De frente y de perfil
Como dos fuerzas que fueron ríos caudalosos el PRI y el PAN hoy buscan confluir en un mismo cauce, aunque las aguas no siempre se mezclan tranquilas.
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El PRI, que gobernó siete décadas como el sol que no se ponía, y el PAN, que nació como brújula de la sociedad, hoy comparten una misma sombra: la de quien ha visto menguar su luz frente al tsunami morenista.
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Los actores principales del escenario son:
Alejandro "Alito" Moreno — timonel del PRI. Insiste en la alianza como quien pide cobijo en tormenta; llama a unir fuerzas, pero su propia imagen pesa como ancla en el ánimo ciudadano. Cometió errores que ahora debe pagar, como su balandronada aquella de "Vamos a matar a los periodistas de hambre".
El líder del PAN Jorge Romero Herrera, oscila entre la mano extendida y el paso atrás: primero dijo no a la coalición, luego abrió la puerta, sin terminar de decidir si entrar o salir
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Hay otros nombres que encienden la esperanza — perfiles estatales donde la unión podría florecer: Adrián de la Garza en Nuevo León, Antonio Astiazarán en Sonora, Mario Zamora en Sinaloa, Marco Bonilla en Chihuahua, Nicolás Quintero Montgomery, o Edwiges Fragoso Ssucedo, en Durango, o Enrique Galindo en San Luis Potosí. Son las semillas de un triunfo posible, donde la alianza local podría vencer a la dispersión nacional.
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Movimiento Ciudadano, se mantiene al margen: es el tercer río que prefiere su propio cauce antes que mezclarse con las aguas viejas
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En el nivel nacional, la coalición formal se desvanece como niebla al mediodía: PRI y PAN no han logrado el abrazo total. En cambio, en los estados se tejen candidaturas comunes —un mismo rostro para dos partidos— que podrían dar la batalla en cinco entidades clave. La matemática es fría pero clara: separados, ninguno llega; juntos, podrían tocar la orilla.
Sin embargo, la confianza está rota como un espejo antiguo. Muchos ven en el PRI el rostro del ayer, en el PAN la indecisión de hoy. La ciudadanía pregunta: ¿son alternativa o solo lo anterior con otro nombre? La respuesta no está en los discursos, sino en la capacidad de renacer sin repetir los viejos vicios.
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El PRIAN no es un partido, es un espejismo que nace de la necesidad. Su horizonte no es brillante ni oscuro: es incierto, como el amanecer entre nubes. Si logran unirse donde importa —en los estados, en los rostros nuevos—, podrían demostrar que la oposición no es recuerdo, sino esperanza viva. Si cada uno camina por su lado, volverán a ser sombras que el viento se lleva. La historia no les pide que vuelvan a ser lo que fueron, sino que se conviertan en lo que México necesita: una alternativa digna, no solo de la memoria, sino del futuro.--oOo--




