Al derecho y al revés
Hablar del combate a la corrupción no es una consigna vacía: es una lucha por la vida y por la dignidad del pueblo. La Cuarta Transformación nos invita a erradicar la corrupción, transparentar los recursos, actuar con honestidad, rendir cuentas como parte de un ejercicio que debe ser normalizado en todos los niveles del servicio público y tener claro que el pueblo manda.
Quienes hemos caminado el territorio sabemos que detrás de cada peso desviado hay una familia que se quedó sin techo, un adulto mayor que no tiene acceso a una pensión digna, una niña/niño sin oportunidad de ir a la escuela, una comunidad sin agua, luz, drenaje o un hospital sin medicinas.
Quizá algunas personas recuerden los fuertes y aterradores huracanes que nos arrebataron viviendas, documentos personales e incluso vidas: Otis (2023), John (2024) y Erick (2025), por mencionar algunos.
Las reflexiones sobre estas catástrofes son muchas: el cambio climático provocado por la humanidad; la falta de planeación urbana que coloca viviendas en zonas de riesgo; y también, la corrupción que permitió por décadas la construcción de obras sin supervisión, con materiales de mala calidad y contratos amañados. Durante años en México la tragedia natural se mezcló con la tragedia neoliberal que tenía secuestrada la política.
El Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) nació en 1996 con una intención noble: brindar apoyo inmediato a las personas afectadas por emergencias. Sin embargo, con el paso de los sexenios, se convirtió en un instrumento ineficaz, opaco y esencialmente corrupto. Bajo gobiernos del PRIAN, los recursos se desviaron y se utilizaron para el beneficio de unos cuantos.
Durante el sexenio de Vicente Fox, hubo compras con sobreprecios de hasta 375% en medicamentos y material de curación; con Felipe Calderón, el PAN se sirvió con la cuchará grande, en su gestión se documentaron desvíos por más de 215 millones de pesos del FONDEN; y con el regreso del PRI de Enrique Peña Nieto, tras los sismos de 2017, más de 60% de las escuelas dañadas en Oaxaca y Morelos jamás fueron reconstruidas, aunque se dijo que se destinaron recursos millonarios para ello. Esa corrupción no sólo se robó el dinero del pueblo (presupuesto fruto de nuestro trabajo) sino también: la esperanza, el tiempo y las vidas de miles de mexicanos y mexicanas.
Por eso, durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, se tomó una decisión histórica: eliminar el FONDEN y acabar con el uso político y discrecional de los recursos para la emergencia. En su lugar, se creó un nuevo modelo de atención directa a la población, sin intermediarios, destinando más de 37 mil millones de pesos en apoyo inmediato a comunidades afectadas por desastres naturales para infraestructura pública y reconstrucción.
Hoy, con nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, esa visión continúa, se fortalece y se profundiza.
Desde el Humanismo Mexicano, el combate a la corrupción no es sólo una tarea administrativa: es una política de justicia social. Porque cuando los recursos públicos llegan completos, sin moches ni privilegios, la ayuda llega más rápido, más lejos y a más personas. Bien lo decía AMLO y hoy lo ratifica la presidenta: cuando no hay corrupción alcanza para todo y no hay necesidad de endeudarnos.
Gracias a la coordinación con la Secretaría de Bienestar y al trabajo incansable de las y los Servidores de la Nación, hoy los apoyos llegan directamente a manos del pueblo, sin trámites innecesarios ni intermediarios. Ante la más reciente emergencia en los estados de Veracruz, Hidalgo, Puebla, San Luis Potosí y Querétaro, la respuesta fue inmediata. Las imágenes que circularon en redes sociales de compañeras y compañeros caminando entre las comunidades, cruzando ríos y entregando ayuda casa por casa, son testimonio del compromiso real que tienen con las y los compatriotas en situación de desgracia. La heroica labor de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para restablecer en tiempo récord el suministro eléctrico en esas entidades es la prueba más clara de que nuestras empresas del Estado funcionan y funcionan adecuadamente.
Por años, han intentado imponer la mentira de que lo público no servía, que había que privatizarlo todo. Pero el pueblo ha demostrado, una y otra vez, que cuando el Estado se pone al servicio del pueblo, lo público sí funciona. El combate a la corrupción es, en esencia, una política de amor al pueblo, porque garantiza que cada recurso, cada programa y cada esfuerzo se traduzca en bienestar real para las familias mexicanas. Combatir la corrupción no es sólo fiscalizar: es reparar la confianza entre el gobierno y el pueblo.
Por eso, cada vez que escuchen o lean la mentira de que “no hay recursos para atender los desastres naturales”, recuerden la verdad: antes sólo se repartían cobijas y se organizaban tandas para recuperar lo perdido. Hoy, gracias a la desaparición del FONDEN, los recursos llegan de manera directa y oportuna.
Las personas afectadas por las recientes lluvias ya fueron censadas, ya recibieron su primer apoyo y cuentan con la presencia permanente del Gobierno Federal en sus comunidades.
Antes, bajo los gobiernos neoliberales, todo se quedaba en el papeleo. Los trámites, las firmas y los sellos servían sólo para retrasar la ayuda, abrir la puerta a la corrupción y crear “cajas chicas”. Hoy, el gobierno de la Cuarta Transformación actúa sin intermediarios, sin simulaciones y con el corazón del lado del pueblo. Porque la honestidad no sólo es una forma de gobernar: es una forma de amar a México.




