Al derecho y al revés
MORELIA, Mich., 13 de julio de 2026.- A las 12 del día comenzó la fila. Padres con flores, abuelos acomodando el teléfono para la fotografía, después, hermanos pequeños corriendo entre las butacas—¡Cami!—gritaba una. El teatro Stella Inda no tenía prisa; había una deuda pendiente para una generación.
Seis años atrás, el 21 de abril de 2020, el Gobierno de Michoacán decretó la cuarentena por la pandemia de Covid-19. Ese día no solo cerraron las escuelas. También quedaron suspendidos los festivales del Día de la Madre, las clausuras de preescolar y los primeros aplausos que suelen acompañar la infancia.
Los patios quedaron vacíos. El Ratón Vaquero dejó de sonar frente a mamás con los ojos llenos de lágrimas, por sus niños poco coordinados. Las Golondrinas tampoco despidieron a quienes terminaban el kínder. Los celulares dejaron de levantarse para buscar la mejor fotografía. El silencio ocupó el lugar de las porras.
Aquellos niños crecieron entre cubrebocas, clases por videollamada, tareas enviadas por teléfono y recreos convertidos en pasillos de casa. Aprendieron a leer frente a una pantalla antes de volver a encontrarse con sus compañeros. Conocieron el miedo al contagio antes que la emoción de subir a un escenario.
Este lunes, un grupo de 40 niños y niñas—ya adolescentes—de esa generación terminó la primaria.
Para muchos fue su primera ceremonia escolar completa. Su primer desfile de aplausos. Su primer momento bajo los reflectores. Su primer pase de lista. También fue el primer acto público que sus padres pudieron vivir sin la incertidumbre de una emergencia sanitaria.
La emoción parecía duplicarse porque no era solo una graduación. Era el cierre de una etapa que la pandemia dejó inconclusa.
En muchas escuelas de México—quizás hoy también en el teatro—muchos lugares quedaron vacíos. Algunos abuelos que esperaban ese día murieron durante la pandemia y nunca alcanzaron a ver a sus nietos con toga o uniforme de gala. Otros sí llegaron. La vacuna, el tiempo y la vida les permitieron ocupar una butaca y aplaudir a su ritmo cada nombre pronunciado.
Entre ellos estaba Matías, ¡mi Matías!
Como miles de niños de su generación, soportó el encierro cuando apenas comenzaba a descubrir el mundo. Cambió el salón por la sala de su casa y los juegos del recreo por las videollamadas. Esperó seis años para sentir lo que generaciones anteriores daban por hecho: escuchar un auditorio lleno celebrando sus logros.
La historia de Matías fue la de miles de niños. De acuerdo con las Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional 2020-2021 de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en Michoacán cursaban 914 mil 101 alumnos de educación básica, quienes vieron suspendidas las clases presenciales durante la emergencia sanitaria. En total, el estado registraba más de 1.2 millones de estudiantes en todos los niveles educativos durante ese ciclo escolar.
Quienes crecimos antes de la pandemia difícilmente imaginamos que una graduación pudiera convertirse en un privilegio. Para ellos, en cambio, fue una experiencia nueva.
El Covid-19 dejó mucho más que cifras. Dejó ausencias, miedo e incertidumbre. Cambió la forma de aprender, de convivir y de despedirse de sus seres queridos, de sus amigos y familia.
También el Covid 19 enseñó a valorar la cercanía, a mantener el contacto mediante la tecnología cuando no existía otra opción y a comprender que una ceremonia escolar podía desaparecer de un día para otro.
Por eso, cuando el Stella Inda estalló en aplausos, las lágrimas parecían contener seis años de espera. No celebraban únicamente el fin de la primaria. Celebraban haber llegado hasta ahí con vida.
Seguramente la misma escena se repitió este lunes en auditorios, plazas y escuelas de Michoacán y del resto del país. La generación marcada por el Covid-19, aquella que inició su vida escolar en medio del aislamiento, por fin conoció el sonido de una ovación que durante años solo pudo imaginar.




