Libros de ayer y hoy
La exposición colectiva “La memoria de las flores” se convirtió en un encuentro entre el arte, la cultura, la memoria y los derechos humanos, al reunir las propuestas de artistas visuales que transitaron del tatuaje sobre la piel humana a la pintura sobre lienzo mediante técnicas de óleo. Atendida por la organización de base comunitaria Plataforma Cultural por la Paz, dirigida por Pedro Chávez Guzmán, en donde colaboraron Caleb Rodríguez y Martín Amezcua, la muestra abrió un espacio para reconocer el talento, la creatividad y la capacidad del arte para transformar nuestra manera de comprender el mundo.
Al evento, realizado en el Centro Cultural Clavijero, asistieron artistas visuales, representantes de los tres poderes del Estado, integrantes de la Fiscalía Especializada en Materia de Derechos Humanos y Libertad de Expresión, representantes de organizaciones académicas y familias de la comunidad moreliana, quienes coincidieron en la importancia de promover espacios culturales que fortalezcan las tradiciones, las costumbres y las expresiones colectivas que dan sentido a nuestra relación con la vida y la muerte, en un entorno donde Michoacán tiene mucho de que hablar y compartir sus saberes.
Los artistas de la exposición colectiva fueron los siguientes: Jesús Alvarado, Brenda Jacovo, Víctor Aguilar, Dante Ayamaru, Maní Broowns, Alejandro García, Ángel Oceguera, Alan Guzmán, Rodrigo Luna, Karina Alcalá, Ramiro Luna, Cesar Aparicio, Francia Miroslava, Julio Villalobos, Yaki Rodríguez, Jonathan Carrillo, Andrea Trejo, y el gran maestro Juan Carlos Mori, principal impulsor de talentos jóvenes.
El coordinador del proyecto al hacer uso de la voz, expreso que “se fortalece la cultura, un derecho fundamental para la sociedad y en la galería que hoy se inaugura, con la inspiración de una de las musas de las siete artes, se presenta la expresión al oleo artística visual”
Durante su intervención, el fiscal especializado en materia de Derechos Humanos y Libertad de Expresión, Gerardo A. Herrera Pérez, compartió tres reflexiones fundamentales: La primera se refirió al carácter pedagógico de la exposición, el expresó que, el arte educa, despierta la sensibilidad, provoca preguntas y permite acercarnos a otras maneras de interpretar la realidad; en este sentido, cada obra representa una oportunidad para que las personas visitantes dialoguen con las experiencias, las emociones y las propuestas de sus creadores; de esta manera, la exposición trasciende la contemplación estética para convertirse en un espacio de aprendizaje colectivo, donde la cultura contribuye a construir pensamiento crítico, empatía y convivencia.
La segunda reflexión puso en el centro la inclusión y el respeto a la diversidad como riqueza social, es decir, la presencia de artistas vinculados al mundo del tatuaje en un recinto cultural como el Centro Cultural Clavijero representa una oportunidad para cuestionar prejuicios y estereotipos que históricamente han generado discriminación y exclusión; por ello, aseguramos que, el tatuaje, como expresión artística y cultural, no debe convertirse en motivo para juzgar la dignidad, las capacidades o el valor de una persona; ni quienes realizan tatuajes ni quienes deciden llevarlos en su cuerpo deben ser objeto de estigmatización, por ello, ratificamos que una sociedad democrática se construye cuando aprendemos a reconocer a las personas más allá de su apariencia, respetando su autonomía, su identidad y su libertad de expresión, es decir el ejercicio pleno del derecho al desarrollo de la personalidad.
La tercera y última reflexión abordó el significado de la vida y la muerte a partir de las ideas del biólogo y pensador chileno Humberto Maturana, particularmente de su obra Biología del amor. Desde una mirada centrada en el amor, el respeto y la convivencia, Herrera Pérez invitó a reflexionar sobre la manera en que recibimos la vida y honramos la memoria de quienes han partido, es decir, el nacimiento de una persona suele ser motivo de alegría, el encuentro simbólico con las ánimas, en las celebraciones del Día de Muertos, también puede vivirse con júbilo, cariño, respeto y reconocimiento.
La expresión la vida que muere nos invita a comprender que la muerte no cancela los vínculos afectivos ni borra la huella que dejamos en los demás; en la memoria familiar y comunitaria, las flores, las pinturas, los altares y los rituales se convierten en lenguajes que permiten mantener presentes a quienes ya no están físicamente con nosotros, por ello, desde esta perspectiva, celebrar la memoria de los muertos también significa afirmar el valor de la vida, reconocer nuestra vulnerabilidad compartida y recuperar el sentido humano de nuestras tradiciones.
La jornada concluyó con el corte del listón inaugural por parte de los invitados especiales y un recorrido por las obras expuestas, durante la visita se reconocieron el talento, la creatividad y la capacidad expresiva de las y los artistas participantes, cuyas propuestas demuestran que el arte puede abrir nuevos caminos para el reconocimiento social y la transformación cultural, pero adicionalmente para la convivencia, la fraternidad y la participación social.
La memoria de las flores nos deja una convicción fundamental: la cultura también es un derecho humano, los DESCA, es decir, no se trata únicamente de acceder a museos, exposiciones o espacios artísticos, sino de garantizar las condiciones para que todas las personas puedan crear, expresar, compartir y disfrutar la cultura sin discriminación, sin opresión porque no saben, no entienden, porque en el arte son las emociones las que llevan la delantera.
Cuando una comunidad reconoce a sus artistas, cuestiona sus prejuicios y abre sus espacios a expresiones diversas, fortalece la dignidad humana y construye condiciones para una paz que nace del respeto; sigo convencido, así como lo he expresado en las Cumbres Mundiales por la Paz en Colombia, México, Costa Rica, y Argentina, la paz no consiste solamente en la ausencia de violencia; también implica aprender a convivir con nuestras diferencias, reconocer la dignidad de cada persona y construir relaciones basadas en el respeto y el amor, así, en ese horizonte, La memoria de las flores nos recuerda que el arte puede transformar la mirada, la cultura puede derribar barreras y la memoria puede mantener viva nuestra humanidad, sin discriminación, sin prejuicio, sin estigma, con visión de inclusión y respeto a la dignidad humana.
Un especial reconocimiento y agradecimiento a Salvador Ramírez del Centro Cultural Clavijero y la licenciada Angélica Núñez de la sociedad civil organizada.
Felicitamos al grupo de danza que amenizo el momento de la inauguración con la danza tradicional de los Viejitos de la Isla de Jarácuaro del Ballet Folklórico Esencia Mexicana, así como del DG Green House, también destacamos la presencia de Daniel Pérez, Sergio Arturo Calvillo, Claudia Hernández, Julio César Lunar, Juan Manuel Tapia, Dany, Pastor Kengy y Pastor Tito, Ricardo, Miguel Ángel Martínez y América de la organización Ángel de Corazón, Erich Cerpa, María del Rosario Rodríguez, Aarón Mauricio García, Juan Luis Contreras, Dany Márquez, Jesús Efrén Báez, Nancy y Julio, Felipe del Castillo, Juan Pablo Campor, Pedro Sánchez, Mauricio Cruz, Lino, Alicia Téllez, Rosario Romero, Iraide Rosales Navarro.




