Teléfono rojo
La luz de lo alto
Es la misma clase política la que ha conducido la historia, después de la independencia. Les va tocando el poder por turno, se reparten por turno el hueserío.
Estamos en una tendencia hacia la dictadura, la tiranía, como la Cuba de los Castro o la Venezuela de Hugo Chávez y su descendencia perversa.
No es un secreto el coqueteo del gobierno de ya sabes quién con las dictaduras: se abstiene de condenar al sanguinario Putin, busca colaborar con Rusia, no reprueba a Nicaragua.
Para quien tiene los ojos abiertos y un mínimo de inteligencia queda manifiesto el camino a la dictadura: la Guardia Nacional, la militarización del país. Cuántos dictadores se mantienen en el poder sostenidos por los generales, recuerden a Pinochet y a dictadores de los países de Sudamérica. Hemos sido testigos de una dictadura caribeña, casi en nuestras fronteras, del régimen del terror de los Castro. Más de 60 años creando un pueblo oprimido, reprimido, hambriento, lánguido y triste, con un horizonte cerrado, sin esperanza. Lo he escuchado en grupos de trabajo internacionales de los hermanos cubanos.
La democracia en México en este momento no es tal, es como un juego, se la puede reducir con la gestión pública a un gran teatro político, cerrando los ojos a gravísimos problemas del momento.
Es muy triste reconocer lo que llevan dentro nuestros representantes populares a quienes dimos nuestro voto. Carecen muchas veces de una formación humana sustentada en los grandes valores de nuestra cultura y de nuestra religión.
No entienden o no les importa el valor de la persona humana, de los mexicanos hasta el último. No han querido, sino en el discurso, buscar los grandes valores universales de los mexicanos.
No muestran la generosidad y el desprendimiento de los bienes materiales y personales para servir olvidados de sí mismos.
Desapareció la casta de los héroes que sacrificaban todo, derramaban su sangre por la patria, su grandeza y su libertad. Surge inmediata y sublime la imagen de Morelos en aquel 15 de diciembre de 1815 en Ecatepec y detrás una multitud de mexicanos heroicos.
A la clase política actual le interesa salvar el pellejo, no ir a la cárcel por sus crímenes como Alito.
No contamos con la clase política, salvo algunas excepciones, algunas voces valientes de algunos legisladores.
¿Y el pueblo qué dice: ¿va a reaccionar, a hacer su defensa como soberano en un país democrático? ¿Está despierto y es capaz de heroísmo?
¿Vamos a dejar que se vayan al horno encendido el sacrificio de tantas vidas heroicas, de tantas revoluciones, las conquistas democráticas y el bienestar si bien precario del país?




