Palabras y juicios irredentes
Lo que se vive hoy en nuestro país va más allá de las series y telenovelas que abundan sobre el narcotráfico en México. Porque aquí no hay guiones ni ficción: hay decisiones que marcan el rumbo de una nación y afectan la vida real de millones de personas.
Para la historia contemporánea del combate al crimen organizado, este domingo 22 de febrero de 2026 será recordado como el día en que una mujer, Claudia Sheinbaum Pardo, en su carácter de Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, reafirmó que el poder del Estado está al servicio del pueblo y no de quienes durante años intentaron arrebatarle la paz a México.
A las mujeres, salvo cuando se trata de celebrar la vida o el amor, no nos mueve el espectáculo, y mucho menos cuando hablamos de dolor o violencia. Por eso, lo primero que se informó en la mañanera del pueblo fue que México amaneció sin bloqueos y que se reconocía el trabajo de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Guardia Nacional.
México cuenta con Fuerzas Armadas extraordinarias: mujeres y hombres preparados, profesionales, con profundo compromiso con la nación.
Tengo dos tíos jubilados del Ejército Mexicano, a quienes casi no veía porque siempre estaban asignados en distintos estados del país. Si acaso coincidíamos una vez cada dos o tres años. Incluso, ellos mismos tuvieron que reencontrarse en un campo militar. Durante el pase de lista se dieron cuenta de que compartían apellido.
—¿Eres Héctor Ascencio N? —preguntó uno.
—Sí.
—Yo soy tu hermano, Job.
Así de grande es el país que defienden. Y así de silencioso es el sacrificio que realizan.
Quienes integran nuestras Fuerzas Armadas entregan años de su vida al servicio de México. Pasan largos periodos lejos de sus familias, sacrifican su vida personal y asumen la responsabilidad de proteger a millones de personas que quizá nunca conocerán.
Hemos perdido vidas, y ese dolor es irreparable. Pero también existe un profundo sentimiento de gratitud, porque sabemos que hay mujeres y hombres que velan por nuestra seguridad todos los días. Cuando vemos a una soldada o a un soldado, reconocemos en su uniforme el compromiso con el pueblo.
Como Humanista Michoacana, tengo claro que la paz no se construye únicamente con la fuerza legítima del Estado. Se construye también con justicia social, educación, cultura, oportunidades y reconstrucción del tejido comunitario.
Nadie nace destinado a la violencia. Es la desigualdad, el abandono y la falta de horizontes lo que rompe destinos que pudieron ser distintos. Por eso la ruta humanista por la paz es también una ruta de prevención, dignidad y esperanza.
¿Cuántas juventudes pueden hoy imaginar un futuro diferente gracias a un país que decidió no rendirse?
Seamos humanistas michoacanas y michoacanos por la paz. Que nuestra historia siga formando mujeres valientes como Gertrudis Bocanegra y hombres comprometidos con su pueblo como José María Morelos y Pavón.
Mi reconocimiento a la Guardia Nacional, a la Secretaría de la Defensa Nacional y a nuestra presidenta. El pueblo sabe quién trabaja todos los días por su seguridad.
Porque la historia siempre pone a cada quien en su lugar.
Y el caos, como siempre, pasará.




