Al derecho y al revés
Las Mesas, municipio de Charo, es un espacio que se ubica en la parte alta de la zona montañosa de aquella región de Charo; cuando se va subiendo para la comunidad de las Mesas, a hace a través de un camino angosto, donde se sabe que en alguna ocasión hubo asfalto, hoy la misma luce sin mantenimiento, deteriorada y pidiendo a gritos ser reparada.
Las mesas se erigen como vigía a la parte alta de las montañas, desde ahí se puede atisbar la gran ciudad de Morelia; Las Mesas es una comunidad rodeada por una zona boscosa que cuida de la la población y por tanto de la vida, así es, de la vida, de los humanos, de los animales y de las plantas y árboles. Las Mesas es un lugar donde se puede respirar aire fresco, donde se vive en tranquilidad y donde también la Posmodernidad llegó.
Antes de llegar a las Mesas, existe una presa, pequeña, pero que da cuerpo y marco al escarpado lugar, más adelante, observamos espacios agrestes, para al momento de entrar a la población ver de manera extraordinaria los guardianes de las Mesas, los Pinos, que arrojan sus aromas y su majestuosidad para recibir a propios y extraños.
En las Mesas encuentras todo tipo de productos para el consumo, de esos productos que en nada benefician al cuerpo y que si son en mucho culpables de ser México un país de niños y niñas obsesas. Si bien, infinidad de ocasiones pase por el entronque para conocer las Mesas, lo cierto es que nunca lo hice, pese a tener amigos en Jaripeo, una población anterior a llegar a esta comunidad, nunca imagine la belleza, o la estética de este lugar. Hoy la conocí y disfrute de una tarde de generosidad que me brindo la vida, aquí en las Mesas.
Mi presencia en las Mesas obedeció a trabajar temas relacionados con la violencia que viven los niños y niñas es espacios escolares y que constituye un riesgo para éstos, por lo vulnerable que son. La violencia si bien se genera en la escuela, no se aprende necesariamente ahí, es decir, la violencia se aprende en la casa, en la familia, viendo las dinámicas sociales en las que se inserta la familia en los espacios tanto privados como públicos.
En las Mesas se tienen asegurada la educación básica, existe un espacio para la educación preescolar, la educación primaria y la telesecundaria. Seguir los estudios en la comunidad es imposible, hay que ir a otros lugares para acceder a la educación media superior, al Cecytem para ser precisos.
Los niños y las niñas al fin inocentes se han impregnado de las cuestiones del mercado, han visto la televisión y los programas que generan y presentan mucha violencia, ellos aun alejados vivirán cuestiones de hedonismo, de narcisismo y lucharan por el lujo y el éxito, y en ello seguirán fortaleciendo los valores individuales y no colectivo que en estos tiempos son de tanta necesidad.
Los niños y niñas ahora, sin saberlo, ejercen mecanismos de opresión, es decir, mecanismos de violencia y sometimiento sobre el cuerpo de otros niños, en ocasiones haciéndoles daño físico, con los impactos mentales o secuelas psicológicas. Tuve la oportunidad de trabajar con niños y niñas en la escuela, trabaje sobre los derechos y obligaciones de éstos, trabajamos también los contenidos del Bullying o acoso escolar que están viviendo y como desterrarlo a través de mecanismos de dialogo, de tolerancia, de resolver sus problemas en equidad, en términos de convivencia para la paz social. Entregamos materiales para ser desarrollados en la intimidad de sus hogares y en el trabajo con sus padres y hermanos. Todas estas acciones las realizamos bajo el permanente acompañamiento de los profesores.
Más tarde trabajamos con los padres y madres de familia; con ellos encuadramos el modelo de cohesión social, el recuperar las condiciones de vida a partir de reconocer la confianza entre los miembros de la familia, fomentar la cohesión social, seguir trabajando en el ejemplo de los valores y los principios, pero sobre todo de las virtudes sociales; concluimos con la reflexión de la importancia de la convivencia social.
Así, en una tarde fresca, y en compañía de los niños, las niñas, sus padres de familia y los maestros, así como de Jaime Díaz de León, nos retiramos de la comunidad, con los acuerdos de trabajar a partir del próximo ciclo escolar, es decir en agosto, y con un programa de trabajo holístico y sistémico, que nos dé la oportunidad de construir una comunidad libre de violencia entre los niños, y entre las niñas y entre ellos.




