Descomplicado
Durante décadas, cientos de organizaciones han trabajado incansablemente para construir una realidad en la que la igualdad y la no discriminación dejen de ser ideales lejanos y se conviertan en normas vivas. En México eso viene desde los años sesenta; en Michoacán, las movilizaciones y demandas se intensificaron desde comienzos del siglo XXI, principalmente por estructuras disidentes sexuales.
Cada día de conmemoración, como el Día Nacional contra la Discriminación o el propio Día Estatal contra la Discriminación en Michoacán, tiene su historia, su trasfondo social y político. No son simples efemérides, sino hitos en la lucha por sensibilizar, motivar la participación social, transformar mentalidades y fortalecer la cohesión social.
Ya en 2007, el Grupo de Facto Diversidad Sexual en Michoacán junto con otras organizaciones sociales —y con la inspiración del maestro Carlos Monsiváis (QEPD)— emitieron un pronunciamiento público para impulsar un Día Nacional contra la Discriminación, en el marco del II Foro Regional de Consulta para formular el Programa Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación 2007-2012. Esta iniciativa fue visibilizada en medios y documentos oficiales como el boletín 053/2007 del Conapred.
Con esfuerzo y presión social colectiva, en 2010, el Poder Ejecutivo Federal instituyó por primera vez ese día nacional y lo publicó en el Diario Oficial de la Federación. Paralelamente, entre 2008 y 2010 el Grupo de Facto Diversidad Sexual en Michoacán promovió iniciativas en las Legislaturas de Michoacán para instaurar un Día Estatal para Prevenir la Discriminación, aunque no fue hasta la LXXIII Legislatura, a petición de Grupo de Facto y con el impulso del diputado Ernesto Núñez, que en 2016 se logró su aprobación formal en el estado. Situación que recordamos permanentemente y agradecemos.
Porque la discriminación no es abstracta: deja huellas profundas en la vida de quienes la padecen. Afecta la esperanza, el desarrollo personal, el sentido de pertenencia y deteriora el tejido social. Los instrumentos estadísticos lo confirman: las Encuestas Nacionales sobre Discriminación (2005, 2010, 2017) del Conapred, acompañadas de indicadores judiciales, informes de violencia, casos de inaccesibilidad y sentencias, dan cuenta de que la discriminación persiste en múltiples formas.
En la conmemoración del Día Estatal contra la Discriminación, el gobierno estatal, por conducto del Consejo Estatal para Prevenir y Eliminar la Discriminación y la Violencia (Coepredv), realiza distintas actividades para sensibilizar a la población sobre las múltiples formas de discriminación y mejorar la convivencia social. De igual manera diversas organizaciones como Ángel de Corazón porque me nace ayudar A.C. Katarsis A.C. y Grupo de Facto Diversidad Sexual en Michoacán, mantienen acciones a favor de promover la igualdad y no discriminación.
Esta fecha nos recursa que, desde la época colonial hasta nuestros días, México ha cargado con un legado de castas, encomiendas, segregación, persecución religiosa, invisibilización de poblaciones, entre ellas las poblaciones trans y afrodescendientes y resistencia indígena. Aunque la esclavitud fue abolida formalmente por Miguel Hidalgo el 19 de octubre de 1810, las desigualdades raciales y sociales perviven.
Las reformas constitucionales de 2001 y 2011 incorporaron explícitamente la prohibición de la discriminación como eje del derecho humano a la igualdad. En Michoacán, gracias al activismo del Grupo de Facto y otros colectivos, diversas leyes estatales fueron reformadas en 2014 para incluir cláusulas de no discriminación y promover comisiones municipales de Igualdad y Diversidad.
Esta causa, que he tenido el honor de acompañar junto a muchos defensores de derechos humanos, enfrenta no solo el patriarcado y el colonialismo sino también el mercantilismo que homogeneiza luchas y oculta las desigualdades estructurales. La discriminación sigue siendo una forma de opresión cotidiana contra amplios sectores: personas con discapacidad, pueblos indígenas, afrodescendientes, comunidades LGBTI+, entre otros.
Si realmente queremos una sociedad más justa, el Día Estatal contra la Discriminación debe vivirse no solo como simbólico, sino convertirse en un motor permanente de políticas públicas, de educación para la empatía, de mecanismos de denuncia accesibles, de cultura ciudadana que reconozca nuestra diversidad como riqueza.
Porque sin equidad no hay paz, sin dignidad no hay democracia, y sin inclusión no hay sociedad fuerte.




