. Su fortaleza ha estado en la operación y el territorio.
Y esa maquinaria sobrevivió a sus derrotas.
La definición de Morena tiene ahora un ingrediente inevitable de revancha.
Raúl Morón, quien obtuvo la candidatura al Senado cuando Torres Piña quedó fuera en 2023, volvió a encontrarse con él en el camino, ahora por la candidatura más importante del estado.

Pero esta vez la historia terminó al revés.
Torres Piña llegó a la definición fortalecido por distintas encuestas que durante meses lo colocaron en primera posición, mientras Morón perdió terreno.
Así, el hombre que hace menos de tres años tuvo que aceptar disciplinadamente una decisión que lo dejó sin candidatura al Senado es ahora el elegido para encabezar al movimiento rumbo a Casa Michoacán.
A sus 47 años llega después de haber sido dirigente partidista, dos veces diputado federal, secretario de Gobierno, candidato a presidente municipal de Morelia y fiscal general.
Pero quizá su principal credencial para esta nueva batalla no aparece en ningún currículum.
Perdió dos veces, sobrevivió las dos.
Y a la tercera regresó por la candidatura mayor…




