De frente y de perfil
Entre el marketing, la ilusión y la pasión por el fútbol, nuestro país volvió a ser sede de una Copa del Mundo.
Hay quienes aseguran estar viviendo su tercer Mundial (los ya grandes); hay quienes están viviendo el segundo; y estamos las generaciones más jóvenes, para quienes este resulta ser nuestro primer Mundial y, quizá, el único.
En las familias mexicanas existe el dicho de que de religión, política y fútbol es mejor no hablar, porque existe el riesgo de generar conflictos.
Sin embargo, algo ha quedado demostrado: el fútbol sigue siendo el deporte nacional de nuestro país. Para quienes tenemos el gusto no solo de verlo, sino también de jugarlo, observar a nuestra Selección representando a México dice, por sí solo, muchas cosas.
Claro que América Latina ha dado grandes leyendas del fútbol, y las mexicanas no son la excepción. Sin embargo, aunque no me tocó vivir un Mundial antes de este, puedo asegurar que se ha vivido como nunca: con más transparencia, con más convicción, con más orgullo y con más identidad.
Y es que ver en la cancha a una selección tan joven, capaz y convencida de que México lo puede todo nos contagió y nos hizo creer que sí es posible llegar a lugares que antes parecían impensables.
Sí, todo muy bien, pero ¿qué pasa con el fútbol femenil?
Fui portera durante algunos años en la liga municipal de fútbol de mi pueblo, Paracho. Allá, como en todo Michoacán, en todo México y en cada cancha del mundo, las mujeres también sabemos dar las mejores patadas y anotar grandes goles.
Gracias a la presidenta Claudia Sheinbaum por seguir visibilizando el deporte practicado por las mujeres y abrir más espacios para las nuevas generaciones.
Por eso, este Mundial me pareció extraordinario. En algún momento pensé en hacer mis ahorros para ir a ver algún partido, pero cuando nuestra máxima mandataria nos hizo reflexionar sobre el enorme negocio que representa la FIFA y sobre lo difícil que sería para gran parte de la población poder asistir, decidí disfrutar todos los partidos con el pueblo, con un extraordinario equipo de trabajo y con mi familia. Y sí, así se disfruta más, sale más barato y se celebra mucho mejor. Entendí que el verdadero privilegio no era estar en un estadio, sino compartir esa emoción con la gente. Millones de mexicanas y mexicanos vivimos el Mundial desde nuestras casas, en reuniones familiares, en las plazas públicas o en los centros de trabajo. Ahí también se canta el himno, se gritan los goles y se sueña con la victoria. El fútbol nos recordó que la alegría también puede ser un acto colectivo y que las mejores celebraciones son aquellas en las que nadie se queda fuera.
Este domingo 5 de julio de 2026 vivimos nuestro último partido en el Mundial.
Raúl Jiménez, Julián Quiñones, Gil Mora, el Tala Rangel y todo el equipo hicieron de esta Selección una generación que quedará en la memoria de millones de mexicanas y mexicanos. Gracias por demostrar que México tiene deportistas comprometidos, responsables y con un enorme futuro.
A mí me tocó ver un partido en Morelia, otro en la Ciudad de México, uno en Paracho e incluso otro en Toluca. Jamás dejamos de trabajar y, al mismo tiempo, de apoyar a nuestra Selección.
Hoy quisiera invitar a todas y todos los mexicanos a defender nuestra soberanía y a nuestro país con la misma pasión con la que apoyamos a nuestra Selección.
No permitamos ningún retroceso. Así como defendimos cada balón, defendamos también los derechos que, juntas y juntos, hemos conquistado.




