Al derecho y al revés
M. en D. Reyes Galindo P.
Originario de La Huacana / 31 años / Licenciado en Derecho y Maestro en Ciencias Políticas por la UMSNH / Máster en Estrategias Anticorrupción y Estado de Derecho por la Universidad de Salamanca, España / Asesor parlamentario y municipal / Analista político / Catedrático universitario.
LAS BALAS DE LA MIGRACIÓN
Según el Diccionario de la Real Academia Española, el término “xenofobia” significa “odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros”.
Las trágicas “matanzas” de las últimas semanas en El Paso, Texas y Dayton, Ohio, han vuelto a plantear la grave responsabilidad del Presidente Trump por alentar, recurrentemente, en sus discursos racistas, el odio, la intolerancia y la discriminación hacia los hispanos.
No han sido pocas las veces en que el Presidente emplea en sus palabras una retórica que aviva el supremacismo blanco, esta idea de que la raza blanca es genética, biológica y culturalmente superior a las demás y que los inmigrantes son invasores que deben ser contraatacados de forma violenta, para asegurar la existencia de un futuro para los niños blancos. De hecho, algunos analistas han revisado que, desde mayo de 2018, el magnate empresario ha utilizado más de 2 mil ocasiones en sus redes sociales, la palabra “invasión”, para referirse al fenómeno migratorio.
Primero, en las elecciones presidenciales de 2016, fue la promesa de construir un muro que abarcara toda la frontera sur de los Estados Unidos y que supuestamente México pagaría a través de tarifas de cruce de frontera y aranceles; ahora, en su intento por ser reelecto en 2020, puede ser una fuente de inspiración para los ataques xenofóbicos, al endurecer –para la euforia, regocijo y aplausos de los presentes- el tono de sus mensajes contra la comunidad latina, en lo que es, sin duda, una errónea interpretación de la Doctrina Monroe, sintetizada en la frase: “América para los americanos”.
El especialista Alonso Cedeño, en una reciente publicación para El Universal, señala que apenas el pasado 8 de mayo, en un evento público, el Presidente Trump preguntaba a su auditorio republicano: “¿cómo detener a estas personas’”, refiriéndose a los migrantes indocumentados, cuando alguien gritó “disparándoles”. Según el artículo, el neoyorquino solo sonrió, sin hacer esfuerzo alguno por atajar la respuesta espontánea.
Para el que escribe, además del destino fatídico que promueven los discursos de odio contra los latinos, hay otra línea que necesariamente debe analizarse, y es la relación directa de toda la violencia en EU con el libre tráfico de armas de fuego. Miembros del Partido Demócrata, opositores al gobierno, aseguran que en la actualidad existen millones de pistolas, rifles y ametralladoras a disposición de los civiles en suelo americano y que es muy fácil comprarlas; a pesar de ello, el Presidente ha amenazado con vetar cualquier iniciativa de ley que tenga que ver con controlar su distribución y uso.
Y es que, aun cuando en su cuenta de Twitter, la que usa como medio oficial para casi todo, condenó los hechos de sangre; en la conferencia de prensa respectiva, el inquilino de la Casa Blanca minimizó sus causas, al asegurar que el internet y los juegos violentos son lo que influyen en dichas conductas. Sobre las armas dijo: “las enfermedades mentales y el odio aprietan el gatillo, las armas no”.
Y usted, ¿qué opina?
Termino con una muy breve y sencilla reflexión, a propósito de los gobiernos populistas, los que en el discurso dicen estar del lado correcto de la historia, el mismo en el que los “otros” son la verdadera amenaza al bienestar; bien valdría la pena detenerse a pensar un poco que lo más correcto en toda historia siempre será la tolerancia a la diversidad.
¡Ojo, los discursos de odio también matan!
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