Los constituyentes del partido-estado de la 4T
Gota a gota, el actual régimen ha tendido una red de cambios en el entramado jurídico e institucional de México, que en los próximos años podrían configurar tiempos de horror.
Por lo pronto, en el plano inmediato, López Obrador ya inyectó veneno al año que está por venir
El manejo absolutista de los Poderes, cada día es más notorio. Así se vio en la respuesta amenazante que dio al INE, por su insistencia de descalificar y burlarse de los opositores, a los que él llama “conservadores”.
Esto va acompañado con medidas extrañas, como la repentina decisión de revivir un Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil, que en la época del PRI, fue repudiado por toda la oposición junto con la credencial nacional de identificación.
Aquello que hace décadas les pareció peligroso y lo veían como un intento de control político, hoy les parece una idea genial para “monitorear” hasta el estado de salud de los conciudadanos.
Abiertamente, Morena hace encuestas telefónicas, para medir preferencias electorales, mientras el presidente lanza diatribas contra sus adversarios, desde sus mañaneras, lo que empieza a dar un sesgo de inequidad a la contienda.
Pero el uso abusivo del poder se empieza a diseminar por otras instituciones, como el Banco de México, al grado de violar su autonomía constitucional a través de leyes secundarias, acompañada con la entronización de Elvira Concheiro en la Tesofe.
Hay un tufo de “socialización”, para no utilizar términos mucho más dramáticos, pero que pasan por un absoluto desprecio a las tecnologías limpias, a la modernización y al recambio tecnológico e industrial que empieza a darse en todo el mundo.
Su insistencia en construir una petroquímica, suspender el avance de la energía eólica, construir un tren a la antigüita a costa de la depredación de selvas y bosques, y mantener una economía de limosna, dibuja de cuerpo entero lo que es AMLO.
Quiere mantener la era del carbón, conservar mano de obra barata en maquiladoras antes que la robotización; construir caminos que no soportan ni la primera lluvia. Todo, por un criterio populista de que así ayuda al pueblo.
Lejos de integrar a obreros y campesinos en la cadena productiva a través de cooperativas y en alianza con institutos tecnológicos y universidades, quiere mantener a México bajo las formas del siglo pasado.
Y para impulsar sus juicios, tesis y convicciones, el presidente arrasa por igual a constructores, ingenieros, arquitectos, a quienes denuesta, como si todos formaran parte de la corrupción.
Pero el camino se estrecha. Los que fueron su primer círculo, han empezado a renunciar. Todos ellos coinciden en que es insostenible continuar por esta ruta, de populismo feroz, donde el régimen reparte y usa los recursos sin orden ni lógica.
Autoritario, déspota, machista, el presidente ya sufrió la renuncia de tres colaboradores, en áreas que constituyen la columna vertebral de los cambios que empieza a sufrir el país:
Carlos Urzúa, en Hacienda; Víctor Toledo, en Semarnat y Alfonso Romo, en la Oficina de la Presidencia. Todos ellos se fueron tras un choque directo con la personalidad del mandatario, que no soporta que lo contradigan.
A estas, hay que añadir las no menos sensibles renuncias de Germán Martínez, al IMSS y Jaime Cárdenas, al Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, que también se dieron tras divergencias con las formas de actuar del Presidente.
Pero el mensaje que enmarca la despedida de Alfonso Romo es más que revelador:
“El gobierno, del cual formo parte, está manejando el país en materia económica como si tuviéramos un crecimiento de 9%, cuando en realidad tiene un decrecimiento de esa magnitud”.
Esto fue declarado por Romo el 19 de noviembre, en una convención del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas. Fue el colofón, la despedida con la que confirmó su renuncia a un despacho que nunca funcionó.
Hoy, a unos días de que concluya el año, López Obrador no sólo termina confrontado con los empresarios y con sus adversarios naturales de la oposición. También cerrará enfrentado al nuevo gobierno de los Estados Unidos.
No sólo es el diferendo por el retiro de pasaporte diplomático a los agentes de la DEA, FBI o CÍA tras la captura y ulterior liberación del general Cienfuegos. También con el sector privado de aquel país persiste la confrontación.
El propio Alfonso Romo, reveló en agosto pasado, ante miembros de la Asamblea Nacional de la Cámara de la Industria de la Transformación, que tras la visita de AMLO a Washington, empresarios estadounidenses le dijeron:
“Solamente queremos recordarte que para que haya un éxito rotundo en la relación comercial y en hacer una América fuerte, hay tres palabras que quiero que se lleven de mensaje: honren los contratos”.
Esto, en abierta crítica a la política energética que ha seguido hasta ahora AMLO, y ante la incertidumbre que ha generado a la inversión privada la falta de Estado de Derecho.
No hay manera, pues, de sentirse tranquilos con el advenimiento de un nuevo año, pues hoy vemos que el país lleva rumbo hacia la confrontación, tanto interna como externa. Hoy México es uno de los países más criticados del mundo.
No sólo es la negligenciacriminal, con que López Obrador y Gatell han manejado la pandemia; es la demagogia y la mentira con que justifica los errores cometidos, y que piensa corregir con la entrega masiva de dinero en mano, para acallar.
Elvira Concheiro, quien se estrenará el año nuevo como Tesorera de la Federación, justifica las asignaciones directas de contratos, como parte de una política social “más justa”, aunque en ellas prive la opacidad y el privilegio de amigos.
Desde su óptica, México “está cambiando desde el momento que hay recursos para la gente que no tiene; que hay mayor inversión en salud” lo cual se refleja, según dijo, “en que hay más médicos”.
Sin embargo, la pandemia hoy la desmiente brutalmente.
México es el país donde más médicos han muerto en todo el mundo y la única acción de apoyo a este sector, es la entrega de la Medalla Belisario Domínguez, post mortem, mientras el Presidente se sigue negando a usar tapabocas.
Lo peor: hoy por hoy nos encontramos en el pico de la emergencia y los dos López se niegan a asumir su responsabilidad, como lo fija el artículo 73 fracción XVI de la Constitución.
Se niegan a decretar el semáforo rojo, y la Jefa de Gobierno en la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ha tenido que hacer malabarismos para implementar toda la gama de colores naranja para llamar a la población a guardarse en sus casas.
Para colmo, empiezan a festinar el supuesto inicio de la vacunación, cuando ellos mismos saben que la inoculación a población abierta iniciará, si bien nos va, en mayo del año próximo.
No, no hay buenas noticias para el 2021, y si usted tiene trabajo ahora, esmérese por conservarlo; si no lo tiene, hágase a la idea de que se tendrá que emplear en lo que sea y por sueldos miserables.
Vamos a formarnos para tramitar la tarjeta de INAPAM, para que nos hagan descuentos en la luz, agua, predial por ser viejitos; para que no nos cobren el transporte público.
El año próximo redoblarán las becas para jóvenes, ancianos, minusválidos. Usted sonría y estire la mano, como lo hacían nuestros abuelos cuando gobernaba el PRI. Mientras tanto, prepare su botella y diga sin pudor: más vale sólo que… muerto.




