De frente y de perfil
En palabras simples, fuertes y poderosas, la soberanía es “el poder del pueblo”. Y nuestra presidenta, la doctora, Claudia Sheinbaum Pardo, como máxima representante del Estado mexicano, nos enseña que el poder se ejerce bajo el principio de mandar obedeciendo.
He dicho esto en diversas asambleas en defensa de la transformación, y también he manifestado —y creo firmemente— que la soberanía también significa defender nuestro territorio, nuestros cultivos, nuestras raíces y nuestras identidades.
Para quienes nacimos y crecimos entre la tierra, el maíz y otros cultivos, sabemos lo que representa cuidar, proteger y defender nuestro medio ambiente de las garras de quienes talan, cazan, queman y extorsionan.
Si bien es cierto que el aguacate merece una columna independiente, también es una realidad que, aunque es uno de los principales cultivos de exportación y genera importantes ingresos para el estado, debemos mirar lo que está pasando con nuestros bosques y cerros antes de que los exterminen por completo.
En ese sentido, es fundamental que nos planteemos: ¿qué significa la soberanía para Michoacán?
Desde quienes cultivan maíz de temporal, avena y papa, hasta quienes producen berries, aguacate y muchos frutos más, esta pregunta tiene mayor sentido porque conlleva la defensa de nuestras tierras frente a quienes intentan despojarnos, extorsionarnos o incluso quitarnos la vida.
Hay una similitud crucial entre quienes producen y quienes defienden el bosque: ambos buscan proteger un patrimonio y ambos buscan seguridad para seguir con sus trabajos.
Siendo sincera, me la he pensado para hablar de este tema, pero es importante, porque en las asambleas a las que he asistido, muchas personas se acercan al final y, en secreto, me piden que volteemos a ver los bosques. Hay verdaderos ambientalistas dando su vida para darnos alimentos, aire limpio y, sobre todo, soberanía y libertad.
Ahora bien, ¿cuál es la relación entre la tierra y la soberanía?
Todo.
Queremos un Michoacán en el que los productores, campesinos y agricultores en general se sientan seguros para seguir trabajando la tierra, pero también conscientes de que no podemos producir a costa de destruir el territorio que nos sostiene. Debemos mantener un equilibrio ambiental, proteger nuestros bosques, cuidar el agua y garantizar las condiciones que permitan que la tierra siga produciendo.
Concluyo con una frase: “La naturaleza es grande y el hombre pequeño”. Esa es la mentalidad de muchas personas ambientalistas, cuya lucha es por nuestra Madre Tierra más que por cosas materiales y pasajeras.
Por eso, también hago la siguiente reflexión:
Andrés Manuel López Obrador sembró una semilla de maíz.
De esa semilla nació una mata con dos elotes.
De ahí sembramos las semillas y nos alcanzó para unos surcos.
De esos surcos salieron más semillas y ahora somos más que una milpa.
Somos la regeneración de aquellas personas luchadoras que buscan un bienestar para Michoacán y para México.
Por eso, desde nuestro estado, hoy más que nunca debemos defender nuestra soberanía.
Porque la soberanía no solamente se defiende en un discurso. También se siembra, se trabaja y se cuida todos los días. Porque defender nuestro territorio es defender a Michoacán.




