Indicador político
Se nos han agotado las fiestas septembrinas; ahora ingresamos (en ese eterno juego de las apariencias) a las manipuladas y repugnantes campañas electorales de medio sexenio federal.
Empero, lo más reprochable y curioso es que México no tiene presidente de la república.
En nuestra realidad nacional, ese cargo de ejecutivo federal ya no existe.
El movimiento de transformación llamado Morena, (alias) la 4T, sustituyó al presidente de México, por un liderazgo partidista de dos cabezas que lleva ya 8 años.
Ambas cabezas son de poco cerebro; una, es esa señora delgada peinada con cola de caballo; y el otro, es un señor tabasqueño que vive en su señorío, en Chiapas, en una millonaria hacienda, de cuyo nombre no quiero acordarme.
Los dos personajes no son presidentes. Son algo más que presidentes; son líderes de un movimiento de su propiedad, que ni siquiera es partido político.
Es una autocracia que va que vuela, para convertirse en una dictadura.
Tiranos dueños de las instituciones que han destruido, y que las tienen en ruinas: el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial; 24 gubernaturas, al 100 por ciento; 50 por ciento de dos mil 479 municipios y alcaldías; cuentan, además, con las fuerzas armadas porque les han dado multimillonarios negocios, a la mayoría de los altos mandos; disponen del INE-xistente y del tribunal electoral; así que son los que deciden y decidirán quiénes ganan las elecciones próximas.
El ambicioso y descarado presidente de los EUA, Donald Trump, conoce muy bien las corruptelas, las traiciones y las mentiras de los dos aspirantes a dictadores de México, la dama claudicante y su patrón que obró para crearla; ambos se le han inclinado al pavoroso Donald, en lo oscurito, y se han encubierto con frases engañadoras.
La claudicante acaba de clamar con gran apertura de su boca, en la ceremonia del Grito de la Independencia: “¡Viva la Soberanía!”, cuando todos los mexicanos somos víctimas de que nuestra soberanía, la han entregado a las organizaciones criminales terroristas, a los cárteles constituidos por destacados funcionarios públicos.
Sabedor de todo ello, Trump les ha vuelto a mandar un mensaje: “el gobierno mexicano debe arrestar, enjuiciar y entregar, a los numerosos funcionarios públicos corruptos que han colaborado con los cárteles, traicionado la seguridad y la SOBERANÍA de su propio país”.
Y la parejita autocrática para encubrirse (ya que su propia elección presidencial, en ambos casos, tuvo multimillonarios fondos en dólares del narco, y participación directa electoral de organizaciones terroristas) retornó al viejo truco del grito: “México no será nunca colonia ni protectorado de nadie. México no se doblega, no se arrodilla y México nunca se vende”; cuando ellos, ya se arrodillaron y se vendieron.
Sus frases son huecas y repetitivas. En cada informe dicen lo mismo; y, ahora, la supuesta presidente recorre las 32 entidades federativas, repitiendo su mismo bla, bla, bla.
Las decenas de mítines aburridos para repetir su informe son demasiado costosas, y los pagamos los contribuyentes.
Aproximadamente, nos cuestan (esos 32 mítines) 32 mil millones de pesos; cantidad digna de una mejor inversión.
Ella lo que hace es una campaña política electorera, para no perder las elecciones del 2027, pues México no tiene presidente que gobierne honestamente para todos; este cargo, en la realidad, ya no existe.
Los viajes de doña Claudia son, exclusivamente, como líder de Morena, alias la 4T. Los realiza por órdenes de su amo, el dueño de la hacienda… y propietario de México.
El jefe de la banda y su corcholata repiten su mentira más vieja: “Primero los pobres”; pero, todo su indecoroso hacer se guía por un principio que les da pingües ganancias: ‘Primero los narcotraficantes terroristas’.
No hay duda, la salvación de México está en nuestro voto en contra de MORENA, el que emitiremos en legítima defensa, a favor de nuestra libertad; y si no cumplimos con ese patriótico deber, lamentablemente para todos, tarde o temprano, vendrá de los EUA la solución dura, y todo por culpa directa de Andrés Manuel López Obrador y de su corcholata Claudia Sheinbaum Pardo, con efectos indeseables.
Para allá apunta el desarrollo dialéctico de nuestro futuro histórico.
Mi testigo es el tiempo.




