Némesis
México, a cincuenta años de la Cumbre Mundial del Día Internacional de la Mujer en 1975, que fuera organizada por la ONU, y a la cual asistieron 133 países y al menos 9000 mujeres, en donde se discutieron los problemas sensibles de las mujeres y se acordara impulsar el decenio de las mujeres, este mes de agosto de 2025, a cinco décadas, se reunieron diferentes delegaciones a participar en la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, celebrado en el centro cultural Tlatelolco, en la ciudad de México.
A la XVI Conferencia Regional, le antecedieron durante el mismo mes de agosto de 2025, los trabajos de distintos actores políticos y sociales al haberse desarrollado el FORO PARLAMENTARIO DE AMERICA LATINA Y EL CARIBE, con el tema “Las transformaciones en los ámbitos político, económico, social, cultural y ambiental para impulsar la sociedad del cuidado y la igualdad de género”, además del Segundo Congreso Panamericano CDMX 2025, con legisladores y legisladoras de diversos países de América Latina y el Caribe, mismo que fuera presidido por la comisión legislativa de Derechos Humanos del Senado de la República, a través de su presidenta la senadora Celeste Ascencio Ortega.
Los trabajos desarrollados en el ejercicio de la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, participaron más de 1,200 personas, incluidas delegadas y delegados de 31 Estados miembros asociados a la CEPAL; representantes de 23 agencias de la ONU y 25 organismos intergubernamentales; parlamentarias de más de 20 países de la región y cerca de 600 participantes de la sociedad civil; los trabajos culminaron con el Compromiso de Tlatelolco, en donde se adoptaron los siguientes acuerdos:
Importancia y reconocimiento del derecho al cuidado como un derecho humano exigible; Transformación del modelo de cuidados; impulso de una década de acción (2025–2035); visibilizar a las mujeres indígenas, afrodescendientes, rurales, y reconocer sus conocimientos ancestrales y contribuciones en las labores de cuidados; reconocer la autonomía de las mujeres con discapacidad, quienes no solamente son cuidadas sino que también son cuidadoras; posicionar el tema de un lenguaje en materia de derechos sexuales y reproductivos. Así como el apoyo y monitoreo de la sociedad civil y organizaciones feministas en el seguimiento y rendición de cuentas de los avances.
Hay tres temas fundamentales respecto del pronunciamiento de Tlatelolco, por los cuales debe de entenderse un trabajo arduo y coordinado para atender el problema del patriarcado, las desigualdades sociales, la injusticias que se viven; el primero, la sociedad de cuidado o la ética de los cuidados; el segundo, la igualdad sustantiva; en tanto que el tercero, el reconocimiento de conocimientos ancestrales y contribuciones en las labores de cuidados a mujeres indígenas, afrodescendientes, rurales y reconocer la autonomía de las mujeres con discapacidad e interseccionalidad.
En el primer tema habrá que darle un giro a la política pública federal, estatal, municipal para comprender la importancia de la ética de los cuidados desde los posicionamientos teóricos y epistémicos que han venido desarrollando distintos académicos y personas de la sociedad civil, como el doctor Bernardo Toro, Leonardo Boff, Boaventura de Sousa Santos, Enrique Dussel, María Lugones, Rita Segato quienes nos hablan de la importancia del biocentro, o la vida al centro, sin antropocentrismo, androcentrismo ni etnocentrismo, además considerar la critica que hacen las teóricas respecto del mandato patriarcal de dominación y proponen una ética basada en los vínculos, la comunidad y la reciprocidad, todo ello, implica destruir el individualismo y egoísmo, los mecanismos de opresión y las ideologías (misóginas, machistas, racistas, clasistas, homófobas, xenófobas de aporofobia), el asunto es trabajar en la deconstrucción del patriarcado y las masculinidades hegemónicas.
Además, es importante destacar que debemos de incluir en los cuidados a la madre naturaleza, donde los pueblos originarios, muestran la importancia de generar condiciones de espiritualidad, es decir, de respeto a la madre naturaleza, porque los seres vivos, incluidos los humanos somos naturaleza. Boff nos indica el camino para cuidar la naturaleza, a través de su texto "El cuidado esencial: Ética del humano, compasión por la Tierra".
El otro tema a considerar es la importancia de la igualdad sustantiva, porque expresar de manera abstracta o bien homogénea, deja de lado reconocer que aun existen diferencias entre unos grupos sociales y otros; pero además, si bien es cierto que existe una redistribución de los recursos, se hace necesario redistribuir el poder y los saberes, sobre todo la voz de la mujer; se requiere desde las epistemologías del sur (Boaventura de Sousa Santos) que se valoren otras formas de ver y vivir la igualdad; y algo, que me parece muy importante es el trabajo que realizan los pueblos originarios quienes construyen igualdad desde abajo y desde las resistencias a los mandatos de masculinidad hegemónicos y coloniales.
El otro gran tema es el de la interseccionalidad, en dicha temática, es importante que las instituciones reconozcan que, las desigualdades que viven las mujeres no son homogéneas, ni pueden analizarse desde una sola categoría como “género”. Significa mirar cómo se cruzan y se articulan múltiples formas de opresión (género, raza, clase, orientación sexual, discapacidad, edad, territorio, condiciones de salud, condiciones económicas, etc.) que generan experiencias diferenciadas de desigualdad y violencia.
Y es que, cuando tuve la oportunidad de ser Director General del Consejo Estatal la prevención y atención de la discriminación y violencia en Michoacán siempre se tuvo la claridad de trabajar bajo un enfoque de nombrar diferencias, impulsar el cruce de opresiones que viven, de saber escuchar a las mujeres en términos de sus saberes y luchas que han encabezado, que no podemos universalizar, sino comprender la diversidad como riqueza y los pluriversos, de esta manera, se logra impulsar cambios de estructura y no solo incluir.
En este contexto, habrá de desarrollarse un gran esfuerzo durante los próximos años a favor de la mujer en América Latina y el Caribe, por ello, reconozco la importancia del Compromiso de Tlatelolco, toda vez que, se considera un avance histórico para la región, al consolidar la sociedad de cuidado como un paradigma para el desarrollo sostenible, la justicia y la paz. Con ello, se promueven acciones de gobernanza que involucran a Estados, sociedad civil y diversos sectores para transformar la división de tareas de cuidado que históricamente ha recaído en las mujeres. En mi vida profesional hemos llevado a cabo en distintos lugares y con diferentes poblaciones las cuestiones de la ética de los cuidados, como con la mesa de Seguridad y Paz de la región de Lázaro Cárdenas, donde desarrollamos un modelo de intervención para trabajar la ética de los cuidados y la paz con el personal institucional de más de veinte instituciones y organizaciones, entre ellas, Mujeres de Acero, Centro Cultural la Parota.