Descomplicado
Con un enfoque profundamente participativo, concluyó en el Centro Penitenciario de Alto Impacto el curso de formación e información dirigido a personal administrativo y custodios, en el que se trabajaron temas clave como la dignidad humana, los derechos humanos y las Reglas Bangkok y Mandela.
Durante las jornadas, el aprendizaje se construyó de manera colectiva. A través de dinámicas creativas y metodologías reflexivas, las y los participantes elaboraron productos como mapas conceptuales, textos de reflexión y mantas pintadas en colores vivos, que plasmaron la importancia de los contenidos abordados y su aplicación dentro de la vida penitenciaria. Estos materiales no solo reflejaron conocimiento, sino también el compromiso con una nueva visión: reconocer la dignidad de cada persona privada de la libertad.
Con el personal administrativo se profundizó en temas significativos: la cartografía de la paz, la reinserción social entendida desde la paz, la ética de los cuidados, el empoderamiento y la emancipación, todos ellos asumidos como herramientas de análisis y acción institucional.
El proceso tuvo como eje central la atención a tres grupos en situación de vulnerabilidad: mujeres, población LGBTTTIQ+ y personas originarias y afromexicanas, reconociendo que la reinserción social debe construirse desde la diversidad, la inclusión y el respeto a las necesidades específicas de cada población.
Los procesos forman parte del convenio de colaboración entre la Comisión Legislativa de Derechos Humanos del Senado de la República y la Coordinación del Sistema Penitenciario, lo que garantiza un respaldo institucional y refuerza el compromiso con la transformación del sistema penitenciario; proceso que fue mandatado a realizarlo al doctor Gerardo A. Herrera Pérez.
El cierre del proceso tuvo un momento especial: se presentó un performance a cargo de custodios, donde se escenificó la importancia de reconocer la dignidad humana, aplicar un enfoque de género, respetar a la población LGBTTTIQ+ y erradicar la tortura y los tratos crueles, inhumanos o degradantes. Este ejercicio artístico y reflexivo dejó claro que la capacitación también toca la sensibilidad, no solo el conocimiento.
Las y los participantes coincidieron en que este tipo de procesos constituyen una herramienta fundamental para la profesionalización del personal penitenciario. “La capacitación nos permite fortalecer nuestra labor bajo un enfoque de respeto a la dignidad y a los derechos humanos, generando condiciones más humanas y justas dentro del Cereso”.
Finalmente, se subrayó que estas acciones sientan las bases para construir una auténtica cultura institucional de paz, donde la atención a las personas privadas de la libertad parta de su dignidad y derechos humanos, consolidando así un modelo de reinserción social más humano, incluyente y efectivo, pensado desde adentro.




