Descomplicado
La presidenta Sheinbaum dijo que la (nueva) solicitud de licencia de Rocha Moya al gobierno de Sinaloa era “lo mejor”, la mejor salida para el estado, después de la crisis política generada en aquella entidad, misma que en su capítulo más reciente estremeció al país entre el viernes y sábado de la semana pasada.
No, señora Sheinbaum. De ninguna manera. Porque la mejor salida inmediata, la mejor solución, para Sinaloa y el país, es la detención de Rocha Moya por parte de la Fiscalía General de la República para que sea juzgado por instancias mexicanas y que a la vez se asuma la solicitud de extradición emitida por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos por cargos como el de protección a los cárteles delictivos para ganar las elecciones del 2021 a cambio de protección para la producción y exportación de fentanilo hacia ese país.
Lo sucedido en estos días es de gran importancia y trascendencia para todo México. No es para un mero registro anecdotario de la picaresca política mexicana. Revela una crisis –que no ruptura- en el interior del obradorismo, entre el jefe máximo originario de Tabasco y la encargada del ejecutivo federal, que momentáneamente se “resolvió” en favor de esta última.
Es una crisis que evidencia muchas cosas a la vez. Deja claro que el gobierno de Morena está coludido con la delincuencia, aunque no lo reconozcan expresamente cuando le reclaman al sinaloense que fue indebido su efímero regreso al gobierno porque hay carpetas de investigación abiertas en la FGR; a pesar de que después de más de 3 meses, el gobierno mexicano venía negando la existencia de los delitos señalados por Estados Unidos.
Junto con ello se pone de manifiesto que el discurso oficialista del soberanismo nacional es mera retórica, un recurso para aglutinar al obradorismo porque en los hechos Sheinbaum termina doblándose ante las presiones y amenazas del “imperio”. No nos engañemos: Rocha sale de nuevo del gobierno porque lo exigió EU.
Si ya desde el sexenio de López Obrador quedó clara la existencia de un narcorégimen que edificó un narcosistema del que Sheinbaum ha sido y es parte activa y militante, ahora la degradación nacional ha llegado a niveles que ponen en riesgo a México; ello, por el afán de proteger al “jefe máximo", a la “familia real” y a sus correligionarios legisladores, dirigentes y funcionarios públicos de Morena porque su defensa es vital para el narcosistema. Sólo que no contaban con el “factor USA”, que ahora los tiene al borde del abismo.
La realidad es que Rocha Moya ya es un “fusible quemado”, inservible. Se ha convertido en algo desechable y el sinaloense ya está conociendo otra parte del comportamiento del “Peje”: que con tal de salvar “su prestigio” y proteger a sus hijos es capaz de sacrificar a sus otrora incondicionales.
A Rocha ya se le acabó el corrido. Es cosa de días para que lo aprehendan, antes de que –como luego llega a ocurrir- lo vayan a ultimar quizás los cárteles de su estado o de que aparezca como víctima de alguna “causa médica”, para convenientemente evitar su extradición tras la cual podría cantar todo lo que sabe ante las cortes gringas.
¿Qué sigue y quién o quiénes seguirán como actores en esa tragedia de la falsa ilusión de “la cuarta transformación” de la vida pública de México? ¿Villarreal, Durazo, Bedolla, Delgado o Adán Augusto? Pronto lo sabremos.
Pero seguramente en cosa de días se presentarán nuevos acontecimientos que quizá provoquen más que “una gripe” en Palacio Nacional y más allá, en Palenque. La crisis provocada por ellos mismos seguramente se profundizará.




