Las tiendas de autoservicio y su gran negocio con la tercera edad
Teresa Gil
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Han sido las más beneficiadas con las pensiones para adultos mayores y ahora recibirán más con el aumento que se anuncia. Pero además, han sido las concesionarias, a modo, de parte de la Secretaría del Trabajo, del uso gratuito de la actividad de miles de ancianos empacadores, en el país. De buenas a primeras, todas las grandes tiendas -sobre todo de autoservicio- recibieron a una clientela que rebasa los 14 millones de personas. Estas suelen gastar lo de su pensión en alimentos, medicinas y ropa principalmente. Y todo eso se vende en este tipo de tiendas, en donde solo en los últimos meses han colocado una caja especial para minusválidos y tercera edad- imagínense- y eso porque se la copiaron a su principal competidor, la gringa Walmart. A lo largo del año hacen campañas especiales para ciertos días: niños, enamorados, maestros, madres, padres, escolares que van a ingresar a la escuela, navideñas para regalos y compras diversas y día de Reyes, entre otras. Los ancianos no tienen fecha especial. Solo son proveedores para los que no se tiene ninguna consideración como no sea el uniforme que los distingue como trabajadores gratuitos. Se les ve sentados, con caras cansadas, esperando sus turnos, a veces parados porque no hay sillas. No he visto que se les de agua. Si de las autoridades del trabajo, que permitían la labor de niños hasta de tres años en las playas y en el campo, no se podía esperar nada en los pasados sexenios, ¿donde estaban el Instituto Nacional de Personas Adultas Mayores (INAPAM) y a nivel internacional, la Organización Internacional del Trabajo (OIT)?

LAS TIENDAS DEBEN PAGAR EMPACADO Y CUBRIR PAGOS A ADULTOS MAYORES
El diario la Jornada informaba en mayo pasado, de 28 mil ancianos laborando en el empacado en la Ciudad de México. Pero el sistema se aplica en todo el país. En reportajes y entrevistas muchos ancianos se muestran agradecidos por lo que ellos llaman un nuevo trabajo y en su comportamiento como lo hacen cajeras y otros empleados, defienden a las empresas. Es una especie de Síndrome de Estocolmo totonaco del atrapado, secuestrado en una situación. Las tiendas están obligadas a dar la mercancía envuelta, pero en ese mecanismo del empacador gratuito, también la lleva el cliente en muchos casos otro anciano o un jubilado que tienen que pagar el servicio. Cuando se menciona el caso de estos trabajadores, pocas veces se señala esta situación. Las cámaras de comercio y empresariales pasan de largo la ilegalidad de tener trabajadores gratuitos, porque éstos les han ahorrado millones anuales con su actividad de envoltura. La justificación entre el gobierno y esos entes privados, ha sido que se da empleo a un sector por lo general marginado.

SÍNDROME DE DEPENDENCIA EMOCIONAL EN ADULTOS MAYORES
Estocolmo la capital de Suecia es un caso extraordinario por su nombre, en la historia de las ciudades. Alrededor de cien formas tiene de ser nombrado en el mundo. De Estocolmo surgió el famoso síndrome en 1973 cuando el psiquiatra Nils Bejerot lo definió a partir de la dependencia emocional de unos secuestrados por su secuestrador. El psiquiatra lo considera un efecto postraumático y lo pueden sufrir las personas más desvalidas que han sufrido agresiones en sus familias, su parejas o están prisioneros o secuestrados. Se pliegan a su propio agresor al que suelen defender y es muy común ese caso en mujeres golpeadas en México que defienden al marido golpeador. Hay analistas que remontan ese síndrome a una famosa novela realista catalana La Puñalada (la Punyalda), escrita en 1903 por el catalán Marián Vayreda, por la dependencia que tenía Albert, un joven habitante de la montaña (la Garrotxa en Cataluña), de su agresor Ivo Esparver un forajido. Es una narración en la que surge la disputa por una joven Corali, mujer de Albert, que es plagiada por Esparver y que está signada por la violencia y la ignorancia de los habitantes del entorno, que son agredidos permanentemente por maleantes. La novela fue publicada en fascículos y se ha reeditado innumerables veces como una excelente expresión del tema. La editorial Funambulista la publicó en 2013. En el caso que nos ocupa, el de los adultos mayores, parece que no ha habido ningún interés especial en detectar cualquier tipo especial de problema de salud en ese sector. Algunos tienen pensión y se atienden en sus instituciones, pero se ignora si las tiendas que los utilizan tiene a disposición un sistema de salud, medicamentos y apoyo médico para atenderlos. El nuevo gobierno tendrá que ver la situación laboral de estas personas y a través de INAPAM detectar su estado.