Teléfono rojo
El despido y pretendido desalojo de Marx Arriaga de la SEP es un eslabón más de la crisis que padece el sistema educativo nacional, profundizado por las irracionales decisiones en 7 años de obradorismo, durante los cuales hemos retrocedido 10 años en calidad de la educación, según evaluaciones y estimaciones internacionales.
Los avances que se habían venido logrando para contar con un servicio profesional docente, alejado de controles corporativos sindicales; el establecimiento de 25 mil escuelas de tiempo completo en las cuales a las niñas y los niños se les proporcionaban alimentos y las posibilidades de desarrollar nuevas habilidades; la ampliación sostenida de la matrícula escolar en todos los niveles; y presupuestos crecientes –aunque insuficientes- para la educación pública superior, entre muchos otros importantes aspectos, fueron echados abajo por López Obrador con una contrareforma que desembocó en la creación de la llamada Nueva Escuela Mexicana, con nuevos libros de texto gratuito (a cargo de Marx Arriaga), cuyos contenidos carecen de rigor pedagógico, y que sustituyen enseñanza-aprendizaje por ideología-adoctrinamiento, alejados de una formación para los nuevos tiempos, que permitan entender los nuevos avances científicos y tecnológicos, así como la compleja diversidad en la que los educandos en todos los niveles ahora se desenvuelven.
Las aberraciones de esa contrarreforma educativa, llevada a cabo sin una necesaria consulta nacional con especialistas y pedagogos, sin involucrar al magisterio con su opinión y debida capacitación, y realizada “en tiempo record” (o sea, a toda prisa), se expresan, como un botón de muestra más, en el hecho de que 4 de cada 10 maestros aún no entienden “el nuevo modelo educativo” y siguen trabajando con el anterior según informaciones públicas, además de que en muchas escuelas oficiales de educación básica, los maestros han acordado con los padres de familia que se fotocopien los libros de texto de ciclos anteriores para guiarse con ellos.
Por eso no deja de sorprendernos que el motivo del despido de Marx Arriaga como titular de la Dirección de Materiales Educativos de la SEP haya sido porque desde hacía meses venía impulsando una rebelión contra Mario Delgado y desestabilizando el funcionamiento de la institución, pero no por los múltiples señalamientos antipedagógicos hechos hacia los contenidos de esos libros. Así, en sintonía con ello, Sheinbaum declaró que los actuales ejemplares de libros de texto gratuito continuarán (¿será?).
Por otro lado, hay que “agradecerle” al hoy defenestrado exfuncionario de la SEP su franqueza cuando argumentó que lo despedían porque él estaba defendiendo “el contenido del legado obradorista”, al tiempo que denunciaba “la privatización de la educación pública” por parte de Delgado y Claudia Sheinbaum.
Queda claro, pues, que el centro de las preocupaciones del morenismo gobernante y de sus diferencias internas no radica en qué modelo educativo nacional seguir, sino solamente los reacomodos y juegos internos de poder. La niñez y las y los educandos no les importan, ya que al final de cuentas son vistos como la “carne de cañón” de sus ideologías retrógradas.
Además, en medio de todo este ruido mediático, retomando lo que ya he dicho en otros momentos, no perdamos de vista que Mario Delgado es un narcodelincuente a quien recientemente acusó Julio Scherer en su libro de ser de los jefes de huachicol fiscal para financiar campañas de Morena. Y también debemos recordar que la otra parte de la verdad es que los verdaderos impulsores de la privatización de la educación pública son los obradoristas y sus aliados magisteriales de la CNTE, quienes con sus reiteradas suspensiones de clases, han orillado a centenares de miles de padres de familia a inscribir a sus hijos en escuelas particulares, principalmente en Michoacán, Chiapas, Oaxaca y Guerrero, estados que registran los peores índices educativos. Ahora también hay que incorporar, como parte de esta cadena degradante, como " nuevos" aliados obradoristas a los líderes oficiales del SNTE quienes, en lugar de pugnar por mejorar la calidad educativa, se preocupan más por la afiliación corporativa del magisterio a Morena, para ganarse los favores de Sheinbaum.
Mientras tanto, la educación continúa por un tobogán de crisis y deterioro. Una verdadera tragedia nacional.




