La opción
A punto de terminar este 2025, año largo, trágico y sinuoso, al asomarnos al venidero 2026, lo que se aprecia es que el escenario nacional es demasiado sombrío y no hay señales de cambios positivos para las y los habitantes de nuestra patria.
Claudia Sheinbaum ha decidido mantenerse en un movimiento inercial que la aleja de una gobernanza y gobernabilidad democrática, y profundiza sus lazos de complicidad con la mafia corrupta que la rodea, al tiempo que muestra renovados y fortalecidos rasgos autoritarios, propios de una dictadura, como se expresa en la persecución política contra María Amparo Casar (aprovecho este espacio para expresar nuestra incondicional solidaridad con ella), quien incesantemente ha venido denunciando los escandalosos actos de corrupción e impunidad de esta falsa izquierda en el poder.
En cambio, ninguna acción punitiva de los órganos gubernamentales contra quienes han sido denunciados y evidenciados por graves hechos de corrupción. Porque son de casa, amigos y cómplices de la presidenta y de su jefe político, López Obrador.
Claudia dispone de todo el poder institucional formal para combatir a las bandas criminales y recuperar la soberanía que se les ha entregado para que controlen estados y municipios completos, así como para perseguir a las mafias de “cuello blanco” enquistadas en su gobierno. ¿Por qué no lo hace? Porque quien sigue manejando los hilos fundamentales del poder nacional es López Obrador.
Por eso mismo se aniquilaron la independencia del poder judicial y la autonomía de la Fiscalía General de la República. Es decir, la lógica de la insaciable concentración de poder político con la pretensión de mantenerlo por muchos años o para siempre, si es posible. Pero no para representar y servir a la sociedad en su conjunto, sino para enfrentarla, excluirla y hasta perseguirla, sin reparar en que todas esas decisiones provocan el estancamiento económico del país (este año apenas creceremos un 0.3%), ya que el empresariado de todos los tamaños no tiene confianza ni incentivos para invertir. La crisis agropecuaria y las protestas de los productores agrícolas son tan sólo un botón de muestra de ese desastre nacional.
Y los pronósticos para 2026 no son muy halagüeños. Se habla de un crecimiento económico de cuando mucho el 1%, con lo cual no se generarán los empleos necesarios para las nuevas generaciones, ni se contarán con los ingresos que requiere el gobierno para satisfacer el creciente gasto de los programas sociales, ni para invertir más en salud, educación e infraestructura física.
Por otro lado, en el ámbito de las relaciones internacionales de México, particularmente con Estados Unidos y Canadá, las cosas son sumamente inciertas en sus posibles resultados. El T-MEC sigue estando en riesgo (incluso hay analistas que aseguran que el Tratado ya está muerto). Trump mantiene sus constantes amenazas de intervenir en México bajo el argumento de combatir militarmente a los grupos delictivos en nuestro territorio para evitar que sigan exportando estupefacientes hacia su país y para terminar con “la inmoral complicidad” del gobierno de México con estos grupos.
Sin dejar de reconocer que Sheinbaum ha dado algunos pasos significativos en combatir a algunos grupos criminales, también es cierto que ha decidido no ir contra gobernadores y funcionarios de Morena que se han aliado con esas organizaciones delictivas para ganar elecciones a cambio de protegerlas. Por lo menos a unos 10 o 12 de estos personajes se les han probado sus vínculos mafiosos, pero permanecen intocados porque tienen la seguridad de estar protegidos por parte de quien les dio indicaciones de que así se actuara: López Obrador.
En esto último radica el nudo gordiano para combatir de fondo la delincuencia, la corrupción y la impunidad. Dudo que Claudia se atreva a romperlo. Porque ella forma parte de esas complicidades y su gobierno es resultado de esos acuerdos mafiosos.
Por eso el panorama para el 2026 aparece muy nebuloso, muy sombrío.
A pesar de todo ello, ¡felices fiestas en los próximos días!




