Tras bambalinas
Unisexo, binarismo o diversidad sexual.
Gerardo A. Herrera Pérez.
Tuve la oportunidad de leer diversos libros de Guillermo Núñez Noriega, entre ellos uno relacionado con activismo social y diversidad, del cual aprendí que no existía el binarismo de sexo biológico por la existencia de los hermafroditas o los llamados intersexuales; ni de género al existir las personas trans; tampoco del ejercicio de la sexualidad, al ser un espacio heterosexual, homosexual y bisexual; el binarismo ha sido planteado para utilizarse como mecanismos de jerarquización y desde luego como instrumento para el ejercicio de poder, y de sometimiento del mandato de masculinidad y del tributo de la feminidad a la que se refiere Rita Segato en su vasta obra literaria.
También Michel Foucault en su trilogía de la sexualidad explica estas cuestiones de lo esencialista y lo constructivista y como se ha instrumentado desde el poder el manejo de los cuerpos a través de la sexualidad. Por otro lado, B Fone, en el texto de la “Historia de la homosexualidad”, explica de manera muy concreta los procesos de sometimiento y control del cuerpo a través de la sexualidad.
Pero ahora, recién leo el libro de L Laqueur, Thomas. La construcción del sexo. Cuerpo y género desde los griegos hasta Freud. Laqueur, nos presenta un análisis novedoso que genera irrupción social, intelectual, teórica y epistémica sobre como determinar el sexo, ese sexo que ha sido analizado desde lo biológico, pero que ahora se nos presenta una nueva visión histórica para reconstruir al ser occidental a partir de hacer una división antes de la ilustración de la modernidad y después; esta visión permite hacer un ejercicio más desde la complejidad, es decir, abordar el tema desde lo trasndisciplinario, y no solo desde las disciplinas médicas y biológicas, (pero desde estas darle ese sentido); porque ahora en el análisis que se hace se le puede acercar a cuestiones antropologícas, de la literatura, es decir, ir construyendo mecanismos para conocer desde la genealogía y la arqueología (Michel Foucault) del saber sobre el sexo; ello nos lleva, a saber de las realidades sociales, lo simbólico, los discursos.
Desde que Michel Foucault rompió con la concepción de que la sexualidad no era más que la expresión directa y específica de nuestra biología, desde esta perspectiva, hoy el cuerpo, la sexualidad y el placer constituyen una temática privilegiada en estos tiempos posmodernos, donde se puede cambiar de genitales mediante una operación quirúrgica y tratamientos hormonales y psicológicos, o bien transgredir el género (con adecuaciones cosméticas, quirúrgicas, hormonales), y donde los performas pueden ser alterados por otras realidades que se está viviendo, incluso hoy se habla ya de la niñez trans que se discuten en los Congresos Locales para aceptarlas.
Laqueur, deconstruye el discurso de que el hombre es hombre y la mujer es mujer y como los historiadores han fundamentado esta visión para encontrar las distintas posiciones a lo largo de la historia; es decir, la existencia de un sexo, de dos sexos, o de lo que hoy desde la realidad que vivimos encontramos: la diversidad sexual, identidades diversas, que están, son, existen y conviven, haciendo intersubjetividad.
Laqueur, nos obsequia un análisis sobre el sexo antes de la Europa ilustrada y después de ella; en dichos momentos nos habla del cómo se ha construido el sexo a partir del análisis de la ciencia médica y los estudios de la medicina en general, llegando a una primera conclusión que revela nuevos hallazgos, al expresar que tanto el sexo, como el ser humano es contextual. En esta misma visión existe una construcción del cuerpo humano con dos modelos del mismo: un modelo que expresa el unisexo, que viene desde los Pueblos Antiguos (Grecia), según el cual las mujeres, en esencia, son hombres, diferenciándose de los hombres por la cantidad de calor vital que poseen en sus estructuras corporales; y desde luego el modelo binarista, de dos sexos, que genera e irrumpe el plano de lo social, al identificar la diferencia sexual y la concepción del sexo opuesto que es dominante; pero que simbólicamente se expresa en sexos contrarios y complementarios para la reproducción social, la cuestión de la racionalidad del hombre y las cuestiones emotivas de las mujeres, sus procesos reproductivos.
En la investigación Laqueur precisa que género y sexo han estructurado la percepción y organización de la vida en sociedad y vinculado con los estudios de Joan Scott, quien expresa que el género es una forma primaria de relaciones de poder, con esta consideración teórica, analiza los límites entre lo masculino y femenino del cuerpo unisexual.
Laqueur, en el cuerpo unisexual, explica la existencia de una “carne única” y se refleja para los hombres de los primeros siglos a través de los fluidos: sangre, grasa, semen, leche y los procesos: digestión, menstruación, embarazo, hemorragias de un cuerpo anatómicamente igual pero metafísicamente diferente.
La mujer es mujer como tal, tan solo por el calor interno, el calor vital, calor que si bien en el hombre adquiere una forma perfecta, en la mujer es el causante de la retención, en el interior, de las estructuras genitales visibles en el hombre; órganos sexuales internos, y órganos sexuales externos en el hombre, y simbólicamente una semilla (semen) que germina en el útero (tierra fértil) y que cuando nace algo diferente considerado monstruosidad es producto de esa tierra que no fue fértil, es decir en contra de la mujer.
En este periodo del análisis, es decir, antes de la Ilustración, aceptar el modelo único de sexo, es resultado de las posiciones contextuales culturales, el mismo Scott lo enmarca como conceptos de sexo y poder. Por ello, los hombres deseaban conservar la concepción de sexo único, porque el hombre era la medida de todas las cosas incluida la mujer, pero además la mujer no existía sino para comparársele con el hombre. Recordemos que las representaciones de la anatomía del cuerpo humano por lo menos hasta el siglo XVII, son de cuerpos de hombres.
En los primeros capítulos del texto de Laqueur, encontramos diversos contenidos legales y literarios sobre casos relacionados con el unisexo; de esta manera el sexo antes de la Ilustracion dependio de los discursos políticos que permitieron mantener procesos de jerarquización sexual, el hombre como eje de todo, incluida la mujer, es decir del orden social. Entonces el unisexo, también es cultural, es social y no necesariamente biológico.
Después de la Ilustración, ya en la sociedad moderna, hay un proceso de transito del unisexo, a la dualidad, al binarismo, el establecimiento de dos sexos.
Laqueur en su texto nos explica el proceso mediante el cual se construyen los dos sexos modernos, tal como lo consideramos hoy; los sexos fueron inventados: desde una epistemología y una posición de carácter político, ambas vinculadas. El autor, se sitúa en el contexto político de finales del siglo XVIII y principios del XIX, y explora la epistemología científica del momento: el empirismo, la cual provocó el nacimiento del modelo de los dos sexos, es decir, desde la cultura, en las necesidades políticas de jerarquización. Una primera conclusión es que la identidad femenina esta enunciada en los discursos masculinos, de esta manera, nos puede aclarar que las hoy las diferencias sexuales, culturales o biológicas, son construidas por discursos que legitiman las posiciones que tienen esas diferencias, ya a partir de la jerarquización, ya a partir del poder que se ejecuta en el control, sometimiento y disciplinamiento del cuerpo de la mujer.
Finalmente, hoy las identidades de la diversidad sexual, nos muestran que tan diverso es lo sexual, como lo cultural y lo social; el binarismo sexual, de género y del ejercicio de la sexualidad evidencia su modelo jerárquico y de poder, en donde la homogenización no permite visibilizar la existencia de otras corporalidades negándoseles la voz, el poder y el valor de sus cuerpos, lo valido entonces de cara a este proceso es el androcentrismo, el sexismo y la identidad y rol de género. Sexo y género son constructos sociales.