Libros de ayer y hoy
Hoy vengo a contarles una experiencia de la vida cotidiana y que creo que a más de una persona le puede suceder, ya sea en la calle, con su familia, y no sentirse limitado como yo así me sentí ese día, sin más preámbulos, comenzaré a relatarles la historia.
Un día asistí a Morelia a la Ciudad Universitaria de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, ya que ese día era muy especial para mí; iba a recoger mi título de psicólogo. Sin contratiempos asistí a la cita, salí con un gusto porque ese título era no solo el resultado de mi esfuerzo, de mi familia, sino que ese título me había costado mucho porque fue titularme por un modo de titulación más complejo donde dependía mi trabajo no solo de mí, sino que era esperar el resultado de una revista científica que me aprobara un trabajo psicológico que realicé por más de 4 años y que ese día conseguía esa victoria profesional.
Salí de Ciudad Universitaria caminando con rumbo al centro histórico de Morelia, me pasé por el centro, compré algunas cosas y me dispuse a subir a una combi que me llevara a la central camionera para regresarme a mi hogar y aquí viene un suceso que ese día me cambió. 4 paradas después se subió una mujer de aproximadamente unos 45 años, poco después de que se subió, empezó a mover las manos y a hacer ruidos con la boca. Los que íbamos en el transporte público le empezamos a preguntar qué era lo que nos quería decir; no se le pudo apoyar, ya que nadie le entendíamos, hasta que subió una joven estudiante que ella sí sabía el lenguaje de señas y pudimos saber por ella que la señora ocupa ayuda para llegar a la central camionera porque iba para Apatzingán, pero no sabía cómo llegar a la central camionera.
Nos comentó la joven que la señora había ido a Morelia acompañada de una tía a ver a uno de sus familiares que se encontraba en el hospital de Charo, pero que se tenía que regresar a su casa porque le habían surgido unos problemas y su tía desafortunadamente, no se pudo regresar con ella porque tenía unos asuntos que atender en Morelia y cuidar a ese familiar hospitalizado. Ya con esa información le indiqué que yo iba a la central, que yo la podía ayudar, y así fue, acompañé a la señora hasta comprar su boleto, les indiqué a los encargados del autobús que la señora se comunicaba con lengua de señas, por si ella ocupara otra cosa durante su viaje pudieran ayudarla. Me despedí de la señora y me fui a tomar mi autobús.
En el trayecto venía pensando en esta situación que estoy seguro que se vive todos los días en algún lugar de nuestro país y que considero que deberíamos no solo preocuparnos por aprender bien el lenguaje hablado del español, sino que deberíamos aprender a hablar el lenguaje de señas, porque se siente impotente no poder comunicarse con una persona, no poderla ayudar a esta persona, malinterpretar lo que ocupa y sobre todo pensar erróneamente que nunca vamos a ocupar ese lenguaje. Considero que nos falta que la Lengua de Señas Mexicana sea una materia que se incluya en las escuelas mexicanas, ya que no solo es importante saber inglés, sino que en México según datos del INEGI se estima que hay más de 2.3 millones de personas que tienen una limitación o pérdida de la audición y se estima que de 87 mil a 100 mil personas utilizan el lenguaje de señas mexicanas (LSM).
Si vemos las estadísticas, hay un abismo de comunicación entre las personas que tienen esta limitación auditiva y las personas que dominan y utilizan este lenguaje. Por eso es necesario no solo celebrar un 10 de junio como el Día Nacional de la Lengua de Señas Mexicana reconocida como lengua nacional desde el año 2005 o celebrar este 23 de septiembre como el Día Internacional de las Lenguas de Señas proclamado por la Organización Naciones Unidas en 2017. Las dos fechas tiene como objetivo:
A pesar de que se han hecho esfuerzos por tener una escuela incluyente, lugares de trabaja incluyentes donde no solo se contrata a las personas sino se adecua su área de trabajo, en el área hotelera y lugres turísticos cuentan con un intérprete de lengua de señas no se ha podido generalizar este lenguaje a toda la población, debemos de cambiar esto, ya que lo aprendemos más por necesidad que por ganas ya que lo aprendemos por que algún familiar cercano para poder comunicarse con él.
Ahorra desde la parte de la persona con sordera puede sufrir:
Hay que dar más importancia a aprender la lengua de señas mexicanas para poder vivir en un país más igualitario, aprender el lenguaje braille, alguna lengua indígena para vivir en un país más unido, donde todos nos comuniquemos como hermanos. Me despido con la frase de Helen Adams Keller que dice “Entre no ver y no oír, sin ninguna duda es mucho peor no oír, pues no ver te incomunica con los objetos, pero no oír te incomunica con las personas”. Hasta la próxima.




