Detienen en Colima a 2 vínculados a un intento de feminicidio en Yucatán
Los actuales momentos de la vida política del país exigen al conjunto de las fuerzas comprometidas con la democracia que actúen con inteligencia y mucha responsabilidad. Lo que está en juego es la supervivencia (o muerte) de nuestro régimen democrático, aunque la mayoría de la población no lo perciba y siga otorgándole su aprobación al gobierno de Sheinbaum.
Bien lo subrayaron la semana pasada varios expresidentes nacionales del INE (e IFE), durante un coloquio celebrado en la Ciudad de México, que el objetivo de la reforma electoral anunciada por la presidenta morenista es sepultar los últimos componentes esenciales de la república democrática en México al querer borrar a la oposición y controlar desde el gobierno los procesos electorales. Por ello mismo es de atenderse el urgente llamado a sumar esfuerzos de todo tipo en un amplio frente policromático, de la mayor confluencia política, social e ideológica en defensa de la república.
De consumarse esa amenaza morenista-obradorista perderíamos las libertades esenciales de opinión, pensamiento, organización y competencia política en elecciones libres, auténticas y democráticas, con lo que quedaríamos en condiciones peores que las existentes antes de la transición que hizo posible la apertura del viejo régimen político.
Son tiempos de resistencia, de no bajar la guardia, de no darse por vencidos. Ni por parte de quienes venimos de una larga lucha política organizada en favor de las mejores causas del país en distintos partidos, ni por quienes defienden su derecho a la libre expresión desde las trincheras informativas, de opinión y académicas; como tampoco por las múltiples organizaciones de la sociedad civil y las cámaras empresariales hoy atemorizadas por el creciente autoritarismo presidencial, ni por quienes desde los órganos electorales (INE y Tribunal Electoral), aún en minoría, defienden la institucionalidad republicana.
Dicho de otra manera: cada quien desde sus propias trincheras debería ir acumulando fuerzas y hacer valer sus propias potencialidades para evitar que nos desaparezcan y nos ignoren. Y también, entendiendo que todos los comprometidos con estos principios somos necesarios, debemos vernos como parte de un mismo torrente, asumirnos como aliados y estar dispuestos a sumar esfuerzos.
Estoy convencido de que hay que impulsar sin recelos de ningún tipo la conformación de este frente amplio en favor de las libertades y la democracia, ya que en las circunstancias actuales éste es el mejor antídoto para enfrentar en mejores condiciones el autoritarismo de carácter dictatorial que está en marcha.
Ellos, las dirigentes del obradorismo, están enfermos de poder, insaciables en la corrupción y el dinero mal habido, y se saben protegidos por la impunidad cómplice. Es decir, no los unen principios políticos ni ideologías, sino intereses. Por eso harán todo lo que esté a su alcance para mantenerse en el poder el mayor tiempo posible, aún cuando pongan en peligro al Estado nacional por sus alianzas con los grupos delictivos para ganar elecciones y coloquen en severo riesgo la soberanía nacional por nuestra vulnerabilidad ante los ataques de Trump.
Lo suyo es imponer autoritariamente un nuevo orden, sin entender "que los cambios (los profundos) son procesos y los procesos son lentos; si no, son autoritarios: un cambio que se impone no produce efecto, genera resistencia, conflicto... y no cala hondo ni tiene futuro, porque luego viene otro y lo anula", como lo diría atinadamente una autoridad eclesiástica citada por Javier Cercas en su magnífico libro “El Loco de Dios en el Fin del Mundo”.
Sólo la fuerza de toda la sociedad organizada, comprometida con la república, le pondrá, más temprano que tarde, un alto a esta locura dictatorial para construir un nuevo régimen democrático, incluyente y con sensibilidad social que dé continuidad al mejoramiento de los sectores sociales más necesitados, como con el correspondiente al incremento permanente del salario mínimo, sin descuidar el necesario crecimiento económico para crear nuevos empleos. Esa debiera ser la apuesta.




