Descomplicado
Democracia y la píldora de AMLO
Soy de los que no creen en el “amor a primera vista”. Soy firme convencido de que tienes que luchar para conquistar lo que quieres, lo que deseas, lo que crees que será lo mejor para ti y para los tuyos. En resumen; que nada puede ser gratis, que nada es regalado pero mucho menos te lo deben imponer.
Ser honesto y aplicar la equidad son principios, pero no los veo jamás como DECRETOS DEL GOBIERNO.
En enero del 79 ingresé a la entonces paraestatal Sicartsa. Vivía mi juventud plena y jamás antes había trabajado en una industria, mucho menos había sido afiliado a sindicato alguno.
A los pocos días de obrero se acrecentó una lucha entre grupos por el control de la dirigencia sindical de la Sección 271 del Sindicato Nacional Minero, liderado desde años atrás por el ya finado, Don Napoleón Gómez Sada, padre del actual líder nacional de ese mismo gremio, Napoleón Gómez Urrutia.
Un sentimiento personal me llevó a “enrolarme” al lado de uno los tres grupos que se disputaban el poder. Estatutarios, en el poder local y nacional, Línea de Masas y Democracia Proletaria.
Poco a poco fui entendiendo la política de entonces y a casi 40 años después, no le veo cambios. Si debiera corregir, el cambio que aprecio es regresivo.
Entendí que la democracia es respetar la voluntad de las mayorías, pero aceptando que las minorías son esenciales, necesarias y hasta indispensables para la defensa de los intereses de la colectividad ante un adversario en común.
Esa visión sindicalista la aprendí tiempo después del mismo Señor Napoleón Gómez Sada, entonces tachado de “charro” por “masecos” y democráticos”, de estos últimos formé parte como expresión sindical y que fue mi escuela en esas lides.
Por lo menos desde entonces, de cuando ya tuve la suerte de iniciarme como parte del gremio minero, se ha respetado el voto de los obreros para elegir a sus representantes.
Desde entonces todos los procesos han sido a puerta de fábrica, bajo control y vigilancia del CEN y de los grupos políticos que participaban. Las urnas ya eran transparentes, ya había conteo voto por voto por los trabajadores. Todo el proceso era vigilado por enviados del CEN y al final, se respetaban los resultados.
Es decir, dese hace 40 años los mineros ya eran ejemplo nacional de como ejercer la democracia “participativa”. Nadie ahora está descubriendo el agua hervida como tanto se presume.
Gracias a esa libertad lograda a pulso por los mineros, pero que ya estaba impresa en los Estatutos de entonces, la dirigencia sindical local fue cambiando de manos entre los “masecos” y “democráticos”, pero respetados los cambios por los “estatutarios”, incluido por supuesto el Comité Ejecutivo Nacional en manos de Don Napoleón Gómez Sada.
La lucha sindical de entonces permitió que los “democráticos” ganáramos el grupo B de la 271 en abril de 1984 y fue así que fui electo secretario local de Trabajo y cinco más de mis compañeros de entonces repartidos en otros cinco cargos titulares.
¿Y porqué esta historia que no tiene el propósito de ser personal?
Porque hoy el nuevo gobierno federal pretende dictar la democracia desde el poder para todo y para todos y hasta en la familia. Pero hay algo que parece extraño. Hay mineros, sí, hay algunos mineros que le festejan a AMLO cuando afirma que ya no habrá “charros” en los sindicatos, que los líderes serán electos por los agremiados.
Puedo estar de acuerdo que muchos mexicanos vivimos en atrasos por culpa del gobierno, pero no puedo aceptar que los mexicanos o el sector de los obreros hemos vivido dominados en nuestra voluntad por el gobierno.
No los mineros, no los de la Sección 271 que han sido ejemplo de luchas nacionales y que en algunos extremos han llegado a derramar su sangre, justamente defendiendo al líder que eligieron por su voluntad. Es decir, les han arrebatado vidas en su lucha por la democracia.
Recuerdo que antes los Estatutos sindicales decían que había que votar por el partido en poder en el gobierno federal. Era el PRI.
Refrendarlo era un acto de conciencia, pero no supe de alguien sancionado por votar en contra.
El finado Napoleón Gómez Sada llegó a ser Diputado Federal y hasta Senador por el PRI. No sé si fue buen priista, pero sí tengo elementos para afirmar que fue un buen dirigente sindical.
Napoleón Gómez Urrutia fue director de la Casa de la Moneda y de ahí salió para ser precandidato del PRI al gobierno de su estado natal, Nuevo León.
No podría afirmar que Gómez Sada fue corrupto o que se enriqueció de las cuotas sindicales. No tuve conocimiento de su de vida personal o familiar
Sin embargo, en ese entonces por consigna que se hizo sistema, quienes estábamos fuera del poder sindical y que teníamos el propósito de conquistarlo, la herramienta más fácil para ganar simpatías era tachar y juzgar de corruptos y anti democráticos a quienes estuvieran del otro lado.
Hoy López Obrador es presidente de México. Hoy promete democracia en los sindicatos, en las agrupaciones de todo tipo, rechaza toda corrupción, pero no señala a quienes supone corruptos. A estos el perdón.
Hoy el líder minero, Napoleón Gómez Urrutia, es Senador por el partido de AMLO.
Sus adversarios le han cuestionado cómo es que llegó al cargo que tenía su señor padre.
Le han pedido que explique cómo distribuyó entre mineros 50 millones de dólares que ganó en un juicio a Grupo México gracias a la visión de su padre al formar un convenio previo a la privatización de la Minera Cananea.
Para quien esto escribe, el finado Gómez Sada debiera ser el merecedor de los respetos y reconocimientos por haber aceptado y respetado la diversidad de pensamientos, sin perder de vista que trabajadores y empresas se ocupan entre sí.
Esto sí es buscar el equilibrio entre el Capital y el Trabajo.
La pregunta sería si nuevamente Napoleón Jr. llega al Senado gracias a la democracia y lucha de su padre o a la alfombra tendida por AMLO.
Agregaría que los mexicanos no ocupamos nos dicten reglas para acceder a la democracia, lo que ocupamos es que el gobierno deje de entrometerse en la libre determinación de los ciudadanos.
Yo insisto, la democracia y el poder no se entregan, se conquistan. La retórica se convierte en espejitos. Bienvenido a LZC. HASTA LA VISTA.




