Descomplicado
Luisa María Alcalde, presidenta nacional de Morena, ha comenzado a mandar señales de que no hay un acuerdo político para conservar los 200 espacios de representación que, a capa y espada, está defendiendo el PT y PVEM. Hasta donde sabemos, los dirigentes nacionales no quisieron negociar con el excoordinador de la fracción parlamentaria de Morena en el Senado, Adán Augusto López Hernández. Pidieron, a cambio, establecer interlocución directa con la propia presidenta a través de las oficinas de Bucareli, de la Secretaría de Gobernación. De ese modo, logramos comprender por qué un cambio tan repentino. En San Lázaro, por ejemplo, Monreal sí mantiene diálogo permanente con los partidos aliados. Él, inclusive, fue el portavoz inicial para decir que los espacios de representación se conservaban tal y como se había pactado desde la SEGOB. Siendo así, no entendemos del todo porqué este viraje de las situaciones de parte de Morena.
Se sabe que Luisa María, lo mismo que los líderes nacionales del PT y PVEM estuvieron en constante diálogo y negociaciones con Rosa Icela Rodríguez. Pese a ello, nos encontramos con la sorpresa de que no hay un pacto para sostener los espacios de representación proporcional en lo que respecta al proyecto de reforma electoral. Inclusive, Morena no puede tirar a la borda el acompañamiento y la suma de esfuerzos si es que quiere decretar el asunto para modificar la constitución. De hecho, comprobamos que Luisa María sigue estirando la liga y, en una de esas, el pacto de unidad se puede romper si no hay algo en concreto. Recordemos que, como tal, el requisito para cambiar la carta magna es la mayoría calificada y, por ende, la culminación de los propósitos que se diseñaron.
Ya habíamos dicho, en otra ocasión, que excluir a los aliados es un error de cálculo que puede traer costos políticos muy elevados para Morena. No sé si la intención de Luisa María sea prolongar la decisión para ver si los partidos aliados aceptan las condiciones. Eso no pasará: PT y PVEM, hasta donde sabemos, llegarán hasta el final de la resistencia para velar por sus intereses. Por eso el tema ha llegado hasta los presidentes nacionales que, de manera paralela, están en pláticas con la titular de Gobernación. Todo eso, por anticipado, nos lleva a la conclusión, al menos de la presidenta, que hay voluntad para sacar adelante uno de los temas más sustanciales de la agenda, lo cual demuestra la intensidad y, de paso, el clima álgido que está predominando.
La postura del PT y PVEM, hasta donde se sabe, es no retroceder en los avances que tienen pactados con la Secretaría de Gobierno. De igual forma, nos cuentan, las negociaciones incluyen un equilibrio en los puestos de elección popular que se llevarán a cabo en 2027. Desde ese entonces, en retrospectiva, se han puesto sobre la mesa no solo los espacios para integrar los 300 distritos, sino de tres a cuatro gubernaturas para ambos aliados. Para el verde, por ejemplo, todo está presupuestado para que sea San Luis Potosí. De no concretarse la alianza, en definitiva, el verde competirá solo a sabiendas de que los números le favorecen. Tómese como muestra la última encuesta que publicó hace unos meses, De la Heras Demotecnia, que fue la metodología que más se acercó al proceso presidencial con los cálculos categóricos que realizó. Esto tiene que ver con la lógica de las propias circunstancias. Si me preguntan qué puede pasar, diría, conforme a la perspectiva, que Morena no tiene de otra más que ceder la estafeta si quiere aprobar el proyecto. Ese razonamiento del sentido común nace de la necesidad apremiante del esquema reformador.
Si bien está claro que eso únicamente lo veremos en la previa de la toma de decisiones, es muy claro que ambos partidos aliados de Morena pugnarán para que la balanza no esté tan desequilibrada. Acaparar todos los espacios de parte de Morena, repito, puede traerles pérdida de estructura y activismo territorial. Siendo así, el partido guinda no debe negarse, si podemos llamar así, a una petición legítima de un gobierno de coalición. Se habla de Michoacán para representar a la izquierda al Solio de Ocampo. Inclusive, se acentúa más ese posible escenario ahora que el proceso interno de Morena vive una lucha sin cuarteles de parte de los protagonistas. Esto explica el viraje que puede llegar a darse en el transcurso de estos meses, justo en la previa de las definiciones. Eso, en concreto, confirmaría que hay un acuerdo tras bambalinas.
O hay acuerdos previos en la previa del proyecto de reforma electoral, o no hay avances y, por lo tanto, habrá pugnas internas que pueden llegar a nublar el panorama electoral.




