Descomplicado
Aun cuando falta un año y dos meses para las elecciones del 2027, la carrera ya comenzó. Morena resolvió hace varias semanas que para julio de este 2026 ya tendrá decididas sus candidaturas para las 17 gubernaturas, así como para las principales plazas en disputa.
En tanto, el PRI ya nombró a sus coordinadores electorales en todo el país, al mismo tiempo que reiteró el llamado a conformar alianzas opositoras. Por su lado, el PAN y MC perfilaron algunas de sus fichas relevantes para sus candidaturas, al mismo tiempo que reiteraron que no irían en algún tipo de acuerdo con las otras fuerzas políticas, ya que –según ellos- ir con el partido tricolor les restaría votos y “quieren crecer”, “posicionar su marca”.
Tomando en cuenta los datos del INE, estas afirmaciones del PAN y MC no están apegadas a la realidad. Así, se da la razón a quienes creciente y reiteradamente abogan por la unidad opositora como un asunto de emergencia nacional para frenar el deterioro del país al que nos ha ido llevando Morena.
Según las cifras oficiales del INE, en las elecciones del 2021, cuando fueron juntos por primera vez PRI, PAN y PRD, gracias a esa unidad se logró quitarle al partido gobernante la mayoría calificada para evitar que por sí solo pudiera seguir reformando la Constitución. Además, se ganaron la mayoría de las alcaldías de la Ciudad de México, gubernaturas como Chihuahua y Aguascalientes, así como importantes ciudades y capitales en varios estados de la república. Eso no hubiera sucedido si la oposición al oficialismo hubiera ido dividida.
En el 2024 ocurrió algo similar: de las 32 diputaciones federales donde triunfó la coalición PRI, PAN, PRD, al PAN le correspondieron 14 (el 44% de esas 32), el PRI ganó en 8 (de 9 donde encabezó candidaturas) y el PRD, 1. De no haber ido unidos, se hubieran perdido 23 diputaciones de distritos, mismos que habría ganado Morena.
Igual aconteció en la Ciudad de México, donde la oposición se alzó con la victoria en Cuajimalpa, Cuauhtémoc y Coyoacán gracias a haber ido en unidad. También sucedió así en Monterrey, Colima (capital), Chilpancingo, Hermosillo y Zacatecas, ganados como resultado de ir en coalición.
En contrapartida, el costo de la división llevó a que las senadurías de mayoría relativa en Guanajuato (donde la candidata del PAN a la gubernatura ganó al ir en coalición) y Oaxaca, las ganara la coalición gobiernista encabezada por Morena.
Por otro lado, en ese 2024 el PAN creció en 1 millón de votos respecto del 2021, mientras que el PRI bajó su votación en una cifra similar de un millón de votos. Es decir, no tiene razón el dirigente nacional del blanquiazul cuando afirma que la alianza con el PRI le resta votos al PAN.
Uno de los riesgos para el 2027 es que al ir solo el PAN, sin alianzas, pierda varias de sus gubernaturas y que Morena triunfe también en las alcaldías capitalinas señaladas, así como en varias ciudades importantes.
Como bien lo señala Jorge Medellín, quien dirige el despacho “Crabë, especializado en análisis electorales: “sin coalición, el efecto inmediato sobre el voto opositor es una pérdida de valor efectivo. Es, en los hechos, imponerle aranceles a su voto, porque se fragmenta, se diluye y no logra exponenciar triunfos”.
Con excepción de quienes encabezan el régimen morenista, todo mundo reconoce la gravedad de la situación nacional, el creciente deterioro económico y social, la captura del país por la delincuencia y la corrupción, el riesgo de las amenazas intervencionistas de Trump y el acentuamiento del autoritarismo gubernamental. Pero la oposición en su conjunto, salvo el PRI hasta ahora, no parece apreciar la gran ventana de oportunidades que se abre para revertir esas adversidades y salvar al país. El 2027 puede ser una oportunidad histórica. Debemos aprovecharla.




