Descomplicado
Las marchas… ¿y el Presidente? En una descripción sorprendente, el viejo político estadunidense Bill Richardson dijo hace cuatro años que el presidente Enrique Peña Nieto concentraba “el carisma de Reagan, el intelecto de Obama y las habilidades políticas de Clinton”. Eran días en los que avanzaba sin obstáculos el Pacto por México y al presidente se le veía en el mundo como una estrella promisoria en el firmamento de la política internacional.
Tiene “muchísimo carisma, una capacidad para entender rápido los problemas y la humildad para reírse de sí mismo”, escribió el ex gobernador de Nuevo México. Quién sabe si Richardson sostendría hoy esa generosa opinión, no sólo en relación con los pobrísimos resultados de las reformas estructurales producidas por el pacto, sino sobre todo a la luz del desempeño de Peña Nieto y de su gobierno frente a las amenazas del presidente estadunidense Donald Trump contra el país.
La política asumida por el gobierno de Peña Nieto ante el nuevo gobierno de Estados Unidos está resumida en la frase “ni confrontación ni sumisión”, que suena muy bien en los discursos pero que choca con la actitud notoriamente pasiva que tanto el presidente como su secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, mantienen en los hechos.
Continuar leyendo: Quadratín Guerrero




