Indicador político
Durante los últimos años en México, prevaleció la idea de que el sector poblacional que definía los procesos electorales, era el de la población joven. Esto como resultado del boom del bono demográfico, que desde hace cuando menos dos décadas representa éste grupo poblacional en nuestro país. Sin embargo, los resultados de los últimos procesos electorales nos indican que si bien representan un porcentaje significativo del padrón electoral no necesariamente son los participativos.
En este tema, abundan los artículos y estudios sobre la participación electoral, la intención del voto y su ñrelación por grupos de edad y sexo. No hace mucho, consultores electorales, ofrecían estrategias o campañas, cual recetas, centradas en atraer el voto millennial; como si de aquellos nacidos entre principios de los ochentas y mediados de los noventas, dependiera el triunfo o la derrota de cualquier candidato, sin importar el ámbito o cargo de elección.
Por ejemplo, en el caso del proceso electoral 2018 la participación electoral nacional fue de 63.1%, siendo el grupo de 60 a 74 años el de mayor porcentaje de votación con 72%, mientras que la participación de las mujeres fue de 66.2 sobre la de los hombres con 58.1%. Tal como se ha observado en elecciones anteriores, la participación de la ciudadanía tiende a aumentar en procesos presidenciales respecto de las elecciones intermedias, dónde únicamente se renueva la Cámara de Diputados, ocurriendo lo mismo en elecciones locales en las que se elige gobernador, de aquellas en las que solo se vota el Congreso Local y los Ayuntamientos.
Entre los hallazgos, es posible afirmar que a nivel nacional las mujeres jóvenes votan más respecto de los varones, quienes superan en participación a las mujeres solo en los rangos de edad después de los 64 años. Otro dato interesante, lo aportan los votantes por primera vez, jóvenes entre 18 y 19 años, quienes en las últimas elecciones presidenciales han tenido una participación muy cercana al promedio nacional. Sin embargo, esta tiende a disminuir en población por arriba de los 20 hasta los 34 años, y en adultos mayores de ochenta años.
En la que se ha considerado la elección más grande y compleja de la historia a celebrarse el próximo 6 de junio en todo el país y de manera concurrente en 15 de las 32 entidades federativas, será convocado un padrón electoral de poco más de 93 millones de ciudadanos; cuya segmentación y tasa de participación jugarán un elemento clave en las estrategias de los candidatos y sus equipos.
En el caso de Michoacán, se ha situado entre los estados de participación electoral baja, incluso en elecciones concurrentes y en las que se elige al titular del Ejecutivo. En la última elección de gobernador en 2015, la tasa de participación fue de apenas 53.93%, en tanto en la elección presidencial de 2018 registró un máximo histórico de 58.1%.
Al 25 de diciembre pasado, Michoacán contaba con un padrón electoral de 3 millones 563 mil 663 ciudadanos, 51.95 mujeres y 48.05% hombres. Por rangos de edad, el voto joven entre los 18 a los 29 años representa casi un tercio del total con 27.5%, en tanto los electores por arriba de los 60 años son 19.7% y el grueso de los michoacanos con 52.8 % se concentra en las edades entre 30 y 59 años de edad.
Del mismo modo que ocurre a nivel nacional, el mayor porcentaje de participación tanto en la elección de 2015 y 2018, se presentó en las edades entre 50 y 74 años. Es decir, aun cuando un tercio del electorado en Michoacán tiene entre 18 y 29 años, votan menos de 5 jóvenes por cada 10, mientras que en población mayor a los 50 años participan emitiendo su voto hasta 7 de cada 10.
Por lo que respecta al nivel de participación por sexo, la diferencia para ambos fue mayor en las mujeres 8.13 y 7.4 puntos porcentuales en los procesos electorales de 2015 y 2018 respectivamente. Finalmente sobre la participación, según el tipo de sección no hubo prácticamente ninguna variación en la elección presidencial, entre aquellas de tipo rural, urbana y mixta, mientras que en el último proceso de elección de gobernador sobresale la participación de la ciudadanía en secciones rurales 6.46% más respecto de las urbanas y 3.52% sobre las de tipo mixto.
Por ello, frente al proceso electoral venidero en la entidad, si bien importa la composición etaria del electorado, está no necesariamente se verá reflejada en la participación y por ende en el resultado final. Sin embargo, los datos, estadísticas y las tendencias históricas de votación cuentan, y son necesarios a la hora de planear una campaña, diseñar mensajes, dirigir propuestas y priorizar segmentos del electorado.
Mientras que a nivel federal, la apuesta de la elección se sitúa casi de manera plebiscitaría, en la continuidad o el rechazo a los proyectos y programas de la cuarta transformación, y propiamente sobre las decisiones del Presidente López Obrador; en los estados con elecciones concurrentes como Michoacán, está en juego la expansión vertical del también proyecto presidencial, y el contrapeso que con sus limitaciones centralistas, propias de nuestro modelo federalista, han intentado jugar los gobernadores que integran la Alianza de gobernadores opositores.
Es por ello, que el desafío para Michoacán como para otros estados recae justo en salirse de la agenda y el discurso federal, en hacer de la dinámica local, los candidatos y las propuestas en torno a los problemas de la entidad, el verdadero fiel de la balanza. Y en ese propósito, la selección de los perfiles de todos los partidos, las sumas y restas, los cruces de variables electorales, indicadores socioeconómicos, la segmentación prioritaria, las tasas de participación, municipio por municipio, distrito por distrito, sección por sección, no sólo cuentan sino que tendrán un papel determinante en la operación con bisturí de la elección.