Indicador político
¿Se han puesto a pensar lo que representa el Zócalo de la Ciudad de México? Un lugar icónico en el que pocas personas han logrado hacer historia y muchas han fallado en su afán de ser estridentes.
Pues el domingo 5 de octubre, este escenario fue sede del cierre de una gira histórica en la que la primera mujer presidenta de México descentralizó su informe al pueblo y recorrió los 32 estados del país para rendir cuentas del trabajo que ha realizado durante su primer año de gobierno. La Plaza de la Constitución y sus calles aledañas se llenaron de almas para atestiguar este hecho sin precedentes.
A sabiendas de lo anterior, caminé por un Zócalo repleto de todos los sectores sociales. La antigua Tenochtitlán renació con la presencia de más de 400 mil personas de toda la República. Al voltear a mi alrededor y observar la multitud –que antes me causaba temor a mí, una mujer humanista michoacana– recordé que hace un año me consumía por dentro la nostalgia. Por una parte, me resultaba increíble la posibilidad de formar parte de todo este contexto histórico, por lo que siempre estaré muy agradecida con esta Cuarta Transformación; por otra parte, se despedía el mejor presidente de la historia moderna y, al mismo tiempo, tomaría protesta ella, la primera mujer presidenta y comandanta suprema. Todo un cúmulo de emociones.
Aunado a este contexto, en el que era impensable ver a una jefa de Gobierno y a una presidenta de la República juntas, también se han sumado las dos mujeres presidentas de las mesas directivas de la Cámara de Diputados y Senadores, respectivamente; dos de los Poderes de la Unión representados en la figura de la mujer, el Ejecutivo y el Legislativo; y el Judicial hará lo propio en dos años, entonces estaremos viendo una paridad real en los tres poderes de nuestro México.
Evidentemente, Michoacán no puede quedarse atrás, y tengo claro que las mujeres nos estamos movilizando y uniendo para lograr tener también, al igual que la presidentA, la primera mujer gobernadorA con A. El asunto no es sólo imaginarlo o decirlo, sino crear las rutas para lograrlo, y estamos en eso.
Nuestra presidenta, la más reconocida a nivel internacional, nos muestra en sus líneas discursivas trabajo y resultados. Al final de su mensaje hizo énfasis, al igual que su antecesor, en que el compromiso con el pueblo de México es: “no tengo derecho a fallar”. Un mensaje del que todos los servidores públicos debemos apropiarnos: si ni Andrés Manuel López Obrador ni Claudia Sheinbaum Pardo le han fallado a su pueblo, ¿por qué lo haríamos el resto?
Como funcionarios no tenemos derecho a fallarle al pueblo que nos ha dado su confianza. Por eso es importante seguir luchando por eliminar la corrupción y vivir en la justa medianía.




