Némesis
Primer año: un país partido
Hace un año tuvimos elecciones en el país para renovar los poderes Ejecutivo y Legislativo en los ámbitos nacional, estatales y, en Michoacán, también elegimos alcaldías.
No es un año de gobierno nuevo, hay que aclarar, porque el cambio de estafeta se dio hasta el uno de diciembre, pero, raramente, porque el Presidente en turno estaba cansado, derrotado o qué se yo, a partir del día 2 de julio, dejó prácticamente de gobernar.
A partir de entonces, el presunto ganador empezó a tomar decisiones, anunciar grandes cambios, y a usar su palabra mágica corrupción para anunciar batallas, desacreditar y cambiar los modos prácticos de gobernar. Así que, decir que cumplimos un año de nuevo gobierno, no está tan lejos de ser real.
Vale la pena hacer un repasito, nomás porque es tan frecuente su repetición de discursos y de uso de su palabra mágica, que lo tenemos bien presente.
Bueno, una incorporación de discurso que aún este fin de semana usó su secretario de Seguridad fue que le heredaron un montón de problemas los anteriores.
Inició un gobierno de palabra y de bromas, por no decir que un gobierno de violentar la Constitución y sus instituciones desde el principio: lo que parecía broma, esa consulta a mano alzada, sin una muestra significativa de ciudadanos del país, sin una explicación técnica financiera fundadas, sin material, sin insaculación de contadores de ‘manos alzadas’ o boletas, ya ni decir: sin personalidad jurídica, sin seguir la norma constitucional, sin oposición del gobernante en turno, se atrevió a consultar si la construcción de un nuevo aeropuerto internacional que se construía ya en Texcoco, se suspendía, y sentenció que la consulta patito, o ganso, se suspendía.
Así en broma, porque se le ocurrió, plantó en nuestra nación la forma de decidir sobre nuestro futuro. Me refiero a nuestro futuro porque a partir de esa broma, nuestro país comenzó a perder credibilidad, la incertidumbre se apoderó del país y del extranjero respecto de México y su futuro y, además, poco a poco el gobierno de discurso ha ido haciendo de este país uno partido en dos, que para defenderse unos de otros poco a poco también se han ido haciendo intolerantes y la ausencia de autoridad que tome decisiones, hace de nuestro campo de vida cotidiano uno inseguro, incierto, enojado, enfrentado.
Así no va bien un gobierno; no es de palabras, no de palabra mágica y de razón pueril de sólo culpar a otros, merecemos un mejor país, uno donde todos quepamos, podamos soñar en mejorar nuestra propia condición, no merecemos que nos devalúen creyendo que sólo que el Presidente nos de dinero vamos a poder sobrevivir.




