Un rey sin corona
Escuchamos publicidad homogenizante y genérica sobre el “Día de la Madre”, mujer y maternidad; como si todas ellas fueran iguales, idénticas, pero todos sabemos que no es así; en las felicitaciones genéricas y abiertas se deja de reconocer una infinidades de identidades, que son invisibilizadas, por ello, comparto el siguiente comentario sobre diversidad y violencia.
El “Día de las Madres”, es una celebración importante para las y los mexicanos; el concepto de madre debe ser analizado a la luz del contexto que vivimos y atendiendo a una revisión de horizontalidad, es decir, al hecho de ser madre porque llegas a parir y cuidar, o simplemente cuidar sin parir, concluyendo que un aspecto básico de madre no solo es la vida, sino también es la crianza; ahora veamos la verticalidad, la asimetría de poder, la violencia, la discriminacion, la desigualdad social, la precariedad, la diversidad en que se vive como madre, o en ese ejercicio de maternidad, de pensar no solo en ella, sino también en los hijos.
La conmemoración de la madre, ahora habrá de desarrollarse bajo un nuevo formato, porque todo será dentro de la casa, derivado de la contingencia; cada persona, en cada familia y encontrándose con su madre con vida, o no, desarrollará diversas actividades para decirle, expresarle o, compartirle que la ama y que daría la vida por ella, igualmente podría hasta pedir disculpas por su abandono y poca atención.
Pero existe una pregunta, quién es la madre?; desde la Madre Tierra a quienes todos pensamos que la tenemos y es nuestra, pero que eso no es cierto, más bien todos somos de la Madre Tierra; pasando por las madres que viven, aquellas que son madres trans, o las que alquilaron un vientre para tener un hijo a modo o al gusto, o más aun, aquellas personas que no teniendo el cuerpo de una mujer, se responsabilizaron y cuidaron de sus hijos, propios o ajenos para darle protección y viabilidad a la vida. Qué es entonces ser madre?, un concepto cultural estabilizado en el tiempo, pero sometido a muchas tensiones, pero que igualmente sigue siendo venerado, amado y por el cual las personas pueden discutir y defender cuando se les ofende.
De esta manera, hay madres en cuerpos de mujeres biológicas, cuerpos reconocidos desde un Sistema de Género, con una funcionalidad o politicidad específica, entre ellas, las acciones de procreación y de cuidado, como dice mi entrañable Marta Lamas; madres en cuerpos de mujer trans; madres en cuerpos de hombres, porque finalmente madre no solo es dar vida, sino protección y viabilidad. Ser madre no puede ser reducido al concepto biologisista-esencialista, es decir, hablemos desde un concepto cultural que nos permite identificar la existencia de un cuerpo que es base de un proyecto de familia por cierto ya no nuclear sino de diferentes familias y donde su rol es especifico y abarca diversas identidades.
Pero la vida es complementariedad con la muerte; también hay madres que ahora yacen en un panteón ocupando una tumba en cuyo mausoleo se leen epítetos interesantes, otras más, estarán dentro de la urna que guarda las cenizas de sus corporalidades y que nos recuerdan que formamos parte de la naturaleza, que somos polvo y que nos traducimos en otras energías, muchos de estas urnas se localizan en espacios religiosos.
Otras más, son exhibidas en museos como “momias”, como las que presenta el museo de las momias de Guanajuato. Otras madres que murieron, pero no por muerte natural, no, sino derivado de un crimen de feminicidio, de estar en el momento y lugar equivocados, de cirugías, de suicidios, es decir, ellas, también fueron madres y seguramente les duele a sus hijos o familiares. Pero existen madres, que ya no tienen hijos, porque se los mataron o desaparecieron, como el caso de María Herrera, o sea, madres sin hijos. Hay madres que abandonan a sus hijos, o que los venden, o algunas más que funcionan como madrastras o que reciben a niños o niñas en familia de acogida.
En diversos lugares del país, ese día no habrá panteones abiertos, la mayoría permanecerá cerrados por cuestión sanitaria del Covid-19, y con ello, se dejara de vender fuera de los panteones, desde enseres de plástico como las flores y follaje, las flores naturales, comida, los mariachis y los tríos norteños, eso no podrá ser posible, pero en su generalidad quienes venden son también madres, es decir, progenitoras en condición de trabajo informal, donde hay cientos de ellas, que celebran trabajando.
Pero además encontramos a las vírgenes, que han sido madres y que se les venera en diferentes espacios religiosos hegemónicos o no, en ellas la Santa Muerte, y desde luego las religiosas; o el concepto más laxo de Marcela Lagarde: “madres, esposas, monjas, putas, presas y locas”. Progenitoras en cuerpos por razón de su jerarquización, o bien, diversidad cultural, que no podemos observarlas como tal, en ese ejercicio de parir y cuidar, sino es su condición social, religiosa, mística, en esa posición que en ocasiones se invisibiliza, pero que da sentido y las legitima.
Madres con discapacidad, originarias (indígenas), madres adolescentes, madres por la vía del delito de violación o el incesto, viviendo violencia, en adicciones, privadas de la libertad, madres-abuelas-bisabuelas, trabajadoras sexuales, trans, en precariedad, en condición de hospital, con cáncer, en ese 10 de mayo transitando de la vida a la muerte, en los velatorios, en féretro en el ejercicio de inhumación, de la cremación. Madres viviendo del comercio informal, de la venta por catálogo, viviendo en espacios urbanos, semiurbanos y rurales, mujeres recolectoras de frutillas, cortadoras de limón, pescadoras, las madres que hacen carbón, cosen ajeno, bordan, trabajadoras del hogar; y un etcétera inagotable.
Madres que vivirán connatos de violencia en ese día, y lo harán a manos de sus propios hijos o hijas, madres que no recibirán a sus hijos o hijas, tampoco una llamada, porque ellos estarán con sus suegros o suegras, o estarán viviendo en otros estados o lugares, incluso en los Estados Unidos viviendo como migrantes, o confinados en espacios de privación dela libertad, atendiendo sus adicciones, en psiquiátricos, etc.
Muchas de estas madres no recibirán sus regalos provenientes de los centros comerciales, de las escuelas de educación básica, de los puestos fuera de los mercados municipales, es evidente que tendrán que ser otro tipo de obsequios, aparte del amor, espero también sean cartas, tarjetas, postales, fotografías y un infinidad de objetos que no se comercializan en espacios comerciales o por alguna empresa, toda vez que son objetos que se puede preparar en casa, espero exista mucha creatividad, diseño y mucho amor.
Deseo que este próximo diez de mayo, nos enseñe a regalar a la madre nuestros afectos no líquidos sino de comunalidad, de familia; que nos muestre la importancia del diálogo horizontal, en donde los dialogantes madres e hijos o hijas se encuentren para fortalecer sus lazos, su sistema de valores, un diálogo en complementariedad, en alteridad y bajo ese enfoque de ecología de saberes.
Agradezco a Mujer de Acero, Por amor a mi tierra Apatzingán, OBC, Ángel de corazón porque me nace ayudar, A.C. así como a todos y todas las personas que participaron en el Circulo del aprendizaje, con la participación de Esperanza del Consuelo, filosofa y feminista, Edith Landa, Tere Briseño, Jeriel Vargas Ambris y Naxhieli Yuridia Toledo Ordaz; así como Gerardo Armando Ortiz, Lenin Ambriz, Pedro Chávez, Arquitecta Jessica Farias.




