Un rey sin corona
Partidos políticos en crisis
Héctor Chávez Gutiérrez
Hoy los partidos políticos mexicanos están pasando por severas crisis de institucionalización. Las normas con las que fueron creados cada vez son menos funcionales para resolver las controversias que se dan entres sus militantes, entre sus grupos y con sus liderazgos.
La institucionalización, según el politólogo italiano Angelo Panebianco, mencionaba que esta era la capacidad que tenía una organización política para hacer frente a los cambios en el medio ambiente, entendiendo este como su entorno social; la institucionalización pasaba también por el respeto a los estatutos por parte de la militancia y la capacidad de los órganos de control interno para hacerse respetar por parte de los afiliados.
En este momento la institucionalización esta lejos de estar presente en la mayor parte de los partidos y en él único que podríamos ver como institucionalizado, cada vez es más notable que esta se va desvaneciendo en el día a día.
Algunos de nuestros partidos políticos mexicanos son producto de liderazgos de corte carismático, lo que hace que su suerte dependa de una figura que logra que diversos grupos se aglutinen en su entorno, dependiendo su éxito de la suerte del líder. El PRD lo vivió durante años, al atar su éxito o fracaso en torno a figuras como Cuauhtémoc Cárdenas en un primer momento y cuando la estrella de este empezó a ocultarse, con la de Andrés Manuel López Obrador, con el que logró sus mejores logros políticos, pero también su declive a la salida de este y posterior formación de Morena.
Morena es el partido del éxito en este momento, el creciente número de gubernaturas bajo su control son una clara muestra de ello, si bien también ha tenido algunos retrocesos, como el perder la mayoría para lograr reformas constitucionales sin necesidad de negociar con la oposición, no cabe que es el partido con mayor número de simpatizantes, el detalle es hasta que punto sus militantes y seguidores se identifican con su ideología o son, más que morenistas, obradorcistas, que no les interesa tanto el partido, como el éxito del líder. Cada vez son más publicas las evidentes disputas entre sus diversos grupos integrantes y esto se puede agudizar conforme se acerque el 2024 y se haga más abierta la disputa por las posiciones.
El PRI no tiene mejor suerte; con un liderazgo debilitado por las diferencias con diversos actores de peso dentro del partido, como el exsecretario de gobernación, Osorio Chong, sólo por mencionar un nombre, y con una imagen día a día mas deteriorada por los diversos audios que muestran un líder nacional muy dado al desprecio de diversos sectores sociales e involucrado en diversas acciones de dudosa honorabilidad, poco a poco ha ido perdiendo los estados donde otrora fuera imbatible. La prueba de fuego la tiene el año que viene, cuando se dispute su ultimo bastión: El Estado de México.
Por último, el PAN, siendo el partido con mayor institucionalización, lograda en gran medida por los largos años en que fue un partido de oposición, tampoco tiene todas consigo. Su liderazgo permanentemente esta sometido a la crítica no tanto por parte de los analistas o rivales de partidos contrarios, sino desde adentro, en parte por una disputa en parte sobre sí el partido debe ir solo a las elecciones venideras o en alianza, disputa entre puristas y pragmáticos, además por decisiones de Marko Cortés, al que se ve como interesado solamente fortalecer a su grupo, siendo poco incluyente de las diversas expresiones panistas.
Como pocas veces, el conjunto de los partidos políticos mexicanos, los mencionados aquí y los que se omitieron, pasan una serie de problemas internos, que los distrae de presentar una agenda innovadora de gobierno y es lógico esto, si no tienen en orden la casa, poco pueden hacer para ofertar algo novedoso para las necesidades de los mexicanos. Por el momento son máquinas de movilización de personas, pero no de generación de ideas. Hace falta retomar ese camino.




