Némesis
En política, ganar elecciones no siempre significa dominar. Una fuerza puede controlar instituciones, acumular cargos y desplazar temporalmente a sus adversarios sin haber construido una hegemonía verdadera. Esta exige arraigo territorial, liderazgos propios, estructura permanente y capacidad para conservar el poder aun cuando desaparezca el impulso nacional.
Bajo esa lógica, Morena es actualmente la principal fuerza política de Michoacán, pero su predominio todavía depende de tres factores: la fortaleza de la marca nacional, sus alianzas electorales y la debilidad de la oposición.
La elección de gobernador de 2021 mostró con claridad esos límites. Alfredo Ramírez Bedolla obtuvo cerca de 731 mil votos, frente a aproximadamente 680 mil de Carlos Herrera Tello. La diferencia fue de poco más de 50 mil sufragios, inferior a tres puntos porcentuales. Morena ganó, pero no mediante una victoria aplastante. El resultado reveló un estado políticamente dividido y una oposición que, pese a su desgaste, aún podía competir.
Desde entonces, Morena ha ampliado su presencia institucional: controla el Ejecutivo estatal, mantiene una influencia importante en el Congreso local y forma parte de un bloque político fortalecido por el PT y el Partido Verde. A ello se suma el respaldo nacional construido durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y continuado por Claudia Sheinbaum.
En la elección presidencial de 2024, Sheinbaum superó la mitad de los votos en Michoacán, confirmando que la Cuarta Transformación conserva una amplia base social en la entidad. Sin embargo, ese resultado también abre una pregunta fundamental: ¿cuánto de ese respaldo pertenece realmente a Morena en Michoacán y cuánto depende todavía de la popularidad del proyecto nacional?
Un partido verdaderamente hegemónico debe ser capaz de ganar con estructuras propias, buenos gobiernos locales y candidatos competitivos, incluso cuando el contexto federal no le sea favorable. MORENA todavía no ha superado por completo esa prueba.
Las alianzas representan otra de sus fortalezas, pero también una posible fragilidad. El PT y el Partido Verde aportan estructuras, candidaturas y votos que pueden resultar decisivos en municipios y distritos cerrados. Esto significa que el dominio morenista no puede analizarse de manera aislada, sino como parte de una coalición integrada por distintos intereses regionales.
Michoacán, además, está compuesto por 113 municipios con realidades políticas profundamente distintas. El comportamiento electoral de Morelia no es igual al de Tierra Caliente, la Meseta Purépecha, la Costa o el Bajío. En muchos territorios, los liderazgos personales y los grupos locales pesan más que las dirigencias partidistas.
Por ello, controlar el gobierno estatal no significa controlar políticamente todo Michoacán. MORENA cuenta con una presencia extensa, pero todavía enfrenta enclaves opositores, gobiernos municipales independientes y liderazgos capaces de cambiar de partido según la coyuntura.
La historia reciente del PRD debería servirle de advertencia. Durante años, ese partido pareció tener un arraigo natural en Michoacán. Gobernó el estado, construyó liderazgos y se convirtió en una referencia nacional de la izquierda. Sin embargo, sus divisiones internas, el desgaste de sus gobiernos y la aparición de Morena provocaron su desplome.
El partido gobernante podría enfrentar un proceso semejante si no transforma el respaldo presidencial en organización duradera. Sus principales riesgos están dentro de sus propias filas: disputas por candidaturas, incorporación de antiguos adversarios, enfrentamientos entre grupos y falta de liderazgos locales sólidos.
La ventaja de Morena también se explica por la debilidad del PAN, PRI y PRD. Sus alianzas han sido percibidas con frecuencia como acuerdos para conservar espacios de poder, y no como una alternativa política convincente. Sin embargo, la ausencia de una oposición fuerte no convierte automáticamente al oficialismo en una fuerza hegemónica.
La prueba decisiva llegará en la elección de 2027. Entonces se sabrá si MORENA puede conservar el gobierno estatal sin una elección presidencial simultánea, mantener unidas sus alianzas y defender con resultados la administración de Ramírez Bedolla.
Hoy, Morena domina la política michoacana, pero su hegemonía todavía no está consolidada. Lo que existe es un predominio electoral amplio, aunque condicionado por la marca nacional, las alianzas y la fragilidad de sus adversarios. La hegemonía comenzará cuando el partido pueda conservar el poder sin depender del impulso presidencial y demostrar que su fortaleza no es producto de una coyuntura, sino de una estructura política propia.
Por estas razones y porque con la Presidenta Claudia Sheibaum han llegado ya todas las mujeres, es que Morena debe postular a una mujer a la gobernatura del Estado.




