Pinceladas desde Lakamha
Viví ya 85 años. Increíble. Y estoy aquí para contarlo.
Escribir sobre la vida es un hermoso ejercicio de evocación, de memoria, de resurrección. Uno, el ser, son sus vivencias. En mi caso trato de recrear a mi pueblo, mi familia, mis amigos de la infancia y de la adolescencia, los maestros que me formaron y que intentaron educarme, mis tiempos. Como uno de la generación del 68 formamos parte del colectivo de protagonistas, cada quien con sus propias personalidades, sus aportaciones y defectos personales.
Escribano por vocación y por genética, he dejado negro sobre blanco mis testi- monios, experiencias, iniciativas, tesis, debates y propuestas en una especie de biobibliografía. Ahora, en ¡Camarada!, escribo sobre temas, problemas y aconteci- mientos que no había tocado con amplitud, como por ejemplo la izquierda en Monterrey, sin cuya comprensión es imposible entender a nuestro país; el paso por España; el giro o viraje democrático generacional; los detalles de la lucha y la gestión del registro del PCM; la mutación entre el XVI y los XVII y XVIII Congresos del PCM; las relaciones con el CEU; la fundación de Unidad Democrática; las batallas por la verdad, la memoria y la justicia. ¿Cabe una vida en 368 páginas?
En este texto recupero con breves variaciones algunos capítulos publicados en otros libros, como los relativos a la Marcha Estudiantil por la Ruta de la Libertad, Nuestro 26 de julio, los comunistas en el 68 mexicano, vivir en Lecumberri con enfásis en la huelga de hambre, es decir, momentos estelares de nuestra lucha, así como también algunos discursos útiles para evaluar y reafirmar mis convicciones y puntos de vista en coyunturas y encrucijadas definitorias de nuestra vida social y política, como los pronunciados al inicio de la campaña de la sucesión presidencial con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano como candidato común, pronunciado el 29 de noviembre de 1987 en Morelia, Michoacán; el leído el 30 de agosto de 1990 durante la visita del presidente Carlos Salinas de Gortari a Tuxpan, Michoacán; el presentado en la toma de la palabra durante la inauguración del Archivo General de la Nación, en lo que fue la catedral de la prisión política, el Palacio Negro de Lecumberri, en 1981; enunciado en presencia del presidente José López Portillo, de Alejandra Moreno, del gabinete y del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quien en esa ocasión entregó formalmente el archivo del general José María Morelos y Pavón.
Además, por primera ocasión escribo con relativa amplitud sobre mi relación con Luis Donaldo Colosio, así como respecto a las campañas en la Costa Grande y en Michoacán, con María de la Luz como candidata triunfadora, invicta y ahora legendaria referente, a quien dedico algunas páginas como haces de luz sobre nuesro amor y las pasiones comunes. Finalmente, relato la ya larga y penosa travesía de nuestra generación por la verdad, la memoria, la reparación integral y la compensación justa.
En ¡Camarada! incluimos una memoria gráfica de fotografías e imágenes de nuestras luchas y testigos individuales de la épica de la izquierda, seleccionadas y retocadas por Francisco Barajas Hernández y diseñadas por Maricarmen Mirand Diosdadoa. Y, sin duda, reincido en reivindicar el papel de los comunistas mexicanos en el movimiento del 68, en las luchas políticas, económicas y sociales por una nueva revolución, tesis que surgió como por arte de magia determinando la línea central e histórica del pcm de la segunda década del siglo xxi, en una ruptura radical con el mito de la permanencia histórica de la Revolución Mexicana sin solayar el grave error histórico cometido por quienes liquidaron y sepultaron al Partido Comunista Marxista en una fusión incondicional, de entrega total al decadente nacionalismo revolucionario.
También escribo algo sobre la formación de Morena, partido cuyo viraje de la izquierda fundacional al progresismo atado al sistema capitalista de producción se desenvuelve sin alternativa a la izquierda. Al respecto, cuento algo sobre mi relación personal con Andrés Manuel López Obrador, especialmente contradictoria dada la alianza tan estrecha con María de la Luz y la distancia tan enorme con mis ideales y convicciones.
En este libro, asimismo, evoco, recuerdo, añoro y rindo homenaje de gratitud, por supuesto que a mis padres, abuelos, hermanos, hijos y nietos; a mis maestros de la Isaac Arriaga, la primaria federal de mi pueblo; a la pléyade de niños y adolescentes que crecimos juntos, que integramos el coro de niños cantores o el equipo de futbol Dynamo, de Tuxpan; a los internos en Zitácuaro; a los integrantes de la generación del bachillerato único en la Universidad Michoacana y al inolvidable equipo de maestros; a los líderes estudiantiles; a los mártires nicolaítas; a los presos estudiantiles.
Siempre viviré agradecido a Virgilio Bucio Nateras, cuyo ejemplo se convirtió en paradigma. Recuerdo con mucho cariño a quienes en Monterrey me tendieron la mano de manera especial, menciono como tributo a Máximo de León Garza, a
Óscar Guajardo Gutiérrez, a José Luis Sustaita de los Reyes y a Beatriz, a Celso Garza Guajardo, a Raúl Ramos Zavala, a Eduardo González, a Chuy Ibarra, a los hermanos Escamilla, a todos los camaradas del MED, de JCM. Vivimos asistidos en una casa para estudiantes al lado de la Medalla Milagrosa, con René, Daniel, Pablo, Chego Moreno, con quien nos aventuramos en el viaje entre Tuxpan y Monterrey en el Niño Popis, un fortingo inolvidable. Claro que me siento muy contento de mencionar también a doña Gude García; a mi tía Esperanza, en Morelia; a Popa; a Rebe, en Monterrey.
Las fotos colectivas de los compañeros del CEN de la JCM de la CNED, de los delegados a diferentes Congresos del Partido renuevan la memoria en muchos compañe- ros poco mencionados. A mi tumba no arrastraré rencores ni sentimientos negativos. Hemos luchado con alegre rebeldía y así moriremos. Por ello, registro la influencia ejemplar de seres como Enrique Semo Calev, Arnaldo Córdova, Adolfo Mejía, Rafael Aguilar Talamantes y Enrique Rojas Bernal; la lealtad del “Lobito” Barragán y de todos los del Club 26 de julio; la bella presencia de las muchachas de la JCM, de la CNED, especialmente Martha Servín, Herlinda “La Chulis”, Sñanchez Laurel, Martha Galindo, las de Galeana; la amistad en el disenso de Marcos Leonel Posadas Segura; a Liberato Terán Olguín; por supuesto, a los cuatro con quienes viajé al Komsomol.
¿Cómo no pensar emocionado en Félix Goded, siempre tan amigos? Es verdaderamente hermoso tomarse el tiempo y la libertad para volver a pasar las películas de la vida, los viajes, las andanzas, incluso las persecuciones, la cárcel; las alegrías, las angustias. Y además poder contarlo. Viví dos aventuras de propiedad social con la formación de las Cooperativas de Comunicación Social y La Pintada como ensayos de la vida comunal. Agradezco las lecciones de sus integrantes y los buenos ejemplos. Gracias a Hiquingari Carranza y a Luis Sánchez Aguilar por su amistad y confianza, a los del barrio de Millet; a la familia Noria Domínguez. Tengo muy presente la amistad vecinal con Chela y Cristina Gómez, con toda su familia; con Rito Terán y Roberto Borja; con Joel Ortega Juárez y Pablo Gómez, con quien mantuve una estrecha camaradería durante muchos años.
En mis andanzas y tropelías he tenido infinidad de colaboradores, algunos de ellos de una lealtad a toda prueba: la brigada de los gladiolos, Martín Maya Leyva, Héctor Salayandía, Guillermo Rodríguez Malagón, Mario Loya, Carlos Reyes, Samuel Soto, Rogelio Hernández, Pepe Oviedo, Miguel Vargas, Violeta Ponce y la imprescindible, las más audaz y eficiente gestora, mi querida Martha Nateras Hernández. Registro además mi gratitud para Arnoldo Martínez Verdugo, quien me comisionó a auxiliar a María de la Luz en sus gestiones para ingresar a la UNAM, gracias a lo cual surgió nuestro romance, y a Manuel Terrazas por tanta bondad y tamaños apoyos.
Los libros son arte y en los nuestros siempre está presente la creatividad de Ma- ricarmen Miranda, de Víctor Martínez, de Carolina Pavia Sistos, de Héctor Mas- siel, de Casiano García y de cuántos y muchos más. Menciono a mis editores: Arturo Gutiérrez, David Turner Barragán, Xavier Martínez, Joaquín Díaz Canedo Flores, Socorro Venegas, y por supuesto, a Moi Garrido...
En estos mis primeros 85 años, hemos cultivado amistades y camaraderías indes- tructibles, verdaderas fortalezas humanas. Soy quien soy y quien he sido por mi mejor amigo: Evaristo Pérez Arreola, por Lalo Franco, por “Chicali”, por la generosa presencia de Juan Manuel Posadas. Muchos vacíos de información logré superarlos por las ayudas de memoria de “Chicali”, Luciano López, Ramón Sosamontes, Eduardo Ibarra Aguirre, Óscar Guajardo Gutièrrez. Durante los días más agudos de la represión después del 26 de julio, la hermosa camarada y magnífica actriz venezolana Teresa Selma, me acogió en su departamento, un refugio invulnerable.
Muy bien. Dicho todo lo anterior entrego el libro. Quizá no están todos los que son. Pero son todos los que están. No soy monedita de oro. Espero sus comentarios, sus críticas y, como tengo la convicción de que lo escrito siempre será útil, espero que algunas de mis memorias le sirvan a los jóvenes que puedan leerlas para entender que la lucha social, la inconformidad y la rebeldía son las palancas de la revolución y de la transformación democrática.




