De frente y de perfil
Ha llegado el tiempo de que una mujer gobierne Michoacán
Hablar del reciente Consejo Nacional de Morena resulta relevante para quienes creemos en la transformación de la vida pública del país. Hoy nuestro movimiento vive una etapa distinta a la de sus orígenes: ya no somos oposición, somos el partido que gobierna México, y eso implica actuar con mayor responsabilidad política y mayor madurez institucional.
De cara a los próximos procesos electorales, particularmente hacia el 2027, México volverá a vivir un momento de definiciones importantes. Diecisiete estados renovarán sus gobiernos y, en muchos de ellos, también se abrirá una discusión necesaria sobre el papel que las mujeres deben seguir ocupando en los espacios de decisión pública.
La llegada de una mujer a la Presidencia de la República ha marcado un momento histórico para nuestro país. No sólo por lo que representa simbólicamente, sino por la consolidación de un proyecto político que ha colocado en el centro la justicia social, el combate a la pobreza, el fortalecimiento del salario mínimo y los programas de bienestar que hoy llegan a millones de familias.
México vive un momento en el que nuevas generaciones de mujeres estamos asumiendo responsabilidades públicas con visión, preparación y profundo compromiso social. No se trata sólo de ocupar espacios, sino de transformar la forma en que se ejerce el poder público.
Como bien se señaló durante el Consejo Nacional, Morena debe asumirse plenamente como el partido en el poder y actuar con la responsabilidad que eso implica. Esto significa respetar las reglas internas del movimiento, evitar actos anticipados de campaña, no utilizar recursos públicos con fines políticos y privilegiar siempre la unidad por encima de los intereses personales.
Quienes hemos sido parte de este proyecto desde sus primeras etapas sabemos que estos principios no son una formalidad, sino el origen mismo de nuestro movimiento.
En lo personal, he tenido el privilegio de acompañar esta transformación desde la militancia, desde el territorio y desde distintas responsabilidades públicas. Como Senadora de la República, mi función constitucional es legislar, construir acuerdos y representar a la ciudadanía; no administrar presupuestos públicos.
Sin embargo, la realidad social muchas veces rebasa los límites formales de un cargo. Con frecuencia las personas se acercan solicitando apoyo para temas urgentes de salud, educación o deporte. En esos casos lo que está en mis manos es acompañar gestiones o, cuando es posible, aportar desde mis propios recursos personales. No es lo ideal, pero es una forma de no cerrar la puerta a quienes buscan ayuda.
La política debe recuperar su sentido humano.
En Michoacán existe una enorme demanda de cercanía entre representantes y ciudadanía. La transformación no puede quedarse únicamente en el discurso; debe sentirse en las comunidades, en los municipios y en la vida cotidiana de las personas.
El futuro de Michoacán no puede pensarse únicamente desde las capitales o desde las oficinas públicas; también está en sus comunidades, en sus pueblos originarios y en cada uno de sus 113 municipios.
Michoacán también se acerca a un momento de definiciones importantes. Y cada vez son más las voces que coinciden en algo que hoy resulta evidente: ha llegado el tiempo de que una mujer gobierne Michoacán.
Michoacán está listo para abrir una nueva etapa de transformación encabezada por una mujer con experiencia, con trabajo en el territorio y con una nueva generación de liderazgo político.
Nuestra generación tiene la responsabilidad histórica de consolidar la transformación también en los estados, y Michoacán no puede quedarse atrás en ese proceso.
He tenido el privilegio de crecer políticamente dentro de este movimiento, desde la militancia, desde la organización y desde el trabajo cercano con la gente. Como humanista michoacana y como fundadora de Morena, estoy convencida de que nuestra generación tiene la responsabilidad de seguir profundizando la transformación en cada rincón del estado.
La transformación que vive México necesita consolidarse también en Michoacán con liderazgos que entiendan el momento histórico y que estén profundamente comprometidos con el proyecto de nación que hoy encabeza nuestro movimiento.
Como integrantes de Morena debemos recordar que este proyecto nunca ha sido sobre intereses personales ni sobre el “quítate tú para que me ponga yo”. Lo que estamos construyendo tiene que mantener siempre en el centro a las personas. No podemos permitir que el sectarismo o las ambiciones personales empañen lo que Morena representa para millones de mexicanas y mexicanos: la esperanza de México.
Entiendo con claridad el momento histórico que vive nuestro país y también el que atraviesa Michoacán. Por eso sigo preparándome todos los días para estar a la altura de ese momento: recorriendo el territorio, escuchando a la gente, construyendo unidad y trabajando siempre con responsabilidad política.
Después de años de recorrer Michoacán y de construir este movimiento desde sus orígenes, tengo claro que nuestra responsabilidad es estar a la altura de las tareas que el pueblo y nuestro movimiento nos encomienden para seguir profundizando la transformación en el estado.
Michoacán está listo para una nueva etapa de transformación, y nuestra generación de mujeres está preparada para asumir ese reto con responsabilidad, con cercanía al pueblo y con profundo amor por nuestra tierra.
Porque el futuro de Michoacán debe construirse con responsabilidad, con unidad y con una profunda vocación de servicio al pueblo.
¡Michoacán puede y merece más!




