Itinerario político
“El Beso”
Eran tiempos de las películas en blanco y negro, el artista: José Ferrer, la obra: Cyrano de Bergerac, el poema; ¿Qué es un beso?
La vi en mi juventud y dejó huella en mi memoria: la ternura del hombre feo, con nariz desproporcionada, pero leal caballero enamorado de su prima, quedó grabado como el ícono del amor que se sacrifica por la felicidad de la persona amada; como el que calla por amor, en aras del amor.
La escena, inolvidable; Él, desesperado ante la torpeza al expresarse, del galán que ama su prima, a la que el ama; aprovechando la obscuridad de la noche y el follaje de un árbol, con un empellón suplanta al fallido galán y toma la palabra para responder a su musa la pregunta: ¿Qué es un beso?
-"¿Qué es un beso?
- Hablábamos de un beso
- La palabra es dulce
- En realidad un beso ¿qué expresa?
- Un juramento cercano
- Una promesa sellada
- Un amor que se quiere confirmar
- Un acento invisible sobre el verbo amar
- Un secreto que confunde la boca con las orejas
- Un instante infinito, un murmullo de abejas
- Un sabor dulcísimo, una comunión
- Una nueva forma de abrir el corazón
- De circuncidar el borde de los labios…
- Hasta llegar al alma".
Pasaron los años, el tiempo puso en segundo plano la memoria del film, pero no lo borró; en tanto la vida puso en mi camino a una mujer excepcional; llena de alegría sonreía con los ojos y eso llamó mi atención desde el primer momento que la vi; con vehemencia defendía sus ideas, con decisión asumió un liderazgo comunitario y encabezó un movimiento para defender los derechos de todos, enfrentó a la autoridad y me robó el alma… Me acerqué a ella, respaldé sus propuestas con la convicción del trabajo ciudadano sustentado en la fuerza de la organización, la conocí, me brindó su amistad y me hizo confidente… Un día, en uno de esos momentos que como hoja que en el viento viaja, trae la vida, quedamos solos; como siempre sus ojitos brillaban con ese brillo que tiene la mujer cuando es bella por dentro y por fuera, pero su voz era quebrada, nostálgica, triste.
-Me hace falta ternura, me dijo.
Me dieron ganas de besarla, de abrazarla y dulcemente, con la voz que sale del alma decirle que ahí estaba yo para darle ternura, y calor, y mimarla, y para, con caricias suaves, hacerla sentir amada… Pero callé, era casada y culturalmente ajena a mí en dos sentidos, el de la mujer ajena a la que uno admira y respeta en silencio y el de la amiga a la que no se puede defraudar tomando ventaja de su confidencia o de su fragilidad… Por eso callé, por eso me alejé como el amante que en silencio y en secreto, ama. El tiempo pasó y…, un día se presentó ante mí
–Vengo a desearte suerte en lo que haces, me dijo.
Las palabras no brotaban, su presencia me cubrió como un rayo de sol en la mañana y sin decir nada la abracé y le di un beso, ella se abandonó entre mis brazos, la sentí, percibí su respiración, los latidos de su corazón y le di toda la ternura que tenía en mí, solo para ella.
Ella sonrió, nos separamos, con su mano me hizo una caricia en la cara para después decir adiós y con esa mirada que sonríe, dio la media vuelta y se alejó.
Yo me quedé embelesado y fui por un baúl de madera que tenía vacío, y ahí guardé el beso, junto al recuerdo, y disfruté, gracias a ella, de uno de los mejores días de mi vida.
Un saludo, una reflexión.
Santiago Heyser Beltrán
Escritor y soñador




