Lengua de señas
Ser padre en este momento, implica mucho más que proveer económicamente a una familia. Durante mucho tiempo, el patriarcado nos enseñó que la paternidad debía ejercerse desde el poder, la autoridad incuestionable, la distancia emocional, la jactancia y, en ocasiones, incluso desde la violencia normalizada, es decir tenía mandatos la masculinidad, reflexiona la teórica Rita Segato.
Nos dijeron que un "buen padre" era quien mandaba, quien imponía disciplina, sometía, controlaba y disciplinaba y quien nunca mostraba vulnerabilidad y lo sabia todo, es preciso manifestarlo, sus saberes estaban por encima de los integrantes de la familia. Hoy sabemos que es necesario deconstruir esos mandatos que como sociedad nos han hecho mucho daño (lista de deudores de pensión alimenticia, de personas violentas, etc.)
Y es que mire usted, ayer, comentaba con mi buen amigo Cesar y Jhony del Ecuador, que ser padre no significa ejercer control; significa acompañar; no significa imponer; significa dialogar; no significa tener todas las respuestas; significa aprender todos los días, en un permanente ejercicio dialógico con todos los integrantes de la familia, en el formato de familia que usted desee.
Ser padre es involucrarse activamente en el sistema de cuidados, por muchos años venimos trabajando la ética de los cuidados, uno de mis mejores eventos fue en Lázaro Cárdenas, cuando hablamos de dicha reflexión, donde generar condiciones para trabajar dentro de la familia, nos permite: cambiar pañales, preparar alimentos, acudir a reuniones escolares, acompañar procesos emocionales, compartir las tareas del hogar y asumir corresponsablemente la crianza de hijas, hijos e hijes.
Es reconocer que el cuidado no tiene género. Es entender que la ternura también es una forma de fortaleza. Es construir relaciones basadas en el respeto, la empatía y la igualdad. De ahí, la importancia de ver que, la paternidad responsable exige renunciar a los privilegios que históricamente otorgó el patriarcado para construir hogares donde las tareas domésticas, el cuidado y las decisiones se compartan.
Y bueno, que nos quede más que claro, el criar no es ayudar: es corresponsabilizarse; no es colaborar: es asumir una responsabilidad ética y afectiva. Por ello, amigos y amigas y amigues, necesitamos padres presentes, no solamente proveedores, que hagan crianza, que formen e informen. Necesitamos contar con padres que escuchen, que abracen, que acompañen y que enseñen con el ejemplo que otra masculinidad positiva, resiliente, generosa, amorosa es posible.Una masculinidad que no tema mostrar afecto, pedir ayuda o reconocer sus errores, es la masculinidad que privilegia la ética de los cuidados y que trabaja con emoción y pasión para la crianza de los hijos, los cuidados de los mismos y de las personas adultas mayores o bien con discapacidad, pero sobre todo, si, hace labores en el hogar. Sí eres este perfil, bienvenido a la era de la masculinidad con ética de cuidados. Deconstruir la paternidad es transformar el mundo desde el hogar. #soygerardoherrera




