ALGUNAS CONCLUSIONES DE LA CONSULTA

El fin de semana del jueves al día de hoy, domingo 28 de octubre, se celebró la consulta organizada por el equipo del futuro gobierno de la República, que encabezará Andrés Manuel López Obrador, para determinar la opinión de la ciudadanía sobre dos alternativas excluyentes entre sí:

1. La conclusión del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (AICM), cuya construcción sobre el lago de Texcoco se iniciara hace casi cuatro años, con una inversión a la fecha de más de 100 mil millones de pesos y cuando menos otros 200 mil millones a precios actuales pendientes de invertirse. Esta opción significará necesariamente, de seguir adelante, el cierre de operaciones del actual aeropuerto capitalino, Benito Juárez.

2. La cancelación del proyecto y construcción del AICM , manteniendo en operación el aeropuerto Benito Juárez, remodelando el aeropuerto militar de Santa Lucia y habilitando el de Toluca, para darle oxígeno durante un par de décadas a las crecientes necesidades aeroportuarias de la capital del país y su zona conurbada.

Debo confesar que a lo largo del debate mi opinión cambió en diferentes momentos. En algunos, pensé como ciudadano preocupado principalmente por el medio ambiente y el daño que la construcción del nuevo AICM infringiría a la zona de amortiguamiento de la CDMX del Lago de Texcoco y el llamado Lago Nabor Carrillo, y consecuentemente a las especies animales y vegetales que habitan en sus alrededores, así como a la población asentada en su zona de influencia y en la capital del país. En otros momentos pensé como ciudadano mayormente preocupado por el impacto que la decisión de suspender el proyecto de nuevo aeropuerto tendría en la economía nacional: advertencias de suspensión de inversión extranjera en México, baja en los niveles de confianza al país que las calificadoras internacionales (estadounidenses principalmente) otorgan a las economías nacionales en el contexto internacional, riesgo de que los más poderosos inversionistas mexicanos se lleven su inversiones a otros países, etc.

Después de mucho reflexionar, conocer y atender argumentos de especialistas en cuestiones ambientales y económicas, concluí que la decisión es en muchos sentidos relevante, pero sobre todo en que este debate sinsentido para unos y aleccionador para otros, sienta un precedente fundamental para los ciudadanos sobre la forma en que el gobierno que apenas iniciará sus funciones el próximo 1º de diciembre ofrece actuar frente a la población durante su gestión; esto es con transparencia y atendiendo sus opiniones.

A partir de lo anterior reflexiono lo siguiente. Si la obra del nuevo AICM sigue adelante, eventualmente el cierre del aeropuerto Benito Juárez significará sacrificar la inversión que se ha hecho en el mismo hasta ahora, y que supongamos de manera arbitraria es de 100 mil millones de pesos. Esto equivale a lo mismo que se dice se ha invertido hasta ahora en el proyecto del nuevo AICM.

Pienso además, ¿no sería más razonable la construcción de un gran aeropuerto para la CDMX y el centro del país en la zona de Tizayuca, en el Estado de Hidalgo, zona en que los especialistas señalan como óptima, que diera atención a la capital y su zona de influencia? Un aeropuerto funcional, pero sin lujos excesivos y costos de mantenimiento racionales, a la altura de las posibilidades y la realidad mexicanas, que además permitiría que el aeropuerto Benito Juárez siguiera operando para vuelos nacionales e internacionales, como lo hacen Gatwick y Heathrow en

Londres, Orly y Charles de Gaulle en París, LaGuardia y JFK en Nueva York, y muchos otros más en diversas ciudades importantes del mundo.

Desde luego que llegar a Tizayuca con rapidez y eficiencia desde la CDMX resultaría en inversiones necesarias para un tren rápido y una autopista expresamente diseñada para tales fines; inversiones que si se fueran haciendo de manera paralela a la construcción de una aeropuerto en esa región hidalguense, evitando la especulación dela tierra vecina, seguramente pudieran financiarse con recurso fiscales y recuperarse con creces para beneficio del país y la población que habita en la zona de influencia, y no exclusivamente para un puñado de supermillonarios y especuladores, como se señala con argumentos sólidos que sucedería con la obra del NAICM si esta continúa hasta su conclusión.

Una decisión de esta naturaleza permitiría también pensar en recuperar el lago de Texcoco como una zona de manejo acuífero y pluvial para buscar el equilibrio ambiental en esa zona del CDMX y del Estado de México, y contener el crecimiento urbano salvaje hacia el norte de la capital del país.

Cualquiera que sea la decisión del gobierno que encabezará a partir del 1º de diciembre Andrés Manuel López Obrador, lo que queda claro es que el día de hoy los mexicanos interesados en el tema tenemos información basta sobre sus implicaciones económicas y ambientales, y confirmamos la manera obscura en que el gobierno saliente y sus predecesores han actuado siempre respecto a temas de interés público.

¡Bienvenidos el debate, el escrutinio, y la consulta públicas, con todo y sus defectos!