López Obrador en camino a la dictadura perfecta

El ejercicio del poder desgasta y tiene consecuencias en el corto y mediano plazo. Al menos eso se decía en los tiempos que había vientos democráticos recorriendo todos los rincones del país y por eso, la transición de terciopelo llegó desde el inicio de la nueva centuria con Vicente Fox Quesada a la cabeza de lo que entonces se dio en llamar el neopanismo, con Manuel Clouthier a la cabeza de los “bárbaros del norte”.

Los aires de libertad que por igual ventilaron el territorio nacional permitieron aspirar en la conformación de un México ceñido a las leyes, sin retorcerlas a conveniencia de quien detentaba la presidencia o el partido político que representara. Se cuidaban las formas en el juego democrático prevaleciente.

Se dio así la alternancia que hasta el 2018, se habían construido de manera libre para que millones de votantes acudieran, como fue ese domingo de julio, puntual a la cita electoral.

Pero aun cuando los analistas y no pocos observadores extranjeros advertían del riesgo de un retroceso gravísimo para México de ganar Andrés Manuel López Obrador en su tercer intento, la voluntad mayoritaria decidió dar ese golpe de timón engañados al suponer que había llegado el momento de acabar con los actos de corrupción y latrocinio alentados, y peor aún, ejercidos desde el poder presidencial.

Ahora a tan sólo 16 meses de estar al frente de los destinos de la nación, el que buscó afanosamente ganar ofertando mil y un, argumentos de ser mejor que cualquiera de los que le antecedieron en el cargo -desde la época de civiles portando la banda presidencial, claro está-, ha dado muestras no sólo de la gran estafa cometida, sino además tiene sumido al país en el mayor riesgo de colapso social, económico, de salud y seguridad, como nadie desde la postrevolución.

Hoy lo que suma un día y otro también, son montañas de mentiras que se acumulan y parecen no tener fin. Falacias y embustes que como moneda de cambio, utiliza lo mismo para distraer y tender cortinas de humo, tratando de desviar la atención nacional de los problemas torales que se acumulan y no encuentran salida adecuada, salvo no sea la agresión pendenciera y cobarde que le brinda su alta investidura, desde el púlpito mañanero.

Nulos resultados, nada de qué presumir y sí muchos pretextos, justificaciones insostenibles, acusando al pasado de lo que él es incapaz de solventar en el presente.

El desgaste en el ejercicio del poder le llegó demasiado pronto, ni siquiera al año y medio de gestión. Por infortunio, este mal endémico que ha todos ha afectado, en López Obrador cobró carta de naturalización sin que haya en el horizonte, el menor atisbo de mejora o salida responsable para bien de los mexicanos.

Hablamos de los millones de habitantes del país, no sólo su clientela electoral, las marionetas o floreros, que por conveniencia, por defender la chuleta o estar a la espera de un hueso mejor qué roer en el año por venir, defienden irracional, pero rabiosamente, los yerros y excesos de poder en que incurre su falso redentor.

Lo más reciente a la mano son los caprichos por apostar a las energías desfasadas, retrógradas, sin futuro, a cambio de cancelar multimillonarios compromisos suscritos en pro de las alternativas que no contaminan y tienen un amplio mercado para las próximas décadas, como es el caso de acuchillar las eólicas porque “los ventiladores” que las generan no son del gusto del bufón  que despacha en Palacio Nacional.

Nadie le ha dicho que esas palas a manera de aspas, mueven un aerogenerador que a su vez pone en funcionamiento turbinas que convierten la fuerza del viento en energía eléctrica. Para él son “ventiladores” que afean el panorama y por eso los combate al costo que sea.

En cambio entrega sin rubor ni remordimiento alguno, multimillonarios recursos a empresas de cuestionable manejo, ligadas a la tragedia de Pasta de Conchos, algo que conoce muy bien el senador Napoleón Gómez Urrutia, hoy bajo la protección del que se siente y actúa como dueño de México.

Porque la realidad es que desde el año pasado la Comisión Federal de Electricidad que encabeza el ícono de la corrupción en la dictadura de ocurrencias, Manuel Barlett Díaz, dio a conocer la adjudicación de dos partidas por más de 362 millones de pesos a favor de la empresa de cuestionable honorabilidad, Promotora para el Desarrollo Minero de Coahuila (Prodemi),  para comprar 330 mil toneladas de carbón mineral.

La apuesta por las energías sucias y sus ilícitas ganancias están por encima del falaz lance de acabar con privilegios de empresarios que “en vez de protestar debieran ofrecer disculpas”, como fue la salida aplaudida por sus focas en el circo mañanero.

Y no es distante la realidad a lo que ocurre en Pemex, considerada por la prensa extranjera como “la perla más valiosa del Estado Mexicano”, que está a un paso de la quiebra luego de haber sido fuente inagotable, proveedora de recursos en que se sustentó la economía nacional por décadas.

Aquí las cifras del fracaso rotundo en la deformación de cuarta no dan paso a pretexto alguno. La paraestatal registra pérdidas por casi 24 mil millones de dólares tan sólo en los primeros tres meses del año en curso. Esto equivale a 15 veces más de lo que ocurrió al respecto pero en el 2019, año en que ya llevaba las riendas del país, López Obrador.

Negativos que se acumulan pero demuestran que de enero a marzo de 2020, Pemex perdió más que en todo 2019. En ese primer año del (des)gobierno que habla del “bienestar, la esperanza y la fe”, como nuevo ordenamiento teologal, se registraron faltantes por 18 mil 367 millones de dólares, casi el doble de los 9 mil 575 millones de dólares que también perdió en 2018.

Pese a este escenario adverso, lejos de reconsiderar lo errático de apostar a un cadáver como son los combustibles fósiles, López Obrador intenta soslayar que el pago de la deuda financiera de Pemex, llegó a los 104 mil 800 millones de dólares en el primer trimestre del año y el total de pasivos subió hasta 179 mil 541 millones de dólares.

Por toda estrategia, el autócrata anunció que se aumentaría la producción, aunque frenada por el acuerdo que tuvo Donald Trump con los países productores (OPEP), para dejar al de Macuspana bailando con la más fea pues no sólo dejó que su súbdito, el bufón, hiciera el ridículo internacional sino que además debe pagar “un favor” a los Estados Unidos sin que esta ventajosa nación haya invertido un solo dólar a favor de México.

En resumidas cuentas, hoy  Pemex cuenta con apoyos del Gobierno federal por hasta 156 mil 158 millones de pesos, sin descontar que sigue adelante el proyecto faraónico que constituye la construcción de la refinería de Dos Bocas que tan sólo para este año y en plena pandemia, mantiene firme un presupuesto destinado por las polainas del tirano de 41 mil 300 millones de pesos.

La apuesta por el petróleo que ha dejado de ser insumo energético atractivo en el concierto internacional, a costa de empobrecer a México, un error garrafal que se suma a los muchos que ya acumula desde su circo montado en la gran carpa de Palacio Nacional.

Todo sin dejar de lado que el 5 de abril anunció crear 2 millones de nuevos empleos, pero tan sólo en ese mes se perdieron 500 mil, acumulando el déficit que también tiene en ese rubro.

No resulta extraño ahora que quiera cambiar los términos de desarrollo, economía, productor interno bruto y busque convencer que es el tiempo del “bienestar”, donde tener un par de zapatos y un auto desvencijado, es para darse por bien servidos porque no hay que ser “ambiciosos” ni pretender tampoco acumular riquezas.

Claro que como en otras ocasiones, echó mano de la caja cochina y tiró el buscapiés, la amenaza desde Morena, de desaparecer la propiedad privada como queriendo que se nos olviden todos los embustes que plagan su accidentado tránsito a lo que ambiciona hacer de México:

La dictadura perfecta.

Vale…