Némesis
Antonio Guterrez, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha sido muy directo respecto a que el mundo vivirá un “invierno de descontento mundial”. Sin embargo, se ha quedado corto a la luz de los actuales conflictos globales que aquejan al mundo.
Guterrez detalló que se vive la tormenta perfecta, conformada por crisis financieras, de hambruna, climas extremos derivado del calentamiento global, así como incertidumbre en la paz mundial. Se ha quedado corto, porque habría que agregar la expansión del populismo y la crisis global por el tráfico de drogas sintéticas que resquebraja a sociedades completas.
En la apertura de la 77 Asamblea General de líderes del mundo, de la ONU, el portugués fue muy diplomático en su mensaje inaugural de las sesiones, y con el uso de magistrales metáforas fue contundente y claro respecto a las principales amenazas que nos aquejan.
Lo peor, empero, no es el diagnóstico, sino el hecho de que la alarma que ha lanzado se topa con un muro de hielo fortalecido desde diversos frentes internacionales, que son la verdadera preocupación. Guterrez describió con todas sus letras un mundo “disfuncional”.
Por un lado está la indolencia con que actúan importantes lideres mundiales que apuestan por el fortalecimiento de los nacionalismos extremos y el fortalecimiento de bloques; del otro se encuentran los resultados mínimos para contener las principales crisis globales, como la inflación mundial derivada, entre otros factores, de la pandemia de COVID 19; sin dejar de lado la tensión creciente en Europa por la amenaza bélica del líder soviético Vladimir Putin, quien ha incorporado en su discurso intimidatorio la amenaza del uso de armas nucleares.
El pasado 21 de septiembre la Reserva Federal de Estados Unidos sorprendió con un importante incremento en las tasas de interés de referencia. Las aumentó en 0.75 puntos base, en un intento por frenar la inflación en ese país y por tanto alentar una tendencia similar con sus socios comerciales.
Especialistas de las principales casas financieras de Estados Unidos dan por hecho que, de haber resultado por las acciones conjuntas de los gobiernos, será hasta el 2024 cuando comience a observarse una reducción de la inflación.
La meta es volver a tasas promedio de 2%, frente a las actuales de 8.5 y 8.8 que prevalecen en promedio Estados Unidos y en la eurozona, respectivamente. El reto es mayúsculo.
Mientras tanto, el alto costo del dinero, sobre todo para empresarios y gobiernos se traducirá en más desempleo, baja de producción, crecimiento de inventarios y cierre de empresas.
A nivel micro, las altas tasas de interés significará para la mayoría de la población crecimiento de sus deudas, sobre todo en tarjetas de crédito; bajo poder adquisitivo por los elevados precios de tarifas más caras en productos y servicios básicos como luz y gas.
Una baja de inflación a nivel mundial está relacionada con el fin de la guerra de Rusia contra Ucrania, lo cual no se ve que ocurra proto, por el contrario, Vladimir Putin ha anunciado la incorporación de 300 mil militares más a sus fuerzas de ataque, además amenaza usar armas nucleares si algún país de la OTAN agrede a Rusia. Solo esto hace lejana una solución al problema inflacionario.
Los cierres de actividades en China, derivado del resurgimiento de COVID 19, aunado a los problemas que persisten en la cadena de suministros a nivel mundial por los efectos de COVID 19, a lo que se agrega la crisis por un deficiente acceso a fertilizantes para producir granos básicos, seguirán impactando negativamente en el control de la inflación mundial.
No solo eso, sino que las economías de las naciones se deterioran aceleradamente por los efectos del cambio climático. Se trata de una cadena de efectos secundarios que no tiene fin. Veamos.
Por un lado, los climas extremos ocasionados por el cambio climático provocan incendios devastadores y altas temperaturas en diversas regiones del mundo, lo que ha provocado que, en Europa, por ejemplo, el costo del uso del aire acondicionado sea prohibitivo.
Es un círculo vicioso: En Europa a las altas temperaturas surge el problema de los precios exorbitantes de los combustibles para generar energía necesaria para el uso de aires acondicionados que aminoren los efectos del calor.
El alza de precios de la energía se debe a su vez al cierre de ductos de gas para la generación de electricidad que llevó a cabo Rusia como represalia a las naciones que le criticaron la invasión a Ucrania. La dependencia del gas ruso en naciones europeas suma al “invierno de descontento” del que habla Guterrez.
Este clima exacerbado está dando pie al resurgimiento de liderazgos populistas en extremo, que tratan de capitalizar este descontento social con propuestas radicales, llamativas, sorprendentes, pero poco efectivas para paliar de fondo la crisis mundial.
En las próximas elecciones en Estados Unidos se espera un crecimiento de la fuerza de los Republicanos ante un gobierno de pocos resultados encabezado por el demócrata Joe Bien: en Italia la fuerza política hermanos de Italia se acerca a un triunfo importante como fuerza de extrema derecha.
El secretario general de la ONU, en su mensaje al mundo, lo describe y advierte de esta manera.
No nos hagamos ilusiones.
Estamos en mares agitados.
Un invierno de descontento global está en el horizonte.
Se avecina una crisis del costo de la vida.
La confianza se está desmoronando.
Las desigualdades están explotando.
Nuestro planeta se está quemando.
La gente está sufriendo, y los más vulnerables son los que más sufren.
La Carta de las Naciones Unidas y los ideales que representa están en peligro.
Tenemos el deber de actuar.
El aviso está ahí. La respuesta es lo que apremia.