Teléfono rojo
Humanista Michoacana por la Paz nace como un proyecto derivado de mi experiencia de vivir en un estado que amo con todo mi ser: un estado que ofrece cultura, paisajes, tradiciones y una gastronomía que nos llena de orgullo.Michoacán es grandeza. Pero también hay una realidad que nos abruma: olas de violencia que generan miedo. Y, al mismo tiempo, una enorme capacidad colectiva de querer que esta situación cambie.
En ese contexto, como mujer joven y activista, decidí transformar el miedo y el dolor en acción. En diálogo. En encuentros con juventudes, adolescencias y todas las personas que quieran hablar de cultura de paz.
Hoy comencé esta ruta al interior de mi querido estado. Estuve en la Universidad Tecnológica de Morelia (UTM). Me sorprendió saber que Michoacán sigue albergando a estudiantes de otros estados como Veracruz y Baja California. Eso me hizo sentir profundamente orgullosa, porque ven en nuestro territorio un lugar para crecer y avanzar profesionalmente. El territorio no solo resiste, también atrae talento y esperanza.
Platiqué con jóvenes nacidos en 2002 y 2003. Conversamos sobre lo que más les gusta de Michoacán, y destacaron mucho la comida: huchepos, enchiladas, corundas.
Un joven de Lázaro Cárdenas expresó que la Costa es bellísima. Y es verdad: Michoacán lo tiene todo —costa, sierra, volcanes, ríos, cerros—.
Pero también hablamos de política. Y ahí observé uno de los grandes retos que tenemos quienes participamos en ella. Cuando pregunté a quiénes les gustaba la política, solo cinco personas levantaron la mano. Cuando pregunté a quiénes no les interesaba, casi todo el auditorio levantó la mano.
Les comprendí perfectamente. Aunque me involucré joven, también fui apática. Como universitaria, nunca tuve interés en conocer la Cámara de Diputados o el Senado. Pensaba que quienes estaban ahí solo iban a robar. Y sí, durante muchos años esa fue la percepción y la realidad que dañó la confianza pública.
Pero a partir de 2018 comenzó una nueva etapa en la vida pública del país. Hoy hay trabajo y mucho por hacer. Fue impactante que, al preguntar cuál era su lucha, solo dos compañeras levantaran la mano: una por la diversidad sexual y otra por erradicar la violencia contra las mujeres. Provocando la reflexión, les dije algo con claridad: si no nos interesamos en la política, a los de siempre les conviene. Nos quieren dormidos, quejándonos en corto, pero sin participar.
Les pregunté qué pensaban del gobierno de la Presidenta y respondieron que hace falta mejorar la seguridad. Les pedí que nos informáramos más, que contrastáramos datos y procesos. Les expliqué que la inseguridad no se genera de la noche a la mañana; es consecuencia de años de abandono, de un modelo que priorizó privatizar y dejar sin oportunidades a muchas personas. También compartí que las estrategias han ido ajustándose y que los indicadores comienzan a mostrar cambios.
Intenté conectar desde el humor y la cercanía. Creo que lo logré. Pero el reto sigue siendo mayor: que se reconozcan como el relevo generacional. Porque aunque muchos me vean joven, me digan “muchachita” o “estás bien chavita”, la realidad es que tenemos el deber moral de impulsar una revolución de conciencias en las nuevas generaciones. “La paz no se decreta, se construye desde la conciencia y el territorio”
Al final cerramos la conversación regalando libros. A todas y todos los que participaron, gracias por escuchar y por dejarme escucharles. Deseo haber sembrado al menos una pequeña inquietud: que luchen por algo, que se involucren, que vivan con propósito.
P.D. Cuando alguien más vaya a conversar con ustedes, cuestionen. Participen. Involúcrense.




