Libros de ayer y hoy
En un ambiente cercano, de convivencia y fraternidad, vecinas y vecinos de distintas colonias, integrantes de la sociedad civil, liderazgos comunitarios y promotores de la paz se reunieron en un acto sencillo, pero profundamente significativo: partir la rosca como símbolo de unidad, encuentro y participación ciudadana.
Este espacio, casa de Ángel de corazón porque te nace ayudar. A.C. permitió fortalecer lazos entre la comunidad y diversas instituciones, demostrando que la construcción de una mejor sociedad nace desde lo comunitario, desde el diálogo, la escucha y la voluntad de sumar esfuerzos. La presencia de la organización social, de miembros del Sector Salud, del Sistema Anticorrupción, así como de la Fiscalía Especializada en Derechos Humanos y Libertad de Expresión refrendó la importancia de mantener un vínculo cercano con la ciudadanía, reconociendo que la defensa de los derechos humanos se fortalece cuando se camina junto a la gente.
Durante el encuentro, el Gerardo A. Herrera Pérez destacó que este tipo de acciones tienen un valor que va más allá de lo simbólico, pues permiten visibilizar las agendas sociales que deben ocupar un lugar central en el 2026.
“La sociedad civil debe colocar en el centro de sus agendas la atención a las infancias y a los adultos mayores. En particular, a niñas y niños en situación de calle, como los llamados ‘vendedores de chicles o mazapaneros’, así como a adultos mayores que viven violencia física, patrimonial, económica y psicológica, y a las personas en condición de calle. Son realidades que nos interpelan como comunidad y nos exigen actuar con sensibilidad y compromiso”, reiteró.
Por su parte, el Presidente de la Asociación “Ángel de Corazón, porque me nace ayudar” Miguel Ángel Martínez, subrayó la necesidad de no bajar la guardia en la construcción de una sociedad más incluyente:
“Debemos seguir avanzando en el fortalecimiento del trabajo comunitario, apostando por la inclusión y el respeto a las diferencias, porque solo así podemos generar entornos más justos y solidarios”, afirmó.
La partida de la rosca se convirtió así en un acto comunitario con fuerza ética y social, donde compartir el pan significó también compartir responsabilidades, esperanzas y compromisos. En tiempos complejos, estos encuentros recuerdan que la participación ciudadana se construye desde lo cercano, desde la comunidad organizada y desde la convicción de que nadie debe quedarse atrás




