Descomplicado
El término villancico deviene de Villa, de villano. Es decir, se trata de una derivación lingüística que tiene qué ver con pueblo, pueblerino y, por asociación, con una consecuencia de ambos.
En un principio, los villancicos eran diferentes, contaban las historias baladíes de Castilla y sus entornos, anécdotas de las villas y los villanos. De allí su nombre, de allí su esencia.
Después, con el paso de los tiempos, España toda les dio otra dimensión, un nuevo significado, otra relación con el mundo y la humanidad, porque fueron dedicados sólo para la Navidad.
El villancico es una composición lírica de diferentes métricas y rimas. Con él se pide, se niega y se da posada, se alaba al Divino Niño y a sus amantísimos padres María y José.
Es, de suyo, el villancico el antecedente del romance español y del corrido mexicano, porque narraba hechos y deshechos, vidas y muertes, amores y desamores, lealtades y traiciones.
Su penetración fue tanta, es decir su aceptación entre los pueblerinos, entre los villanos, que en el siglo XVII las autoridades eclesiásticas lo acogieron como vehículo para la propagación de la fe.
Fue entonces que durante la época decembrina empezaron a aparecer composiciones que se incrustaron en el espíritu navideño de los parroquianos, en su ánimo, sus celebraciones y sus fiestas.
Los mismos villanos, es decir los que vivían en villas, asumieron que sus cantos, o sea sus villancicos, eran el medio ideal para honrar la historia de los Santos Peregrinos y del Niño Dios.

La iglesia se encargó de propagarlos por el mundo entero, de llevarlos a través de los templos, las posadas, la Noche Buena. Por eso hoy son referencias sustanciales de las épocas navideñas. Noche de Paz, Los peces en el Río, Campana sobre campana, Marimorena, Caminito de flores, Los pastores a Belén, El niño del tambor, Arre borriquito y muchos más son de dominio público.
De suyo, se trata de los temas musicales más tocados y cantados en la historia de la humanidad. Y son obras que lo mismo se escuchan en las parroquias más humildes, basílicas y catedrales, que en las salas de concierto.
Se cantan en las casas, las calles, las plazas, las noches y los días, en todas partes y en todos los rumbos porque tienen un aliento que provoca una sensación de alivio y alegría.

Mas no tan sólo los cantan gente y artistas de todos los niveles que profesan alguna religión cristiana, por su belleza también son entonados por personas y cantantes ateos.
En Morelia y en Michoacán hay villancicos creados por compositores locales como Miguel Bernal Jiménez, Luis Martínez Peñaloza, Jesús Carreño, Bernardo Bautista y muchos creadores de música sacra más.
De suyo, cada año, por estos tiempos, se realiza el Festival de Música Sacra en diversas sedes, en las que se presentan coros y solistas que tocan y cantan obras muy conocidas y otras poco difundidas.
Aquí, para concluir, les ofrecemos un fragmento de un villancico moreliano. Así sea.
VENGA SANTOS PEREGRINOS
Vengan Santos Peregrinos a Morelia,
que tenemos un pesebre para el Niño;
venga Santos Peregrinos a mi tierra,
hagan una breve pausa en su camino.
Vengan Santos Peregrinos a mi casa,
entren, por favor, y sin recelo,
vengan, entren, tomen del café una taza,
denme, por amor, tan gran consuelo.
Den con su presencia luz a esta morada,
donde esperamos al Dios del mundo entero;
está por despuntar la Noche más deseada,
ya podemos ver muy cerca su lucero.
Vengan Santos Peregrinos a Morelia,
que tenemos un pesebre para el Niño;
venga Santos Peregrinos a mi tierra,
hagan una breve pausa en su camino.




