De frente y de perfil
El ánimo presidencial se mueve entre el júbilo por el anuncio de nuevas inversiones y el manifiesto enojo por los constantes reclamos sociales en sus giras por el país. Por ejemplo, la presidenta Sheinbaum recientemente anunció en Tlaxcala proyectos de inversión de hasta 500 millones de dólares (unos 9 mil millones de pesos), que crearían miles de empleos, al mismo tiempo que enfrentó una airada protesta de pobladores en territorio poblano por su rechazo a la construcción de una planta recicladora de desechos sólidos, con visibles muestras de molestia y enojo, lo cual es cada vez más notorio en las últimas semanas.
Asimismo, aunque presume en sus “mañaneras” de su “altísima popularidad”, se multiplican las versiones sobre reiteradas escenas de ira (en público y en privado), explosiones de coraje ante sus colaboradores cada vez que algún problema le estalla en la cara. Se dice que el origen de ello es la desesperación presidencial porque un día sí y otro también se revelan la multiplicidad de problemas que le heredó su antecesor en diversas partes del país y en distintas áreas: que si el derrame de petróleo en el Golfo de México, los incendios en la refinería Dos Bocas, el descarrilamiento del Tren Transísmico, el hundimiento de pilotes en las vías del Tren Maya, protestas de agricultores y transportistas de carga, las masacres en múltiples partes del país, el reclamo de familiares de personas víctimas de desapariciones forzadas, el informe del Comité Especial de la ONU que señala este fenómeno como posible crimen de lesa humanidad, así como ante las evidencias de la insostenibilidad del gasto público para sostener los programas sociales en crecimiento.
De la mano de esos problemas heredados del anterior sexenio de López Obrador, han surgido los atribuibles a sus propias decisiones, como la reforma al sistema judicial, la eliminación fáctica de la Ley de Amparo, la retroactividad inconstitucional en cuanto a las prerrogativas a jubilados y pensionados de gran número de dependencias y el haber dado luz verde a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) para intervenir cuentas bancarias sin que medie orden judicial.
De tal manera que, a pesar de que prácticamente cada semana se anuncian nuevas inversiones de capital privado, nacional y extranjero, la economía sigue estancada, sin crecimiento. ¿Por qué? ¿Dónde están realmente esos recursos que deberían funcionar como el motor de una economía cada día más dinámica?
La explicación más realista es la que da el propio Banco de México, según una encuesta aplicada a 400 especialistas del sector privado en la cual el 0% (¡cero por ciento!) considera que el actual es un buen momento para invertir (o sea que no debe invertirse), en tanto que el 68% considera que el clima de negocios podría empeorar en los próximos seis meses. Las razones: que las últimas reformas impulsadas por el obradorismo (hoy, por Sheinbaum) no generan confianza debido a la marcada incertidumbre jurídica.
Por ello mismo, a la par se presenta un fenómeno que recientemente da a conocer la revista Forbes: tan sólo en lo que va del 2026 más de 28 mil mexicanos obtuvieron residencia legal en España y más de 9 mil en Portugal al cumplir el requisito legal “de invertir un mínimo de 50 mil euros en inmuebles o que demostraron ingresos superiores a 42 mil euros anuales, que son ya un 41% más en comparación con los registros anteriores”. Ellos son de la parte superior de la pirámide de ingresos, de diversas profesiones y actividades. Y la revista estima que de continuar esta migración de personas con sus capitales en los próximos 5 años, el fisco mexicano perdería entre 45 y 60 mil millones de pesos anuales, que es mucho más de lo que recauda por impuestos a las bebidas azucaradas. En tanto, una encuesta reciente de De las Heras aplicada a personas con un patrimonio superior a los 10 millones de dólares revela que el 52 por ciento piensa emigrar antes de las próximas elecciones presidenciales.
Las causas, consigna Forbes, son las mismas que las enunciadas líneas arriba en la encuesta del Banco de México: inseguridad y falta de confianza ante la incertidumbre jurídica de sus propiedades. Dicho de otra manera, ahí está la explicación del no crecimiento, del estancamiento económico. El panorama es sombrío porque el daño es autoinfligido, como lo señaló The Economist hace unos días.
Por eso, en lugar de seguirse molestando todos los días porque las cosas no están bien y los reclamos se multiplican, lo obligado sería rectificar. Pero la Señora Presidente no quiere, y prefiere seguir chapoteando en las arenas movedizas de su pantano palaciego.




