Michoacán, antepenúltimo lugar en competitividad
Confieso que me quedé estupefacto cuando le escuché decir a la presidenta Sheinbaum que el crecimiento económico del país no era importante, que no se puede seguir creciendo porque el impacto ambiental sería muy grande y nocivo. Lo declaró como una respuesta a las críticas (“cantaletas”, les llamó ella) de que los peores años de crecimiento de nuestra economía han sido los de López Obrador y ahora los de su gobierno (con el peor porcentaje en los últimos 38 años).
Imposible pensar en que con un pensamiento así México pueda prosperar. ¿Cómo se podría generar más riqueza si estamos estancados? ¿Cómo se generarán más empleos para enfrentar la demanda creciente de las nuevas generaciones que entran al mercado de trabajo si no se amplían las empresas ya instaladas o se crean otras con nuevas inversiones? ¿Cómo así se recaudará más dinero para la hacienda nacional que permita enfrentar los retos del gasto público en programas sociales, no sólo los asistenciales (cada vez más usados como mercancía electoral), sino los de educación, salud y vivienda?
Además, ¿cómo se propiciará el crecimiento económico si se reduce hasta en un 12% el gasto en capital, además del 19% el gasto en inversión física? Es decir, sin inversión para el mantenimiento de la infraestructura actual y sin gasto en nuevas obras productivas, no existen ni existirán incentivos para atraer y dar confianza a la inversión privada, sin dejar de mencionar el abandono real del campo mexicano, cada día más improductivo, con la consecuencia de que crecientemente dependemos de la importación de productos agrícolas del extranjero, alejándonos de la tan cacareada “soberanía alimentaria”.
En realidad, el obradorismo gobernante no quiere reconocer que la base de los grandes problemas nacionales que padecemos está en la falta de confianza para invertir en nuevos negocios, así como en la incertidumbre jurídica generada y ahondada con la reforma judicial que eliminó la separación de poderes y sometió al poder judicial a los designios del ejecutivo. Eso, por una parte. Por la otra, la falta de seguridad para la gente en general y para los empresarios en particular, debido al amplio control territorial de los grupos delictivos y su alianza, con la correspondiente protección, de los gobiernos locales, principalmente de Morena.
Muy, muy lejos, estamos de que Sheinbaum acepte que ellos están equivocados y que no tienen un verdadero proyecto de desarrollo nacional, sino uno de control político cuyo costo siguen privilegiando, a pesar de que el país acelere su estancamiento y hundimiento. El fracaso de nuestra educación pública expresada en los desastrosos resultados que México obtuvo en la prueba PISA no encendió focos rojos en el gobierno. Se limitan a maquillar la realidad, no a resolver el rezago en materia educativa pues antes de ello están sus alianzas con poderes fácticos (CNTE y SNTE) que tienen secuestrada la educación en perjuicio de los niños y jóvenes estudiantes.
Acentúan nuestras preocupaciones el hecho de que en sus giras por el país con motivo de su segundo informe presidencial, la señora Sheinbaum abrace a gobernantes estatales señalados por sus vínculos con la delincuencia y que, particularmente en Sinaloa, reitere que la causa del acentuamiento de la violencia en los últimos años fue por la captura de “El Mayo” Zambada por parte de agentes norteamericanos, lo que le sirvió para reforzar su discurso de “defensa de la soberanía”. Ningún “mea culpa”, ninguna expresión solidaria con los familiares de desaparecidos ni con las familias desplazadas por la violencia criminal. En los hechos, sigue la protección a Rocha y sus correligionarios de Morena.
No saldremos, pues, del estancamiento. No creceremos a pesar de que López Obrador ofreció en campaña que terminaría su sexenio con 6% de crecimiento, aunque luego diría que lo importante era medir la felicidad. El resultado final será que este sexenio terminará con una reducción del 1% en ingresos per cápita; es decir, cada persona más pobre en lugar de tener mayor poder adquisitivo, según estudios del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas.
Y todavía se atreve la jefa del ejecutivo a sacar la falacia del perjuicio a la ecología. ¿Cuándo les importó el nefasto impacto ecológico de obras mal planeadas, mal ejecutadas y que además operan con pérdidas como lo son el Tren Maya, el AIFA o la refinería de Dos Bocas? Puras mentiras para eludir sus responsabilidades y tapar su corrupción e incompetencia.




