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Foto: Archivo

La fe y su potencia social/Mateo Calvillo Paz

 
| 16 de septiembre de 2017 | 17:39
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La fe de Cristo que no se vuelve compartir con el que sufre es moneda falsa. La fe tiene una  potencia tremenda para transformar el dolor  de los pobres.

 

Es triste y dolorosa la suerte de los hermanos que sufren las consecuencias del sismo en Oaxaca y Chiapas. Ya traen una historia de pobreza y marginación, abandonados de la clase política y financiera. En su desamparo sólo reciben palabras vanas en tono patético.

Hay energías sanas que debemos  activar para levantarnos de las situaciones más difíciles cuando golpea la naturaleza o una sociedad egoísta e insensible.

 

Así es la fe de Cristo, confianza total en Dios. Quien la reduce a prácticas y rezos la mutila y la desnaturaliza. La fe es compromiso fraternal y social y tiene una energía tremenda para transformar el sufrimiento de los pobres en una sociedad insensible, moralmente miserable, egoísta, mezquina.

Un ejemplo de fe es el buen samaritano de la parábola que deja todo para auxiliar al hermano caído en desgracia, se trataba de un extranjero, un emigrante tal vez.

 

Ahora quienes están caídos son los hermanos que sufrieron el sismo en Oaxaca y Chiapas. Si los consideramos con empatía, sentiremos su indecible y profundo dolor de haberlo perdido todo, hasta la salud y la vida de los familiares.

No perdieron grandes bienes materiales porque eran muy pobres, pero lo perdieron todo.

Los enemigos de Dios argumentan contra él, les parece injusto el castigo a los pobres. No es castigo, Dios no es injusto, los injustos son los hombres que sacrifican al pobre en sus negocios. Los gobernantes les niegan medicinas y servicios a cambio de circo. ¿A cuántos enfermos se puede atender con los millones que se paga a los Tigres del Norte?

Dios no es injusto porque los pobres irán por delante en el Reino de los cielos y los ricos ambiciosos tendrán cerrada la puerta de la gloria y la felicidad.

 

No basta con hacer campañas publicitarias y hacer que participen los demás abriendo cuentas bancarias. Así lo hicieron los senadores que no dijeron cuánto daban de sus sueldazos injustos y escandalosos.

Ni basta dar migajas que más bien les hacen publicidad a sus empresas. Con eso no se resuelve el problema de injusticia y desigualdad social. Así lo hacen las fundaciones que dan un peso o más por cada peso que otros depositen. ¿Qué significa un peso para ellos y qué significa un peso para los pobres que no acabalan para comer.

Hay que dar amor, más allá de las retóricas cursis y de “labios para fuera” y el tono melodramático. Sólo en el amor es posible la compasión y empatía (“sufrir con” en latín y en griego), ponerse en el lugar del hermano que sufre, hacerlo otro yo.

Hay que ser capaces de quitarse el bocado de la boca, dar de lo que tenemos para vivir.

 

México es un pueblo católico,  debe mostrar su fe con hechos. Deben desbordarse sus habitantes para ir en auxilio de más de un millón de hermanos que sufren la desgracia por el temblor.

Hay que ir a contracorriente de una sociedad donde el individuo está centrado en sí mismo y cerrado a los demás en la vida cotidiana. Hay que romper orugas horrorosas para liberar el vuelo de la crisálida.

Se necesita una gran manifestación de fe que supone la libertad omnímoda, la total disponibilidad de sí mismo y de sus bienes para entregar su vida y desprenderse de lo material cuántas veces superfluo, innecesario ante las privaciones de los hermanos siniestrados.

Es aquí donde la fe católica debe movilizar sus multitudes de hijos, no sólo en las romerías religiosas fervientes.

Es el mandamiento de Cristo: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hacerlo es un pecado muy grave de omisión. Quien peca cuando se presente ante el tribunal de Dios escuchará la sentencia: apártate de mi maldito porque tuve duelo, hambre, estuve sin techo y herido y no me socorriste.

 

El bien hecho a los hermanos hace al hombre libre, con una  apasionante libertad. Lo hace grande y excelente persona no como quienes se ensalzan a sí mismos presumiendo sin cesar más sus fantasías que sus logros.

Mateo Calvillo Paz / Quadratín
Mateo Calvillo Paz / Quadratín

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