Esencia de mujer
El país atraviesa transformaciones económicas que requieren una observación cuidadosa. Con proyecciones más definidas y programas de largo alcance, resulta fundamental reconocer la secuencia de hechos que está modificando nuestro entorno productivo: desde el uso estratégico de los recursos naturales hasta la expansión del potencial industrial que México ha demostrado a través de la calidad que coloca en los mercados internacionales. Esta dinámica obedece, en buena medida, a una instrucción inmediata que no solo estableció prioridades, sino que asignó responsabilidades estratégicas para acelerar los resultados. Conforme esas tareas avanzan, hemos visto cómo la confianza vuelve a ocupar un lugar central en la discusión pública: inversionistas extranjeros están mirando nuevamente hacia nuestro territorio con un interés creciente. Este fenómeno se ha convertido en un punto clave de la agenda nacional, especialmente ahora que el país vive una reconfiguración profunda orientada a transformar las áreas de oportunidad en ventajas reales que, con el tiempo, eleven la calidad de vida de miles de familias.
Para ello, obviamente, se reforzó la relación diplomática y los lazos de amistad. De hecho, eso ha permitido que la dinámica de inversión fluya porque hay enormes ventajas que propician ese dinamismo de inversión. Inclusive, debemos decir que todo eso, ahora que el Plan México es uno de nuestros grandes ejes y pilares, es lo que ha mostrado señales de despegue y una cadena de anuncios que conseguimos presumir son de gran envergadura. Eso, que podemos resumirlo en aspirar a más, nos ha catapultado a otras latitudes ahora que hay mecanismos de evaluación que miden ese desempeño. Podrían considerarse las cifras que han salido a la luz pública y que, como tal, evidencian que hemos alcanzado datos históricos en inversiones extranjeras. Eso, de suma relevancia, coadyuva para que se le inyecte al país capital y, por ende, para que los recursos tecnológicos y los instrumentos innovadores se adapten a las necesidades.
Y con esas buenas intenciones que siempre existen de elevar nuestro nivel y competitividad dados los entornos globales a los que hay que adaptarse, podemos decir que atravesamos uno de los mejores momentos de nuestra estructura económica. Lo que más ha sobresalido, al menos en esta semana, fue el acuerdo de colaboración que se pondrá en marcha de parte de General Motors. El monto total de la inversión, en definitiva, habla de la capacidad de la que comentamos hace poco. Serán mil millones de dólares los que pondrá en operación para edificar un complejo manufacturero que, en sí, podemos puntualizar en la ensambladora que alcanzará una capacidad de 80,000 unidades por año.
Con esa capacidad y esos montos millonarios que se moverán, evidentemente, México da un paso importante. Se nota la mano, pero también el oficio en uno de los proyectos más ambiciosos de los tiempos contemporáneos. Y si a esas vamos, asimismo hay que destacar el papel del secretario de Economía, que ha entablado puentes con Asia para jalar y captar las inversiones a México y, con ello, hacer exitoso el esquema de desafíos que se trazó. Siendo así, hay un mensaje profundo que no debemos perder de vista. Uno de esos rasgos, que siempre ha insistido, es la perseverancia, especialmente por las expectativas que se han depositado. De hecho, estamos en presencia de una oleada más avanzada que, a la postre, traerá más certidumbre, principalmente por el número sustancial en la generación de fuentes de empleo que, desde luego, propician el progreso.
Por último, debemos recalcar la importancia de fortalecer nuestras relaciones diplomáticas con el oficio y la seriedad que exige. La diplomacia económica —esa que se construye con diálogo y visión— está dando rendimientos visibles. Asia, por ejemplo, ha fijado la mirada hacia México, especialmente ahora con la inversión millonaria que General Motors pondrá en operación muy pronto. Cada vez que un anuncio de esta magnitud sale a la luz pública, pensamos inevitablemente en las miles de familias que se verán beneficiadas cuando estos proyectos se integren a las cadenas globales de producción en las que México participa de manera activa y dinámica.
Este escenario no es casualidad: responde a políticas públicas que impulsan tecnología, innovación y rentabilidad. En pocas palabras, Asia representa una oportunidad inmensa que México no está dispuesto a desaprovechar, sobre todo ahora que el Plan México —una de las plataformas más sólidas de los últimos años— sigue avanzando con expectativas altas y resultados tangibles.
Notas finales
En los distintos órdenes de gobierno, cuando se alcanza la cima del poder, llegan momentos de gran lucidez. Pero, de igual forma, brota un fenómeno que no podemos soslayar. Me refiero a que, con frecuencia, las administraciones sufren una metamorfosis: desatienden las inquietudes de la sociedad y, por ende, dejan de mirar lo que acontece en su entorno.
Muchos de ellos, incluso, olvidan que el vehículo que los llevó al cargo fue un proyecto integral que contempló el apoyo de una estructura territorial y operativa que, tras bambalinas, realizó una labor crucial. Hoy, desafortunadamente, hay presidentes municipales que se han desconectado de esa realidad.
Esa desconexión, por añadidura, se traslada a áreas que forman parte de su columna vertebral. Es sencillo: no contestan llamadas ni mensajes para atender situaciones que siempre pueden mejorar si existe voluntad. El problema es que, de un tiempo para acá, alcaldes como el de Maravatío han tenido un desgaste evidente porque han dejado de ser un gobierno cien por ciento ciudadano. Han perdido el piso.
Eso puede corregirse, sobre todo cuando hay voluntad y ganas de servir bajo los preceptos que dicen abanderar en la transformación.




